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Palabrajeando

La popular frase ''pura vida'' traspasó las fronteras y fue acogida por la sociedad costarricense

A mediados del siglo XX, la frase viajó por medio del cinematógrafo y fijó su domicilio en Costa Rica. Hoy, esa expresión está fuertemente vinculada con el lenguaje y la cultura nacional
24 jun 2021Artes y Letras


Fotograma de la película Pura vida. En la imagen observamos a los actores Antonio Espino “Clavillazo” y a Carmelita González, quienes interpretan a Melquiades Ledezma y a Lucía, respectivamente. Imagen tomada de mas-mexico.com.mx. 
Los seres humanos, desde nuestros inicios como especie, hemos viajado, migrado y compartido con individuos de diferentes grupos. En la travesía, nuestra forma de comunicarnos nos acompaña: el lenguaje migra con nosotros. Las palabras dejan rastros de los encuentros y choques entre sociedades, y los términos prestados se convierten en propios. Incluso, llegamos a olvidar que llegaron a nosotros desde otras comunidades.   

A ese intercambio lingüístico motivado por el desplazamiento geográfico, debemos sumarle inventos como el libro, el cine, los programas televisivos y las diversas innovaciones tecnológicas, entre las cuales hay que subrayar el internet. Tales medios han posibilitado que, sin salir de nuestro entorno físico, las personas podamos conocer otras culturas y variedades del español.  

En relación con este último punto, debemos destacar que las producciones mexicanas del siglo XX dejaron su impronta en la cultura costarricense y, por supuesto, en una de sus manifestaciones: el léxico.  

Cabe señalar, a modo de paréntesis, que las canciones y el cine clásico mexicano, además de los préstamos interdialectales, probablemente también influyeron en otros aspectos sociales. Por ejemplo, en la adopción de modelos de feminidad y masculinidad, así como de modelos de éxito-fracaso y belleza-fealdad. En este sentido, personajes como Pedro Infante, Jorge Negrete, Carmelita González, José Alfredo Jiménez, María Félix, Cantinflas, Tin Tan, Dolores del Río, Clavillazo (a quien nos referiremos más adelante), entre otros, formaron parte del imaginario nacional de la época. 

Ahora bien, volviendo al tema que nos ocupa en esta primera edición de “Palabrajeando”, la Época de Oro del cine mexicano nos heredó expresiones que hoy se consideran marcas de identidad de los costarricenses. En el presente escrito, nos concentraremos en la unidad pluriverbal “pura vida”. Durante el recorrido por los orígenes del término y su acogida en la sociedad costarricense, los estudios del Dr. Víctor Sánchez Corrales, lingüista y lexicógrafo, nos guiarán.  

Antes de remitirnos al análisis del Dr. Sánchez, recordemos unos breves datos sobre el texto cinematográfico. 


Anuncio del filme Pura vida. Imagen tomada de www.imdb.com.  

Pura vida, la película

El filme Pura vida se estrena en 1956. Fue dirigido por Gilberto Martínez Solares y protagonizado por Antonio Espino “Clavillazo”, Maricruz Olivier, Carmelita González y Ramón Valdés; además contó con la participación especial del músico José Alfredo Jiménez.  

Cuando participó en el largometraje, el actor principal, Antonio Espino (1910-1993), ya era un comediante reconocido, pues había protagonizado varias obras al lado de otras figuras importantes del cine mexicano.  

Clavillazo interpreta a Melquiades Ledezma, el personaje que utiliza la expresión “pura vida”. Desde el inicio de la historia, el protagonista se caracteriza como un tipo con mala suerte, aunque, a decir verdad, varios de sus problemas se originan por su imprudencia y no por culpa de la casualidad.   

A pesar de los incidentes de Melquiades, el personaje encara la vida con optimismo. De hecho, la primera vez que enuncia “pura vida” es al inicio de la película, cuando el presidente del pueblo lo expulsa por ser la personificación de la mala suerte: “donde tú pisas ni zacate nace” (2:33). Sin embargo, a pesar de que el presidente lo está desterrando, Melquiades de manera sincera le dice que “es usted muy amable y es usted pura vida” (2:10). A partir de ahí, los espectadores ya vislumbramos el carácter del protagonista y el sentido o valor positivo que va a tener la frase. 

Posteriormente, el personaje emplea doce veces más la lexía en cuestión. La utiliza para caracterizar a Lucía en tres ocasiones (la vecina que, según él, era su novia), a Ferróneo (su primo), a la gente del vecindario y a sí mismo (cuando dice que ya se le quitó lo salado y ahora es pura vida). Además de su uso para marcar cualidades de las personas, esta expresión también califica objetos (unos aretes “divinos, preciosos, encantadores, son pura vida” (1:11:23) y una comida), un evento (“La fiesta es pura vida” (25:00)) y situaciones (cuando besó a su vecina Esperancita “Esto sí que es pura vida” (1:29:36) y al cierre de la película “Pura vida, no más” (1:30:18)). 

En esos enunciados de Melquiades, podemos observar diferencias entre el uso que el protagonista le da a la frase y la función que esta cumple en el dialecto de Costa Rica. Por ejemplo, en el filme, la expresión no es empleada como una interjección para saludar o despedirse, uso que sí está muy difundido en Costa Rica. Así pues, vemos que el préstamo interdialectal sigue su desarrollo en su nuevo domicilio.   

Fotograma de la película El chismoso de la ventana (1956), protagonizada por Clavillazo. Imagen tomada de https://mas-mexico.com.mx. 

Identidad, “costarriqueñidad” y emigración léxica 

¿Cómo se autodefine una sociedad? ¿Qué caracteriza a un grupo frente a otros? ¿Cómo nos asumimos los costarricenses y cómo somos a los ojos de los demás? En el centro de estas preguntas residen los procesos de construcción de la identidad que, como tales, están siempre en desarrollo.  

Al respecto, el Dr. Sánchez indica que la costarriqueñidad es “un proceso subjetivo, constructor, dinámico de delimitación simbólica de los contornos de la comunidad que se autodenomina costarricense y que también es reconocida por otras comunidades como costarricense. Esta comunidad se acredita y se le acredita una serie de atributos, en principio diferenciadores, considerados como propios, tanto por ella como por otra distinta: espacio geográfico, sistema educativo, hábitos, formas de pensamiento, organización social, distribución de los poderes, integración de la familia, valores, etc. Esos atributos cumplen una función trascendental como criterio diferenciador y contrastivo de la comunidad costarricense respecto de otros grupos humanos. Crean conciencia de grupo, sentido de pertenencia y mismidad, cohesión en sus miembros, autorreconocimiento frente a los otros y heterorreconocimiento respecto del nosotros” (véase la nota 1). Por tanto, señala el lingüista, la costarriqueñidad es social e histórica y, consecuentemente, “implica creaciones, recreaciones y sustituciones, usos, desusos, obsolescencias y muerte”. 


El Dr. Víctor Sánchez Corrales es filólogo, lingüista y lexicógrafo. Fue el primer director del Instituto de Investigaciones Lingüísticas (INIL) de la UCR y creó el programa de investigación Estudios de Lexicografía Hispano-Costarricense (Elexhicós). Laura Rodríguez Rodríguez

Dentro de ese entramado identitario, tal y como menciona el Dr. Sánchez, nuestro dialecto o variedad de la lengua española “constituye uno de los atributos dinámicos que contribuyen a construir nuestra costarriqueñidad”.  

En el plano léxico, el español costarricense tiene varios tipos de transferencias o “elementos diaintegrativos” identificados por Sánchez: el patrimonial español, el indoamericano, el elemento africano, el vocabulario xenista y los préstamos dialectales internos, es decir, de otras variedades del español americano. La adopción del “pura vida” en Costa Rica es un ejemplo del último punto.  

En términos del profesor Sánchez, ese enunciado ahora identitario (en y fuera del país) es un “emigrante léxico”: “a estos rubros léxicos, univerbales o pluriverbales, provenientes de variedades internas del español americano y que se han afincado en nuestro uso lingüístico, gracias a su adecuación comunicativa a la realidad costarricense, los denomino emigrantes léxicos y emigración léxica al respectivo proceso de incorporación”.  

De tal explicación destacamos lo siguiente: el arraigo del emigrante léxico es producto de su adaptación a la sociedad a la que llega. Pero ¿por qué dicho emigrante se quedó en Costa Rica y se adecuó? El estudio del Dr. Sánchez apunta a la importancia del ethos o carácter costarricense asociado con un optimismo ante la vida. En el imaginario, Costa Rica es feliz. 

En palabras del investigador, “el léxico es uno de los componentes lingüísticos que mejor refleja la experiencia de vida de sus hablantes y la variación dialectal”. “Podemos identificar palabras de discurso, univerbales o pluriverbales, como exponentes de nuestra identidad, a pesar de un reconocido o probado origen exógeno, en virtud de reflejar un ethos que denota relieve diferenciador respecto de otras comunidades que [también] tienen la lengua española como elemento de cohesión y de identidad cultural”.  

Este análisis del ethos y del carácter de “pura vida” como emigrante léxico, efectuado por el Dr. Sánchez, nos permite pensar en la complejidad y en el dinamismo de la construcción de las identidades en general (no solo lingüísticas), un proceso donde conviven nociones sobre “lo propio” y “lo ajeno”. En el marco de la existencia de sociedades hostiles con individuos de otras comunidades, esta es una característica que vale la pena visibilizar. 

Nota 1: En este texto, todos los fragmentos entrecomillados son aportes del Dr. Víctor Sánchez Corrales, a quien le agradecemos el habernos compartido su documento personal sobre la “Comunicación de masas y emigración léxica. Del cine clásico mexicano a la conformación de la costarriqueñidad” que aquí citamos. Tal artículo puede ser consultado en la revista Káñina XXXIV (Especial), pp. 173-192.

“Palabrajeando” es una sección del proyecto Esta palabra es mía, un espacio de divulgación lingüística y literaria.
Amanda Vargas Corrales
Filóloga, Oficina de Divulgación e Información
amanda.varvefhgascorrales  @ucrceew.ac.cr

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