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Nuevos mamíferos enriquecen la fauna tica
En la última década, se han sumado a la lista de mamíferos del país nuevas especies. Asimismo, se han avistado otros animales que, como el armadillo zopilote, fueron captados por cámaras. Foto: Flick. 
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El número actualizado de especies de mamíferos que habitan en el país llegó a 255 con los nuevos registros de los últimos cinco años
12 jul 2019Ciencia y Tecnología

“Fue una sorpresa. Ya sabíamos que estaba en el país, pero muy al sur”. Así describió Carolina Sáenz Bolaños el momento en el que las cámaras trampa captaron al perro de monte (Speothos venaticus) por primera vez en la zona alta del Caribe en el 2017.

Sáenz es investigadora del Instituto en Conservación y Manejo de Vida Silvestre (Icomvis) de la Universidad Nacional y coordina un proyecto de monitoreo de mamíferos terrestres en el Parque Nacional Barbilla, la Reserva Forestal Río Pacuare y el territorio indígena cabécar Nairi Awari, ubicados en la zona norte de la cordillera de Talamanca, entre los cantones de Turrialba y Siquirres.

Fue justamente en el Parque Nacional Barbilla donde las cámaras colocadas en el bosque registraron al perro de monte esa primera vez y, luego, en una segunda ocasión en el 2018.

Las observaciones y registros sobre esta especie indican que se está moviendo hacia el norte, pues son originarios de América del Sur. Hasta hace algunos años, se creía que su rango de distribución llegaba hasta Panamá. 

Ya en el 2016, las cámaras trampa habían observado al animal en la Zona Protectora Las Tablas, en Coto Brus, muy cerca de la frontera con Panamá. Esto significó el primer hallazgo en el territorio costarricense y dio pistas sobre su movimiento.

Sin embargo, el equipo de investigación de Sáenz descubrió algo que los dejó sorprendidos luego de hablar con la comunidad indígena cabécar de Turrialba. 

“Las poblaciones locales ya tenían conocimiento de la existencia de esos cuadrúpedos en las áreas donde se están registrando actualmente”, aseguró la bióloga. Esto podría indicar que la especie ha existido en la zona por más tiempo, pero su presencia en el lugar era desconocida por la ciencia tica.

“Los indígenas mayores saben de la existencia del perro de monte, inclusive le tienen el nombre de ‘chichilá’, pero muchos no lo han visto, principalmente los jóvenes”, añadió. Los investigadores aún desconocen si este ser vivo servía de alimento o tenía algún valor para la cultura autóctona.

Asimismo, a nivel científico, es escasa la información sobre el perro de monte, también llamado perro vinagre por el olor característico de su orina. 

“En Suramérica, que es donde el animal está y pueden encontrarse más datos, aún es muy poco lo que se sabe. Se tenía registro de que se iban viendo más hacia el norte del continente. Nuestro reporte actual da cuenta del punto más al norte de su distribución”, comentó Sáenz. 
 

Más casos

El caso del perro de monte no es único en el país, pues en los últimos cinco años se han hecho al menos seis nuevos registros, ya sea de especies cuya presencia en el territorio nacional era desconocida o de ampliación del rango de distribución de otras.

En el 2015, Bernal Rodríguez Herrera, profesor e investigador de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR), acudió con su equipo al llamado de un propietario de una finca en la península de Osa.

El finquero y los guías de turismo de la propiedad reportaron haber observado un ratón en un árbol, pero ignoraban qué tipo de roedor era.

Durante una gira de campo entre el 15 y el 17 de mayo de ese año, los científicos lograron  ver, por medio de una cámara, a un individuo de Diplomys labilis, conocido como ratón espinoso. El animal, describen los autores en el artículo científico, se encontraba dentro de un hueco en un árbol, a unos diez metros de altura del suelo.

Tal caso supuso el primer registro de dicha especie en el país. Esto amplió su rango de distribución que hasta entonces incluía desde Ecuador hasta el centro de Panamá. 

Según Rodríguez, ya hay casos de avistamiento en Nicaragua, cerca del río San Juan. Por esto, el biólogo no descarta que existan más individuos en el país, especialmente en la zona del Caribe.

“Yo especularía que la razón por la que hasta ahora encontramos este ratón espinoso es simplemente porque faltaba muestreo”, dijo Rodríguez, quien no cree que se trate de un caso de migración reciente, solo que “no sabíamos que estaba en Costa Rica”. 

El investigador afirmó que los trabajos sobre los ratones son escasos en el país y aún más si se trata de estas especies arborícolas.

Este tipo de inscripción nueva se hace de forma ocasional, casi por casualidad. Los científicos no suelen hacer giras de campo con la expectativa de encontrar nuevos mamíferos, ya que Costa Rica está relativamente bien muestreada. Sin embargo, según dijo el investigador de la UCR, existen dos zonas del país menos exploradas: Talamanca, en el Caribe, y Osa, en el sur. 

Razones de fondo

El movimiento de especies es algo común en América. Históricamente, América Central ha servido de puente para poblaciones que migran del norte hacia el sur del continente y viceversa, lo cual ha permitido tener gran biodiversidad en el istmo.

Rodríguez afirmó que hay especies que no se han observado en Costa Rica, pero se han visto en Norteamérica y Colombia a la vez. Por tanto, no se descarta que habiten en nuestro territorio. “Geológicamente, la historia natural de este país es muy reciente, emergimos hace muy pocos millones de años”, aseguró.

Los animales, por naturaleza, se desplazan de su zona de origen, explicó el especialista. La dispersión es una característica innata que les permite buscar mejores condiciones ambientales. De esta forma, amplían su distribución. 

Esa capacidad, no obstante, depende de cada especie. Un río, por ejemplo, puede significar una barrera para un ser terrestre, pero no para una ave. Es por esto que, generalmente, las especies voladoras tienen mayor rango de distribución.

Sin embargo, actualmente, las migraciones de especies podrían ser provocadas por otros factores más relacionados con la destrucción del bosque y con el aumento de la temperatura. 

“En algunos casos, el ser humano ha ayudado a que el hábitat se vuelva adecuado para alguna especie”, comentó Rodríguez. 

Tanto Rodríguez como Sáenz mencionaron el ejemplo del coyote. Este cuadrúpedo, originario del norte del continente, se ha venido desplazando hacia el sur, hasta Panamá inclusive. Al vivir mejor en áreas abiertas que boscosas, el coyote se ha dispersado por la costa Pacífica, ya que está más deforestada que el Caribe.          

“El tipo de alteración en la que están algunos ecosistemas permite que especies más generalistas vayan colonizando territorios que antes no eran de ellas”, explicó Sáenz.

La caza, los incendios forestales y el calentamiento global también empujan a los animales a moverse fuera de su zona habitual.

Para el caso del perro de monte, Sáenz especula que el bosque de alta calidad y de poca intervención humana de la cordillera de Talamanca podría estar atrayendo a estos mamíferos a agruparse en esa zona.

Frente al cambio climático, hay evidencia de que algunos murciélagos en Monteverde, Puntarenas, han emigrado a partes más altas, en busca de temperaturas más frías. Una situación similar acontece en el ecosistema de páramo con colibríes y plantas que han escalado a altitudes de 3 000 m s. n. m o más.

Las técnicas modernas han permitido registrar animales más elusivos con técnicas menos invasivas, por tanto, no siempre se está frente a una migración reciente, sino que ya existía pero no se había tenido una evidencia científica.

Una especie que ingresa en un ecosistema distinto puede tener implicaciones. 

En el caso del perro vinagre, explicó Sáenz, se trata de una especie más en un ecosistema similar del mismo continente. Por esto, no genera un cambio brusco, siempre y cuando sea un número de individuos estable.

En otro contexto, una especie exótica o invasora puede alterar el hábitat, volverse exitosa y dominar el territorio. Por ejemplo, la investigadora del Icomvis mencionó al pez león, que se propagó en el Caribe. “Vino de otro océano y especies de la zona no sabían cómo defenderse de ese depredador”.

En casos más extremos, la especie puede convertirse en una plaga. “Hay documentadas muchas islas donde un solo gato ha acabado con una especie endémica de ratón o de pájaro”, añadió Rodríguez. 

 

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Francisco Ruiz León
Asistente de Prensa Oficina de Divulgación e Información
franciscobokm.ruizleon@ucr.vmmsac.cr
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