Por: Dra. Marianela Cortés Muñoz, directora de Proinnova-UCR
Voz experta: La respuesta científica y tecnológica de Costa Rica ante la pandemia es el resultado de la inversión en educación pública superior de alta calidad
Soluciones de alto valor ante el COVID-19 demuestran lo que como país nos hace diferentes y destacados
En el contexto actual los retos que enfrentamos como sociedad
son cada vez más complejos y la capacidad innovadora es
probablemente la única apuesta viable para salir adelante y
generar un desarrollo social y económico sustentable.
Las universidades públicas, en nuestro país, desarrollan
actividades sustantivas de docencia, investigación y acción social
o extensión y es precisamente la co-existencia de esas actividades
lo que les permite ser focos de desarrollo regional y actores de
suma importancia en el sistema nacional de ciencia y tecnología
para la innovación.
Las
universidades públicas además, de ser formadoras de capital humano,
son las principales generadoras de investigación y
conocimiento. Solo la UCR genera aproximadamente el 50 % de las
publicaciones científicas en nuestro país y el 23 % en
Centroamérica y aumenta el número publicaciones año con año,
de acuerdo con los datos de Scopus de los últimos 5
años.
Otro dato relevante
es que el país
invierte solo el 0,39 % del PIB en investigación y desarrollo (I+D)
y la mayor parte de esa inversión proviene de la Academia
(MICITT, 2018). Un reto
importante es estimular y generar incentivos para que el sector
privado invierta más en estos temas. Los países líderes en
innovación y mejor posicionados en términos de competitividad en el
mundo invierten muchísimo más que nosotros en investigación y
desarrollo. En el
caso de la UCR, esta cuenta con un dinámico ecosistema interno de
innovación donde interactúan, todos los días, más de 50.000
personas entre estudiantes, docentes-investigadores y
administrativos. Cada
día nuevas ideas germinan en los cursos, los proyectos, los
espacios académicos y otras actividades; muchos actores
universitarios trabajan también en comunidades del
país.
"Las soluciones que se plantean y que se están materializando desde la UCR y otras universidades no surgen por generación espontánea. Son posibles porque la Universidad ha formado capital humano del más alto nivel, y dotando de infraestructura esencial a las actividades de ciencia y tecnología como por ejemplo, laboratorios de investigación, plantas piloto y laboratorios de prototipado y también la compra de equipamiento especializado".
Dra. Marianela Cortés Muñoz.
Podemos dar soluciones a los problemas reales
La Universidad mantiene una intensa colaboración con el sector
social y productivo del país como parte de su fuerte compromiso con
la sociedad y el desarrollo de Costa Rica. La visión de conectar
ese ecosistema interno con la sociedad se ha traducido en la
creación de una serie unidades de apoyo especializadas y programas.
Esto marca, sin duda, la evolución del ecosistema y potencia
el impacto del conocimiento gestado en la UCR para la sociedad.
Entre esas unidades de apoyo está la unidad de transferencia
de conocimiento y tecnología Proinnova-UCR, su incubadora de negocios AUGE-UCR, el laboratorio colaborativo de innovación
pública Innovaap-UCR de la Escuela de Administración
Pública y el ProtoLab-UCR, un espacio maker para
protipado. Lo más importante de este ecosistema es lograr
conectarlo con las necesidades de la sociedad.
La vinculación es una obligación para las universidades
públicas y esto puede hacerse de muchas maneras. Cada año alrededor
de 5 000 estudiantes de la UCR aportan más de un millón de horas
de trabajo comunal universitario a las comunidades. La
Universidad cuenta además con una oferta de más 1 800 productos
y servicios para el sector externo (PYMES, emprendedores,
instituciones públicas, sociedad civil, etc.) que incluyen cursos
de capacitación, servicios de salud, consultorías y asesorías,
servicios tecnológicos, análisis de laboratorio, venta de sueros,
ventas de productos para el agro, libros, etc. Por otro lado, a
través de Proinnova-UCR, empresas costarricenses y extranjeras,
han obtenido licencias de propiedad intelectual institucional de
patentes, secretos industriales, diseños de utilidad o diseños
industriales que les han permitido innovar. En este momento
tenemos 27 contratos de licencia vigentes. Fruto de la gestión de
los últimos años, la sociedad disfruta de más de 50 productos y
servicios innovadores y se han creado ocho empresas de base
tecnológica.
Estas empresas derivan de una labor conjunta desarrolla entre
Proinnova-UCR y AUGE-UCR y se está trabajando actualmente en
otras siete potenciales nuevas empresas basadas en ciencia y
tecnología con licencia de propiedad intelectual generada en la
UCR. Proinnova-UCR gestiona además, en estos momentos, 59 casos con
potencial innovador provenientes de la investigación realizada en
diferentes áreas del conocimiento y AUGE-UCR tiene 136 proyectos de
emprendimientos activos. Esta experiencia en la gestión del apoyo a
emprendedores que tiene AUGE-UCR los llevado a unirse a una
iniciativa internacional impulsada por el Centro de Innovación y
Emprendimientos (CIE) de la Universidad ORT Uruguay, junto con la
incubadora daVinciLabs de la Fundación da Vinci y lanzar en Costa
Rica un hackathon para buscar soluciones a problemas
generados por el COVID-19, con el apoyo del SBD, MEIC, PNUD y
Proinnova-UCR, entre otros.
La Universidad y el COVID-19
Siempre en el contexto del COVID-19, las soluciones que se
plantean y que se están materializando ahora, desde la UCR y otras
universidades no surgen por generación espontánea. Son posibles
porque la Universidad ha venido formando capital humano del más
alto nivel, dotando de infraestructura esencial a las actividades
de ciencia y tecnología como por ejemplo laboratorios de
investigación, plantas piloto y laboratorios de prototipado y
también la compra de equipamiento especializado.
Es precisamente el equipamiento de alta tecnología que tiene
el Centro de Simulación en Salud de la Escuela de Enfermería lo que
permitió hacer pruebas, con modelos robóticos y otros
recursos de alta tecnología, para el proyecto “Respira UCR” y así avanzar en su
validación. En ese proyecto han venido trabajando
docentes-investigadores de física, ingeniería mecánica y artes
plásticas y ahora con docentes de la Escuela de Enfermería y un
terapeuta respiratorio. ¿Cómo se manifiesta la conexión con el
sistema de innovación del país en relación con esta iniciativa; es
decir como se integran otros actores? La Caja Costarricense del
Seguro Social deberá dar el permiso para continuar con el proceso y
las empresas interesadas que tienen la capacidad podrán producir
los respiradores para que así puedan estar disponibles para las
personas. Sin duda otros actores podrán sumarse al esfuerzo.
Adicionalmente la Facultad de Ingeniería está entregando
protectores faciales a los hospitales de la CCSS para proteger al
personal del área de salud que está en la primera línea de acción
para enfrentar este gran desafío. Su fabricación inició en el seno
de la Universidad, por iniciativa de un grupo de
docentes-investigadores de la Escuela de Ingeniería Eléctrica, con
el diseño y la posterior impresión utilizando impresoras 3D. Esto
es ahora apoyado por muchas otras personas que se han sumado sus
equipos para imprimir la mayor cantidad posible.
Investigación básica y aplicada: ambas son necesarias
Quisiera ahora traer a reflexión el hecho de que el
financiamiento de la investigación básica es fundamental y
estratégico para el país. En la UCR se lleva a cabo ese tipo de
investigación y mencionaré más adelante algunos ejemplos y su
potencial aplicación. La curiosidad y la necesidad de comprensión
de los fenómenos lleva al planteamiento de los grandes problemas de
investigación; es a través de la investigación científica que
logramos mover la frontera del conocimiento y conocer mejor el
mundo en el que vivimos. A esta le llamamos investigación
básica y es la que nos permitirá en algún momento generar
innovación disruptiva, aquella que cambia la forma en que hacemos
las cosas. A partir de esos conocimientos que algunos han llamado
“inútiles” por que no se les ve la aplicación inmediata, es que se
puede luego plantear la investigación aplicada y de ahí movernos al
desarrollo tecnológico que, mediado por procesos de transferencia
de tecnología, lleva el conocimiento a los usuarios y beneficiarios
provocando beneficios económicos y sociales. Eso a su vez debería
generar más opciones de financiamiento y alimentar de nuevo el
círculo virtuoso (ver gráfico). La economista italiana Mariana
Mazzucato, asesora de la Unión Europea en temas de innovación, ha
señalado que la inversión en investigación básica en las
universidades públicas en Estados Unidos en los años setentas dio
pie, muchos años más tarde, a la generación de las tecnologías que
han usado los llamados “gigantes tecnológicos” para desarrollar sus
negocios. Silicon Valley se ha alimentado de la inversión pública
en investigación básica.
Adaptado de
Villegas, 2019.
Ejemplos de esto. La investigación de la ecología de las
hormigas desarrollada en el Centro de Investigación en Biología
Celular y Molecular (CIBCM-UCR) y liderada por el Dr. Adrián Pinto
y el trabajo conjunto con la Universidad de Wisconsin-Madison y la
Universidad de Harvard permite descubrir, en 2016, una molécula con
potencial de convertirse en antibiótico. Esa molécula se llama
Selvamicina por que fue descubierta en la estación Experimental La
Selva de la OET, aquí en Costa Rica. Tenemos una solicitud de
patente, proceso que gestiona Proinnova-UCR en conjunto con las
oficinas de transferencia de las otras universidades mencionadas.
Confiamos en que eventualmente esto llegue a materializarse en un
nuevo medicamento.
Volvamos al contexto actual. Se han publicado ya varias
noticias de que la Universidad podría producir un medicamento para
las personas que estén gravemente enfermas con el COVID 19. Esto
requiere, como bien se ha explicado, capacidades ya desarrolladas,
no es algo que surge de la noche a la mañana. El Instituto
Clodomiro Picado (ICP) tiene una larga trayectoria y produce con
éxito sueros antiofídicos para el país, la región Centroamericana y
países muy lejanos.
El Instituto Clodomiro Picado salva vidas
Este Instituto desarrolla desde hace muchos años investigación
básica y aplicada y adicionalmente ha diseñado procesos de
desarrollo tecnológico que ha incorporado con éxito en su planta de
producción de sueros. Producto de toda esa experiencia hace 12 años
empezó trabajar el tema de hemoderivados para humanos. Gracias al
trabajo conjunto con los investigadores del CIP, Proinnova-UCR ha
gestionado el proceso que ha llevado a tener una patente otorgada
en numerosos país y una licencia para que una empresa colombiana
lleve el producto al mercado mundial. Ciencia costarricense, con
sello UCR, impactando más allá de nuestras fronteras. Proteger el
conocimiento que deriva de la labor de investigación le permite a
la Universidad tomar decisiones estratégicas para nuestro país y
también sobre como favorecer que el uso de ese conocimiento
beneficie a las personas y permita salvar vidas en otras latitudes.
La visión además siempre ha sido que el ICP produzca los
hemoderivados para Costa Rica y Centroamérica.
El escalamiento de la tecnología desarrollado en el Instituto
le abre la posibilidad ahora de responder a la crisis del COVID 19
y, como se ha mencionado, si se da luz verde al trabajo conjunto,
el Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en
Nutrición y Salud (Inciensa), junto con el Laboratorio Clínico y el
Banco de Sangre de la Universidad de Costa Rica (LCBS-UCR) también
podrían sumar fuerzas bajo la coordinación de la CCSS. Se ha
mencionado que el ICP tardaría alrededor de un mes en producir el
medicamento desde el momento que las personas que se han curado
donen su plasma.
En medio de esta crisis sanitaria, en la Universidad
seguimos trabajando, de forma presencial algunos y de forma remota
otros, desde múltiples ámbitos y siempre con la visión de poner las
capacidades y el conocimiento al servicio del país. Tenemos, y
no “por suerte”, no solo conocimiento sino experiencia derivada de
lo que hemos venido haciendo desde hace muchos años. La Universidad
de Costa Rica es la Universidad para Costa Rica y tiene claro, en
su función como creadora de conocimiento, que debe seguir
trabajando para aportar también aquello que los actores de la
sociedad aún no han imaginado que necesitan.

