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Mezcladiticos

El crecimiento económico de Costa Rica, el alto nivel de vida y la estabilidad política son algunas de las razones que han atraído gran cantidad de inmigrantes centroamerianos que hoy día, constituye el 8.8% de la población en el país.

Se estima que los nicaragüenses constituyen actualmente alrededor de un 7% de la población costarricense.

De acuerdo con datos del quinto Informe del Estado de la Región, el flujo migratorio a lo interno de Centroamérica lo domina el movimiento de personas de Nicaragua a Costa Rica y de El Salvador a  Guatemala.

Fuentes:

Migración Centroamericana, entrevista Carlos Sandoval

OCDE/FUNDEVI (2017), Interacciones entre Políticas Públicas, Migración y Desarrollo en Costa Rica, Caminos de desarrollo, Éditions OCDE, París.

http://dx.doi.org/10.1787/9789264279018-es

Muchos pensarán que la migración de países centroamericanos se estableció en las últimas décadas, pero no es así. Desde la colonia han existido vínculos diversos, mediante el comercio y otras áreas como son los estudios universitarios.      

En el siglo XX, fueron más intensas en las primeras décadas,  debido a la construcción del ferrocarril al Atlántico y el inicio de la actividad bananera que atrajo nicaragüenses y europeos.

Entre las razones que hacen de Centroamérica una región de amplia migración destacan las dificultades económicas, los conflictos armados y más recientemente el ascenso de la  violencia.

Esta última razón, por ejemplo, ocasionó que 1.542 salvadoreños  solicitaran refugio a Costa Rica en el año 2016.  En los años 80, Costa Rica mantuvo campamentos de refugiados en la provincia de Limón y Tilarán y en la actualidad, se repite la situación frente a escenarios de violencia que los obliga a migrar.

La llegada de migrantes centroamericanos brindan al país oportunidades  y desafíos.

La presencia de migrantes centroamericanos en Costa Rica ha favorecido la movilización de la economía, pues se vinculan a tareas de agricultura de productos de exportación como el melón, la piña y otros productos tradicionales como el café y la caña. Se destaca en la economía nacional, el  aporte de los centroamericanos en los procesos de construcción, los servicios de seguridad y las actividades domésticas, actividades económicas donde Costa Rica no encuentra suficientes fuentes de trabajo local.

Mientras Costa Rica muestra un descenso de su tasa demográfica y una mayor proporción de personas de edad avanzada,  se reconoce la contribución de nicaragüenses y salvadoreños con lo que los especialistas denominan bono demográfico y que se refiere al nacimiento de niños y niñas de padres migrantes, que se insertan y apoyan el mercado laboral costarricense.

En medio de una agenda política binacional que avanza de forma muy lenta, las familias desarrollan lazos de cooperación y aprendizaje compartido. 

En diversos ámbitos de la vida cotidiana nacional, se evidencia la influencia de la migración centroamericana.

La gastronomía costarricense se nutre hoy día con platos como las pupusas de El Salvador o el nacatamal de Nicaragua, cuya comercialización incrementa cada día.

Tanto en la zona rural y urbana costarricense,  se convive con nicaragüenses de localidades como Masaya, León, Rivas y Managua, cuyo asentamiento en el país favorece la conformación de  familias binacionales que enriquecen la diversidad cultural.

Un exponente de esta diversidad fue el actor de teatro, César Melendez, cuyo trabajo artístico ofreció una lectura más integral sobre la riqueza de la interculturalidad y el aporte de los migrantes nicaragüenses en el país.

En medio de las tensiones políticas y la intolerancia que muestra el mundo respecto a los procesos migratorios; locales y migrantes se enfrentan al reto de construir relaciones de convivencia que favorezcan la construcción de una mejor sociedad para todos.

Según el Censo Nacional de Población del 2011, existen 1.806 españoles y 1.494 italianos viviendo en Costa Rica.  Ambos son considerados unos de los grupos europeos de mayor presencia e influencia en el país. Sin embargo, también la colonia inglesa y alemana  tienen una participación y cohesión  importante con la sociedad costarricense. Se calcula que  hay alrededor de 5.200 británicos en Costa Rica, que forman la segunda mayor comunidad europea después de los españoles.

Fuentes:

Datos basados en el artículo “Gallegos en Costa Rica a fines del siglo XIX, de la investigadora Giselle Marín, profesora de la Escuela de Estudios de Generales, y de la Asociación Lar Galego (Hogar Gallego) - Costa Rica.

Entrevista con Rita Bariatti, historiadora especialista en la migración italiana.

Revista de Historia Universidad Nacional Artículo Los Migrantes y el Poder en Costa Rica. 

 http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/historia/article/view/3185/3044

Dentro de la inmigración española que arribó a Costa Rica a fines del siglo XIX para trabajar en proyectos de infraestructura y de expansión económica, se encuentra la gallega. Provenían principalmente de la provincia de Pontevedra, de un pueblo cercano a Santiago llamado Olives. Llegaban primero a Cuba y de allí se trasladaban a Costa Rica. Apellidos como Pereira, Pazos, Penabad, Filloy, Constenla, Álvarez, García, Ferreiro, Rozados y Tapia forman parte de las familias gallegas que se integraron a la sociedad costarricense.

La mayoría vinieron de zonas donde las principales actividades económicas era la agricultura y la ganadería.

Al ser la mayor parte de inmigrantes de lugares cercanos de Galicia, se crearon redes de parentesco y paisanaje, lo cual constituyó el motor principal de la inmigración.

Entre los factores principales de su movilización hacia Costa Rica están la necesidad de mejorar su nivel de vida, la búsqueda de empleo y el aumento demográfico en su zona de origen.

Entre los factores que incidieron en la emigración hacia Costa Rica están la afinidad cultural y un idioma en común. Asimismo, el hecho de que el gobierno costarricense tenía interés por atraer mano de obra mejor preparada para trabajar en la construcción del ferrocarril al Atlántico y en labores agrícolas.

La inmigración de la población española en el país aumentó debido a la influencia de la migración hacia Panamá, en donde se construía el Canal. Los emigrantes llegaban a Limón y allí se reembarcaban hacia Panamá. La cantidad pasó de 1033 en 1892 a 2549 en 1927.

La migración alemana se ve potenciada luego de que el Presidente de la República de Costa Rica José María Castro Madriz estableciera relaciones diplomáticas con la Confederación Germánica y suscribe un tratado de comercio y amistad entre ambos países en 1849. Los alemanes que llegaron a Costa Rica provenían de familias acomodadas y tenían buenos nexos políticos y comerciales en Europa lo que les permitió integrarse rápidamente a la vida política y económica de Costa Rica.

En cuanto a la migración italiana, se registra que en el período colonial y hasta 1886 se aventuraron a Costa Rica unas dos docenas de itálicos. Algunos fundaron las familias italianas más antiguas en el país como los Bertora, los Valerín, los Volio.

Luego de la independencia de Costa Rica, siguieron llegando italianos esporádicamente en un 50% eran grandes y pequeños comerciantes. Entre 1887 y 1888, se trajo de Italia a cerca de 1.500 braceros para finalizar el ferrocarril al Atlántico, el 60%  fue repatriado, pero un 40% optó por permanecer en Costa Rica. La mayoría de ellos, se dedicó al comercio y en menor grado a la agricultura.
Entre 1889 y 1960, las dos guerras mundiales provocaron una inmigración en cadena. Para 1910 se señalaba la presencia de 2.000 italianos unbicados en distintas partes de Costa Rica, en su mayoría dedicados al comercio (pulperías, zapaterías, sastrerías y cantinas).

La colonización de San Vito de Java, que inició en 1952, se dio con la llegada de 111 familias italianas, empero diez años después se habían asentado en el lugar menos de la mitad, específicamente, familias que huían de la posguerra y que transformaron una región inhóspita y aislada, en una zona desarrollada y altamente productiva con el cultivo del café.

Hacia finales del siglo XX se intensificó la inmigración italiana, por la presencia de jóvenes que posiblemente no encontraban en su país la inserción laboral anhelada. Este último aspecto migratorio aún no se ha estudiado de manera exhaustiva.

Por su parte, los ingleses fueron uno de los primeros grupos europeos en llegar a tierras costarricenses, al descubrir el potencial del país en la producción de café, fueron los británicos quienes trajeron italianos para la construcción de la vía férrea al Atlántico.

Los gallegos que llegaron a Costa Rica entre entre 1866 y 1940 se dedicaron a la agricultura y a las actividades artesanales, como carpintería y ebanistería, así como a las actividades comerciales. Dos empresas creadas por gallegos que permanecen aún son Vidrios Álvarez, Espejos El mundo y cantina La Borrasca, ubicada en el Mercado Central. Otras empresas que funcionaron durante mucho tiempo fueron La Sevillana y Colchones Luxor.

Por otro lado, prácticas artesanales como las técnicas de zapatería, de sastrería, de elaboración de pastas y panes son muestra de la herencia italiana en el país.

En el campo empresarial, destaca el inicio de la hotelería, de la fabricación de mosaicos, de la marmolería, de los talleres mecánicos, de la elaboración de cerveza, de la construcción de embarcaciones.

Profesionales italianos como ingenieros y arquitectos, farmacéuticos, médicos y músicos brindaron un gran aporte al país y en el comercio, destaca la apertura de importantes emporios y la fundación de empresas importadoras. 

En las últimas tres décadas los italianos emigrados a Costa Rica han generado un gran desarrollo del campo culinario con la apertura de restaurantes y la venta de comida tracional de su país; en las costas muchos se han dedicado a la pequeña hotelería, un ejemplo de esto son diversos hoteles en Cahuita, Jacó y Tamarindo.

Los principales aportes de los gallegos se pueden observar en las creencias religiosas y en las supersticiones. Un ejemplo es la celebración católica de Santiago Apóstol, el 25 de julio. La diócesis de Cartago y de Puriscal están dedicadas a Santiago o la tradición de quemar palma bendita cuando hay tormenta.

La palabra carajo se origina de la palabra gallega carallo.

Otras tradiciones son la celebración del Día de Muertos (2 de noviembre) y la devoción por las ánimas. En Costa Rica están contempladas en canciones y  leyendas, se visita los cementerios, se adornan las tumbas con flores.

y de las siete hierbas.

La creencia en meigas o brujas es muy acentuada en Galicia, al igual que en Costa Rica, que aún persisten en muchos pueblos.

La leyenda de la piedra de Aserrí donde vivía la bruja Zárate con un español encantado, convertido en pavo real es un ejemplo.

A estos elementos se suma el uso de plantas medicinales consideradas mágicas es otra influencia. Y en el campo de la gastronomía, los frijoles blanco con chorizo o los chicharrones son ejemplo de la herencia gallega, sin poder omitir el gran parecido que existe entre el cocido gallego y el caldo gallego.

Por su parte, la influencia de la cultural italiana en la idiosincrasia costarricense actual se evidencia en aspectos como la difusión masiva del saludo familiar que encierra la palabra “ciao”, empleada por todos los estratos sociales.

Se suman la difusión de la cocina italiana y especialmente de la “pizza”, un platillo originario del sur de Italia que hace un siglo ni se conocía en las regiones nórdicas italianas; a la que se suman platos como “lasagna” que ha vuelto lasaña y los “cannelloni” ahora canelonis.
En las últimas tres décadas, varios empresarios italianos se han dedicado a importar y a difundir ampliamente en el medio costarricense  productos como pastas y vinos de producción italiana, pero también productos típicos como el navideño “panettone” (en Costa Rica lo producen y lo llaman “panetón”), un dulce originario de Milán que se empezó a conocerse en el resto de Italia en la segunda mitad del siglo XX.

La comunidad alemana por su parte logró establecer su legado en la vida cotidiana costarricense con la fundación de instituciones culturales y educativas como el Colegio Humboldt y el Instituto Goethe, hasta asociaciones civiles como el Club Alemán y comerciales como la Cámara de Comercio e Industria Costarricense Alemana