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Dr. Carlos Araya Leandro, rector de la UCR
Dr. Carlos Araya Leandro, rector de la UCR Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
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Por Carlos Araya Leandro, rector de la Universidad de Costa Rica

Voz experta: ''80 años han traído la madurez y la experiencia que respaldan la calidad de la educación superior pública de múltiples generaciones''

Discurso del rector Carlos Araya Leandro, durante la celebración oficial del 80 aniversario de la UCR
10 sep 2020Gestión UCR

Desde el año pasado, miembros de nuestra comunidad universitaria se venían preparando para celebrar por lo alto el 80 aniversario de nuestra Institución. Ocho décadas de transformar el país no merecían menos; muchísimas agrupaciones, ensambles, colectivos e individuos se aprestaban a preparar sus mejores repertorios artísticos, literarios, críticos y discursivos para festejarlas al mejor estilo universitario: juntos y reunidos.

El 2020 nos deparó otro tipo de celebración. Hoy no estamos reunidos físicamente, pero seguimos juntas y juntos: la Universidad de Costa Rica cumple ochenta años de ser una fuerza de cohesión en nuestro país, y con la misma fuerza nos sentimos próximos y cercanos, aún con distanciamiento físico, pues sabemos que lo hacemos por solidaridad social. Aunque muchos de esos repertorios no pudieron ser compartidos de forma presencial, la comunidad universitaria ha surgido con resiliencia y determinación para hacer sentir su cercanía aún en la virtualidad.

Quiero saludar con especial atención a cada persona que “es UCR”: estudiantes, personas egresadas, funcionarias, jubiladas, y todas aquellas colaboradoras y colaboradores que han acompañado a la Universidad de Costa Rica desde sus inicios. Todas y todos han contribuido a construir la Institución que hoy es Benemérita de la Patria, y que con orgullo se coloca entre las instituciones mejor valoradas por la población en nuestro país, y a nivel internacional se posiciona como una de las mejores universidades de América Latina según diversas mediciones internacionales.

El momento que vivimos en el mundo nos pone a prueba, pero también es una oportunidad para destacar lo mejor de nosotros, de nuestra voluntad y de nuestras acciones. Por eso, en este octagésimo aniversario, quiero rescatar el valor de estos esfuerzos a la luz de esta coyuntura: si bien cada década vivida ha tenido sus contrariedades, nunca antes habíamos tenido que asumir tantos cambios, tan drásticos y con tal celeridad. Sin embargo, hemos salido adelante, y eso es algo que es digno de reconocer a cada persona que conforma nuestra comunidad. Nuestro agradecimiento por su esfuerzo, y el reconocimiento por su perseverancia.

Nacida en plena época reformista, en la década de los años 40 y bajo el Gobierno del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, la Universidad de Costa Rica ha sido testigo del paso del tiempo y a la vez es protagonista de la historia más reciente de nuestro país. Desde sus campus se han gestado importantes movimientos transformadores de su cultura y su desarrollo democrático, y los logros de quienes han pasado por las aulas de la UCR se acumulan en los anales nacionales e internacionales.

Para una Institución como la nuestra, 80 años han traído la madurez y la experiencia que respaldan la calidad de la educación superior pública de múltiples generaciones, la pertinencia de miles de investigaciones, y el impacto del trabajo en comunidad con alcance nacional.

Hace 63 años, cuando fue inaugurada la entonces Facultad de Ciencias y Letras, el rector Rodrigo Facio Brenes se refería en su discurso inaugural al privilegio y responsabilidad que acompañaba a las y los estudiantes universitarios, por el esfuerzo extraordinario que la Universidad y la sociedad costarricense hacían por darles una mejor y más completa educación. Dada la siempre vigente reflexión del rector Facio, hago mías sus palabras para recordar que esta es una casa universitaria que se debe a sus estudiantes, y que quienes pasan por estas aulas tienen en efecto una enorme responsabilidad hacia la sociedad que ha permitido el privilegio de su educación superior.

Se trata de una relación tan simbiótica, tan orgánica, que no podríamos imaginarnos a Costa Rica sin la Universidad que lleva su nombre, y el contingente de profesionales que se han sumado a brindar aportes al desarrollo para retribuir este esfuerzo desde todas las áreas del conocimiento. Y tampoco podríamos imaginarnos a una Universidad como la nuestra, sin la profunda vinculación que tiene con todos los sectores de la sociedad.

Decía don Rodrigo en su discurso, que la Universidad de 1940 nació como un archipiélago de escuelas profesionales, pero aclara que ese fue el primer paso para crear un continente: hacer de las partes, un todo. A la luz de este momento, 80 años después, es importante reconocer que este ha sido un proceso de continuo crecimiento, que ha estado acompañado del apoyo y soporte de muchas personas e instituciones que han hecho posible este progreso.

En definitiva, el aislamiento nunca ha sido una visión universitaria, y los múltiples logros que podemos mencionar el día de hoy, son producto de un esfuerzo y un mérito compartido con la sociedad.

Hacer un recorrido histórico por los hitos y aportes de la UCR al crecimiento del país, implicaría consultar tomos de información que sería imposible citar esta mañana. Pero me permito hacer un recorrido breve y puntual de algunos de los aportes universitarios que han marcado un antes y un después en la historia de nuestro país.

Debo empezar por citar los Estudios Generales que son intrínsecos a la Universidad de Costa Rica; nacieron para brindar a las y los estudiantes una formación humanística que les permitiera acceder a conocimientos de diversos campos y ramas del saber, mediante la cultura, la sensibilización ante los problemas nacionales y la aplicación de métodos y técnicas para descubrir y transferir el conocimiento.

En el campo de las Artes, la UCR cuenta uno de los acontecimientos más importantes de la actividad escénica nacional de la segunda mitad del siglo XX: la creación del Teatro Universitario, en 1950. La reflexión y crítica desde el arte se ha promovido con muestras de enorme calidad que han llegado a todas las comunidades; y celebramos la recuperación y conservación de obras manuscritas desde mediados del siglo XIX, con la fundación del Archivo Histórico Musical, en 1993.

Desde esta sensibilización se han podido realizar importantes aportes a la cultura costarricense y al desarrollo de las Letras en nuestro país, tanto en filosofía, lingüística, letras clásicas y modernas, como en lenguas, literaturas y culturas extranjeras, siendo cuna de decenas de premios nacionales.

Desde el área de las Ciencias Agroalimentarias, rememoro la pequeña semilla híbrida de una variedad de Papaya que ha cambiado el quehacer de productores nacionales, siendo una innovación desarrollada en la primera estación experimental de la Universidad, la Fabio Baudrit, y mejorada en los diversos centros de investigación de esta área del conocimiento. El sector agrícola nacional ha estado, por décadas, fuertemente acompañado por el desarrollo tecnológico y la incorporación de conocimiento en la producción nacional.

La Universidad de Costa Rica cuenta con el punto de referencia de las Ciencias Básicas en Centroamérica, tanto por la calidad de sus investigadoras e investigadores como por la cantidad de publicaciones y logros científicos. El apoyo con evidencia científica a las acciones de conservación ambiental que hoy son una marca país, pasando por los más adecuados análisis químicos de la contaminación, el estudio del impacto del cambio climático, la búsqueda de nuevas fuentes de energía y los múltiples modelos que permiten proyectar comportamientos naturales y sociales, son apenas unos de estos aportes.

La creación de varias instituciones que hoy día forman parte del Estado Social de Derecho del país, surgió a partir de propuestas del primer instituto de investigación de la Universidad, el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas, desde cuya facultad se han aportado profesionales y pesquisas para el fortalecimiento y desarrollo del sector público y privado, los cuales además contribuyen con la capacitación y elaboración de la política pública del país.

La Escuela Normal de Costa Rica, primera institución costarricense creada con exclusividad para la formación de educadores, se transformó en Escuela de Pedagogía con rango universitario cuando se creó la Universidad de Costa Rica. Posteriormente y desde entonces, la Facultad de Educación se ha ocupado de la consolidación de la educación general básica, el desarrollo de la educación preescolar, la propuesta de la enseñanza diversificada en el nivel secundario, y el fortalecimiento de la educación privada. Somos formadores de formadores.

Por otra parte, el estudio científico sobre la realidad costarricense que ha permitido afianzar el sentimiento nacional y mejorar la sociedad en múltiples aspectos, tales como el conocimiento del pasado ancestral costarricense, indispensable para la reconstrucción de la identidad nacional; las causas profundas de la desigualdad social; el diagnóstico y mejoramiento de la salud mental de la población costarricense; o el conocimiento del medio físico que permite el desarrollo de actividades productivas. No solo estos hitos de las Ciencias Sociales tienen particular relevancia, sino que han aportado incontables reflexiones y críticas de la realidad nacional, fuente de importantes transformaciones.

Asimismo, la evolución del régimen jurídico decimonónico al moderno régimen jurídico que prevalece en nuestro país, se logró gracias a los esfuerzos de múltiples juristas quienes, desde la academia en la Facultad de Derecho y el Poder Judicial, lograron modernas leyes tales como la Ley General de la Administración Pública, la Ley de la Propiedad Horizontal, y la modificación de procedimientos judiciales, entre muchos otras.

Desde el área de las Ingenierías, destaca la introducción de la red internet al país, o ámbitos como la red vial, comunicaciones, energía, edificaciones, industria, producción de bienes y alimentos, software y diseño estructural, que han sido aportes fundamentales para la promoción del desarrollo nacional, la igualdad de oportunidades y el bienestar social e institucional. En una región tan sísmica como la nuestra, basta mencionar las miles de vidas que se han salvado gracias a la construcción y diseño de edificaciones y obras civiles que siguen nuestro moderno código sísmico, desarrollado con la colaboración de especialistas de la UCR, para atender las condiciones específicas de nuestro país.

El campo de la Salud no podría dejar de mencionarse: lo hemos visto en la innovación, formulación y control de calidad de medicamentos; en la descripción de especies autóctonas que permitieron el desarrollo de la parasitología; en el estudio de problemas genéticos únicos de la población costarricense; en el desarrollo de la salud oral de niñas y niños y, por ende, la mejora de los indicadores de salud de la población; y por supuesto, en el desarrollo de medicamentos y sueros que podrían ayudarnos a perseverar en esta coyuntura pandémica, como uno más de los aportes que múltiples facultades están realizando con esta misión. Nuestro país ha mejorado su esperanza de vida gracias a los múltiples aportes de mujeres y hombres dedicados al estudio del cuerpo humano, su nutrición, su cuidado y sus interacciones.

Hoy, la Universidad madura y sólida que nos recibe, es lo que es, gracias a la herramienta democratizadora de la educación superior en que ha convertido la regionalización de la educación superior pública, tras 52 años desde la creación de la primera Sede Regional universitaria, que hoy conocemos como Sede de Occidente. Lo es por el intercambio de saberes y conocimientos que ha permitido la internacionalización, y por la especialización de profesionales de alto nivel con un Sistema de Estudios de Posgrado único en el país.

No menos importante, el movimiento estudiantil que ha sido un baluarte en la defensa de los derechos de las y los estudiantes a lo largo de más de seis décadas, aunque sus orígenes como agente de transformaciones sociales y políticas para el país se gestó desde mucho antes que la propia Institución.

Este aniversario, además, gratamente coincide con la entrega del Premio Rodrigo Facio Brenes en la edición 2020, que este año se otorga al Dr. José María Gutiérrez Gutiérrez. Si bien son ampliamente reconocidos sus aportes a las ciencias y a la microbiología durante décadas de trayectoria, quiero destacar el pensamiento humanista que le ha acompañado en sus múltiples facetas como investigador, docente y facilitador de proyectos de acción social determinantes en la educación y la salud pública del país.

No solo en Costa Rica se han quedado estos aportes, sino que su preocupación por trasladar sus conocimientos a los distintos sectores de la Universidad y la sociedad ha trascendido fronteras. El Premio Rodrigo Facio se une a numerosas distinciones que don José María ha recibido por su labor científica, y por el impacto social de dichas investigaciones. Es un orgullo para nuestra comunidad universitaria celebrar este aniversario con tan esperado premio; muchas felicidades de antemano José María.

La Universidad de Costa Rica ha demostrado, durante sus ocho décadas de vida, una fuerte dedicación y compromiso con la sociedad a la que se debe. Ninguna presión externa, ni ninguna afrenta política, podrán nunca ponerlo en duda, a pesar de que intenten cuestionar su valor o pertinencia.

Si la visión universitaria se hubiese reducido a la visión mercantilista de la educación que algunos grupos han intentado imponer, no tendríamos múltiples innovaciones colocadas en el país ni en el extranjero. Y todas han sido producidas gracias a la riqueza que brinda la puesta en común de ideas diversas.

Esta universidad es, verdaderamente, “de” Costa Rica, con 80 años de transformar el país, y así lo seguirá haciendo. Lucem aspicio; sigamos buscando la luz.

Dr. Carlos Araya Leandro
Rector, Universidad de Costa Rica
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