Voz experta: Una visión STEM humanista
Las ahora llamadas carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) han sido fundamentales para el desarrollo de los países.
Al respecto y para Costa Rica, sin demeritar otras instituciones, durante 85 años la labor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Costa Rica (FI-UCR) es un pilar de la visión, ingenio, investigación e innovación ajustada a un compromiso con la ciencia y con el humanismo.
Construida primero como una pequeña comunidad profesional con el inicio de la UCR, la FI-UCR comenzó a crecer a partir de un 7 de marzo de 1941 cuando se ofreció su primera clase.
En su camino, esa comunidad creció como harina con levadura para convertirse hoy en día en una compleja parte de la UCR, la cual alberga nueve escuelas, un instituto de investigación, un laboratorio nacional, dos doctorados, ocho programas de posgrado, dos revistas académicas y ocho centros de investigación afines a la Facultad.
A través de las décadas, su infraestructura se quedó corta ante dicho crecimiento, pero hoy cuenta con un moderno complejo de tres edificaciones que constituyen la FI-UCR (aulas, laboratorios, miniauditorios, y oficinas administrativas), además de las instalaciones propias con que cuentan las escuelas de Arquitectura, Ciencias de la Computación e Informática, y el Instituto de Investigaciones en Ingeniería.
Esta es la única facultad de la UCR en donde todas sus carreras están acreditadas: las siete carreras de ingeniería cuentan con el sello de calidad de la Agencia de Acreditación de Programas de Ingeniería y Arquitectura (Aapia), del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA), que además tiene el reconocimiento internacional del acuerdo de Washington; por su parte, la carrera de Arquitectura está acreditada por la Acreditadora Nacional de Programas de Arquitectura y Disciplinas del Espacio Habitable (Anpadeh), de México, con reconocimiento de Aapia-CFIA; y la carrera de Computación e Informática está acreditada por el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (Sinaes).
Sus dinámicas áreas de investigación incluyen la ingeniería aeroespacial, la inteligencia artificial, la robótica, los nuevos materiales, el cambio climático, y la sostenibilidad, así como el manejo de recursos hídricos, pero cada año crecen los intereses investigativos de forma que no hay fronteras que los detengan.
Y, una vez estereotipadas como "carreras para hombres", en los últimos lustros las autoridades universitarias y de la Facultad han creado mella en las niñas y jóvenes de forma tal, que ha venido incrementándose la presencia de mujeres y hoy se integran cada vez más estudiantes, profesoras e investigadoras; sin embargo, las mismas autoridades universitarias tienen claro lo insuficiente que han sido esos esfuerzos, y que se debe continuar allanando el camino para que cada vez más mujeres se unan al estudio y la investigación de la ingeniería.
Pero la FI-UCR no ha sido solo un espacio para la ciencia, la técnica, la matemática y la física aplicada, sino también un ente de transformación social con una tremenda vocación humanista.
Desde siempre, la formación en las carreras de Ingeniería, Arquitectura y Computación de la UCR no han descuidado la relación entre la técnica, la tecnología y el progreso.
Por eso, desde la década de 1970, las personas estudiantes de la FI-UCR se han involucrado activamente en procesos universitarios para darle modernidad a la Universidad, así como combatir las desigualdades y propulsar el valor del estudio para producir una mejor patria.
El Ing. Rodrigo Orozco lo resumió así en 1971, al propugnar por una reforma para consolidar una “gran universidad”.
“La expansión de los servicios universitarios debe reflejarse en un mayor número de servicios de extensión, y en poner la investigación al servicio del desarrollo nacional. Democratizar la enseñanza, por su parte, requiere un cambio fundamental de actitudes para que la Universidad ponga al alcance de las clases económicamente débiles, que en último análisis son las que están soportando su costo, los beneficios de la enseñanza superior”, apuntó Rodrigo.
En 1974, en sus labores como decano de la FI-UCR, Orozco ya apostaba por la producción de un “humanismo científico”, con el cual se impulsaría la formación de un profesional “que trate situaciones reales, defina problemas, y proponga y realice soluciones”.
A finales de la década de 1970, Orozco subrayó que las personas ingenieras tenían una consciencia cada vez más clara sobre su deber social, por lo cual “la enseñanza de nuestra disciplina procura resaltar la sensibilidad social del estudiante y su interés por los problemas nacionales, mediante la realización de mesas redondas, charlas y reuniones para discutir algún tema de actualidad”.
En 1982, al conmemorar 42 años de creación de la FI-UCR, el decano Rodolfo Herrera volvió a destacar que, desde sus inicios, la Facultad había tenido un vínculo directo con las necesidades del país.
Y muchos años después, al final del siglo XX, el decano Fernando Silesky insistió en que la FI-UCR formaba “ingenieros humanistas”, y que eso les daba una educación que les permitía destacar en el mercado laboral.
Esa visión social, humanista y transformadora sigue vigente y reforzada en la FI-UCR, en donde no se forman tecnócratas, sino profesionales integrales con conciencia crítica, social y ambiental, que se egresan y contribuyen al crecimiento del país desde un ejercicio laboral íntegro, de calidad y con responsabilidad social.
Por todo lo reseñado, la FI-UCR puede considerarse baluarte de la Universidad y del país en aspectos de innovación, pero también como agente de transformación social e institucional. Al conmemorar 85 años, esta Facultad se encuentra más activa que nunca, alerta frente a los cambios internacionales y nacionales, y deseosa de enfrentar su presente y su futuro para bien de la Universidad y del país.
Todo eso gracias a unas raíces históricas de las cuales no se aparta, ni deja de regar con el agua de la eterna juventud. En esa vía, en su sesión ordinaria N.º 140, celebrada el 13 de noviembre del 2025, el Consejo de Área de Ingeniería, con la aprobación previa de la Asamblea de la Facultad de Ingeniería, acordó solicitar al Consejo Universitario una modificación para pasar de llamarse Facultad de Ingeniería, y ser renombrada como Facultad de Ingeniería y Arquitectura, y de esta forma enfatizar tanto la diferencia como la relación entre las disciplinas, con el objetivo de mantener su cohesión como una unidad.
Las ingenierías, la computación y la arquitectura constituyen el camino donde se encuentran la innovación y la transformación, y donde convergen la mente humana y el conocimiento técnico, lo cual hace que se hayan convertido en disciplinas multidimensionales.
En términos de formación, las ingenierías serán definidas en el futuro cercano por la integración de la Inteligencia Artificial y el Aprendizaje Mecánico; por “sistemas autónomos que tienen su propia agencia” (agentic and autonomous systems); por tecnologías quantum e ingenierías híbridas; por la sustentabilidad y el ciclo de vida; por la “inteligencia viviente” (living intelligence: biotecnología, IA, sensores); por impresoras inteligentes en tres dimensiones; y por una “ingeniería desarrollada a partir del valor de la ética” (value-based engineering y ethical AI and robotics); entre otras cosas.
Para prepararse ante este contexto, se precisa continuar con la revisión y actualización permanente de los programas profesionales; desarrollar diversas experiencias de aprendizaje, que trasciendan las aulas; promover posgrados, en los que converjan varias ingenierías; e impulsar el aprendizaje de nuevas destrezas para el uso de la inteligencia artificial.
Las personas profesionales de la Facultad de Ingeniería del futuro cercano tendrán un rol como orquestadores de IA, pero poseerán también diversas habilidades blandas como la empatía, la creatividad, el pensamiento estratégico y crítico, la conciencia social y muchas otras.
Todos esos cambios en proceso involucran una capacidad de lectura del tiempo e implican una reforma educativa, la cual debe trascender más allá de la FI-UCR, pues su éxito precisa de incidir directamente en el sistema de educación costarricense.
Esta no será una tarea sencilla, pues en el contexto de una Costa Rica con una educación pública primaria y secundaria con serias deficiencias en la formación del pensamiento complejo, la lectura, las matemáticas y el razonamiento, esta reforma debe hacer hincapié precisamente en el pensamiento matemático, el desarrollo del pensamiento abstracto, y el fomento de las capacidades de ingeniería entre los estudiantes, desde sus primeros años de educación, y enfatizar en que todo ese conocimiento no es exclusivo de la ingeniería, sino de todas las áreas de conocimiento, y forma parte de la cotidianidad y la formación integral de cualquier persona.
Todo esto requiere de una transformación en la postura del Gobierno costarricense respecto a la financiación de la educación: la educación pública debe recibir el porcentaje de fondos garantizado por mandato constitucional, mientras que las universidades públicas deben ampliar sus inversiones en carreras STEM, y en la aplicación de los conocimientos y herramientas STEM en todas las carreras, sin discriminación del campo disciplinar o la especialidad.
Costa Rica necesita que sus estudiantes permanezcan en las aulas y no abandonen la escuela, lo que implica un esfuerzo para ayudar a las familias de diversas maneras. Para ello, este segundo punto debe implicar un equilibrio en las políticas públicas de control financiero del país, a fin de garantizar que los recortes no afecten a las inversiones sociales, ni a la protección de los más desfavorecidos.
Por otro lado, Costa Rica alberga empresas de alta tecnología, muchas de las cuales realizan importantes inversiones en instalaciones de investigación: Intel, Ad Astra Rocket Company, Microsoft, Boston Scientific, y Baxter Medical, entre otras del sector de dispositivos médicos, las cuales se encuentran entre los inversores más destacados.
De hecho, el sector de dispositivos médicos ha posicionado a Costa Rica entre los mayores exportadores del mundo, al crecer sus exportaciones, entre 2020 y 2024, a un ritmo promedio anual del 22 %, hasta llegar a sumar, en octubre de 2025, 9.199 millones de dólares, lo que representa un crecimiento interanual del 30 %, y más del 45 % del total de las exportaciones del país.
Sin embargo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que la colaboración entre las universidades públicas y el sector empresarial en Costa Rica es insuficiente, por lo que la FI-UCR debe impulsar políticas públicas para que eso cambie, y acercarse a ese y a otros sectores claves.
A pesar de que el desafío es muy grande, la FI-UCR tiene la capacidad de liderar y producir esa transformación. Y es una reforma tan importante que no debe permitir que quede en manos de otros, por lo cual debe utilizar su músculo histórico para lograrlo, tanto a lo interno de la Universidad y del Consejo Nacional de Rectores (Conare), como a nivel de la política nacional.
Afortunadamente, si algo les gusta a las personas profesionales en ingeniería, arquitectura y computación, es encontrar soluciones a los problemas y enfrentarse a retos tremendamente complejos.
