Mujeres Honoris Causa: un honor que han recibido muy pocas
Aunque la Universidad de Costa Rica tiene 76 años de existencia y durante su historia ha entregado 41 doctorados Honoris Causa, solo tres han sido para mujeres.
Este importante reconocimiento se otorga a personalidades cuyos trabajos o estudios de carácter cultural hayan alcanzado una notable significación e importancia internacional.
Sin embargo, la UCR tiene una deuda con la historia en este sentido. Así lo reconoció el rector, Dr. Henning Jensen Pennington, durante el discurso de apertura del I Encuentro Franco-costarricense de Psiquiatría y Psicoanálisis. Aunque por cuestiones fortuitas, Jensen ha sido el encargado de entregar esos tres reconocimientos, mencionó que es una situación desigual e injusta y espera que en el futuro más mujeres reciban esta distinción.
En este cierre de marzo, mes dedicado a la reflexión de las luchas de las mujeres por sus derechos, honramos a esas tres doctoras Honoris Causa, esperando que en los próximos años la lista sea muchísimo más larga.
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En ese momento, las autoridades universitarias manifestaron “que no hay duda de que, con su vida y obra, Carmen Naranjo ha encontrado el camino más seguro para señalar a las nuevas generaciones el grado de compromiso que están llamadas a asumir, en momentos en que Costa Rica se enfrenta a cambios importantes, a la luz de incontables intereses de tipo mercantilista que pretenden imponer por cualquier medio, modelos que no respetan la dignidad humana”.
Su prolífica producción literaria abarcó todos los géneros y se ha difundido tanto en el territorio nacional como en el extranjero. Esto le valió distintos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Cultura Magón de 1986, y el premio Aquleo J. Echeverría de novela en dos ocasiones, 1966 y 1970. Así mismo el Gobierno de Chile le otorgó la medalla Gabriela Mistral y la Universidad de Santo Domingo en República Dominicana le confirió el título de Doctora Honoris Causa.
Escribió más de 30 obras entre poesía, ensayo cuento y novela, traducidas a varios idiomas como inglés, hebreo, yogoslavo y griego. Entre sus publicaciones se pueden mencionar América, Canción de la ternura, Hacia tu isla, En el círculo de los pronombres, Misa a oscuras, Camino al mediodía, Los girasoles perdidos, Diario de una multitud, Por las páginas de la Biblia y los caminos de Israel, Mi guerrilla, y Cinco temas en busca de un pensador, entre otras.
El compromiso con el país también lo manifestó en los diversos cargos públicos que ocupó a lo largo de su vida. Destaca su participación en la redacción de la Ley de Nacionalización Eléctrica y la universalización de los seguros.
Fue la primera mujer en ocupar el puesto de Subgerente Administrativa en la Caja Costarricense del Seguro Social. Fungió como asistente de Gerencia en el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), fue directora del Museo de Arte Costarricense y Ministra de Cultura Juventud y Deportes durante la administración de Daniel Oduber Quirós, entre otros importantes cargos.
Butler es una de las mayores exponentes del feminismo contemporáneo, y se ha destacado por poner en el debate cuestionamientos que no solo han marcado el quehacer del feminismo, la teoría política y el activismo político, sino que, además, ha impregnado de esa polémica los espacios de la creación literaria y su crítica.
Ha sido docente en las universidades de California, Wesleyan y Johns Hopkins. Es profesora de Filosofía en la Cátedra Hannah Arendt, de la European Graduate School y ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica, Literatura Comparada y en Estudios de la Mujer de la Universidad de Berkeley.
Es activista y miembro del Consejo Directivo de la agrupación Voces Judías por la Paz e integrante de la agrupación Profesores por la Paz Palestino-Israelí de Estados Unidos.
Hacia finales de los años 80, propuso una de las lecturas filosóficas más incisivas sobre la identidad de género y sexual; sus reflexiones giran entorno del estatuto legal de la identidad sexual, la gestión política de la intersexualidad y la transexualidad, la normalización del cuerpo, la transformación actual de las instituciones de filiación, pareja y familia, los derechos de las minorías sexuales.
Su amplia producción académica es objeto de estudio en diversos ámbitos de la investigación en humanidades y en las ciencias sociales, debido al nivel crítico e innovador y a la ruptura que ha generado en el campo de la Filosofía, la teoría queer, los estudios de género, los estudios poscoloniales y la teoría feminista.
El Consejo Universitario reconoció el invaluable aporte que Alonso ha dado al desarrollo de la danza y al fortalecimiento del arte como un elemento transformador de la sociedad. También se valoró el extraordinario trabajo en la reconstrucción de los grandes clásicos del siglo XIX. Sus versiones coreográficas se han incorporado al repertorio de algunas de las más famosas agrupaciones de la danza en el mundo, entre las que se encuentran la Ópera de París, la Ópera de Viena, la Scala de Milán, el Teatro Colón de Buenos Aires, el Real Ballet Danés y el Ballet Nacional de Cuba, el cual fundó.
Impulsó e inspiró la escuela cubana de ballet, que se caracteriza por un nuevo estilo y una nueva metodología dentro de la danza clásica y gracias a su extraordinaria labor pedagógica, han surgido varias generaciones de excelentes bailarines del más alto nivel.
“El aporte de Alicia Alonso a la danza cubana y mundial ha permitido repensar este arte desde su trascendencia cultural y su influencia en la construcción de la identidad latinoamericana, lo que ha generado un extraordinario impacto y contribuciones únicas que han sido de gran reconocimiento mundial”, destacó el Consejo Universitario al aprobar la distinción.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) la designó como embajadora de buena voluntad, como reconocimiento a su contribución en el desarrollo, preservación y difusión a la danza clásica.







