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Urge espiritualidad de la convivencia para combatir la destrucción

24 feb 2011Artes y Letras
Dr. Franz Hinkelammert: “La reducción de la racionalidad al cálculo de la utilidad propia, no es …
Dr. Franz Hinkelammert: “La reducción de la racionalidad al cálculo de la utilidad propia, no es simplemente egoísmo es una manera de ver el mundo y se basa en una fuerza de espiritualidad de la muerte, es lo que Marx llama el fetichismo” (foto Anel Kenjekeeva).

Vivimos un periodo de permanente deterioro de la convivencia, por eso hoy es tan necesario hablar de la capacidad humana de asegurar esta convivencia mediante una ética y una espiritualidad que busquen el bien común. Así lo expuso el Dr. Franz Hinkelammert economista, filósofo y teólogo de la liberación.

Hinkelammert ofreció la conferencia inaugural el IX Congreso Internacional de Filosofía Intercultural que se celebró del 14 al 18 de febrero en la Ciudad de la Investigación de UCR, sobre el tema La convivencia humana: problemas y posibilidades en el mundo actual. Una aproximación intercultural.

En su ponencia titulada “La ética de la convivencia” explicó que la pérdida de la capacidad de convivencia se debe a los valores centrales que rigen en nuestra sociedad. Entre ellos, la competitividad, la eficiencia, la racionalización y funcionalización de los procesos institucionales y técnicos, los cuales son valores de la ética del mercado.

A su juicio, estos valores se han impuesto en nuestra sociedad mediante la estrategia de globalización, como nunca antes en  ninguna sociedad humana. Así el mundo actual se rige por el cálculo de la utilidad propia, es decir, que cada persona, organización e incluso los estados actúan calculando el beneficio que puedan obtener para sí mismos, sin importar el bien común.

Así pues, impera en el mundo la espiritualidad del mercado, del dinero, del éxito, del conflicto para derrotar al otro y de la muerte. Sin ella, sería imposible la infinita capacidad de destrucción que la modernidad ha desarrollado. A su juicio, la destrucción también necesita espiritualidad, acotó el Dr. Franz Hinkelammert.

Lo inútil es indispensable

Desde este punto de vista, opina el filósofo, la convivencia, la paz y el cuidado de la naturaleza resultan inútiles, porque simplemente no generan utilidades. Todas las exigencias de convivencia aparecen como obstáculos, como distorsiones del mercado y enemigas de los valores vigentes de nuestra sociedad.

“La naturaleza es inútil a no ser que sea trasformada en capital natural para explotarla calculando la utilidad propia. El ser humano es inútil y hasta desechable a no ser que sea trasformado en capital humano por explotar en función de su utilidad”, explicó Hinkelammert.

Además destacó que estamos entrando en una época de la historia en la cual se hace indispensable el bien común en todas partes, pues se están acumulando fenómenos como la crisis del cambio climático y la crisis económica actual, que en el fondo son crisis de los propios limites de crecimiento.

Considera que para combatir los límites del agotamiento del petróleo y de la escasez de alimentos que afectan a la población mundial, es necesario dejar a un lado nuestra teoría dominante de la acción racional y el cálculo de la utilidad propia, donde lo indispensable, es decir, el bien de todos, se vuelve inútil y por tanto inservible.

La espiritualidad de la convivencia

Para poder realizar este enfrentamiento, dice el filósofo, hay que recuperar la espiritualidad marginal y condenada por la espiritualidad del dinero. Sin esta recuperación no habrá ninguna posibilidad de actuar frente a la maldición que pesa sobre a la ley y el cálculo de utilidad propia.

La espiritualidad de la convivencia, debe incluir tres dimensiones: el humanismo de la afirmación del ser humano como sujeto en relación a los otros y la naturaleza; la verdadera libertad del ser humano para escoger entre la vida y la muerte; y la reciprocidad, que implica todo acto que implica un bien para todos y no sólo para quien lo hace o lo recibe.

Para lograr el bien común, hace falta promover esta ética de la convivencia a  todos los niveles de la humanidad y en cada uno los grupos humanos e incluso en los estados. Este cambio también incluye la intervención en los mercados dominantes y la protección y promoción de los mercados del tipo de la economía solidaria y social.

Hinkelammert concluyó explicando que el bien común es indispensable, de ahí la necesidad de la ética de la convivencia en todas de sus dimensiones, incluida la espiritual, para lograr la trasformación de la sociedad entera y tener una sociedad donde quepan todos y todas y la naturaleza. 
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