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Dra. Marga Vicedo visitó la UCR

El autismo nos revela dicotomías de la ciencia

20 mar 2014
Para la profesora e investigadora del Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia y la …
Para la profesora e investigadora del Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología, de la Universidad de Toronto, es necesario ampliar los datos del autismo en Latinoamérica (foto Anel Kenjekeeva).

El autismo nos permite darnos cuenta como cambia el pensamiento científico a través del tiempo, lo necesarias que son las evidencias científicas para explicar una enfermedad, el poder plantearnos una serie de dicotomías entre lo innato y lo ambiental, entre lo emocional y lo cognitivo y cuáles son los criterios que se emplean para decir que alguien está en una condición fuera de la normalidad.

Así lo afirmó la Dra. Marga Vicedo, profesora e investigadora en el Instituto para la Historia y la Filosofía de la Ciencia y la Tecnología, de la Universidad de Toronto, Canadá, quien estuvo de visita en la Universidad de Costa Rica (UCR) e impartió una conferencia como parte del programa de profesores visitantes que tiene el Centro Centroamericano de Población (CCP).

En su exposición titulada La ciencia de los afectos en el contexto histórico: visiones del autismo, Vicedo agregó que el autismo nos permite ver claramente como cada vez más se acentúa en la sociedad la biologización del comportamiento, porque cada vez más las enfermedades se explican a través de estudios genéticos o del funcionamiento del cerebro.

Ella es autora del libro The Nature and Nurture of Love: From Imprinting in Ducks to Attachment in Infants también conocido como The Nature and nurture of mother love: From imprinting to attachment in cold war in America en español La naturaleza y la crianza de amor: Desde la impronta hasta el apego en la guerra fría de América. Ella ha hecho investigación en Estados Unidos y Canadá sobre lo que es la historia de la genética y la historia del amor materno y el papel que juegan las emociones en el ser humano.

Está sorprendida por la gran cantidad de casos de autismo diagnosticados en Estados Unidos y también por la gran inversión económica en ciencia para esta enfermedad.

El autismo hoy se reconoce como un trastorno que sufren algunas personas en el campo de la socialización, de la empatía y la comunicación, pues tienen problemas de lenguaje, falta de interés por el entorno y una obsesión por mantener el orden, entre otras cosas. Por lo general se diagnostica en la niñez.

En la actualidad se tiende más a considerarlo como una forma diferente de ser, de personas que tienen capacidades diferentes, igual que los casos de Asperger (que es una manifestación más leve del autismo).

Marga Vicedo rechaza categóricamente la culpabilidad que se ha hecho de las madres de niños y …
Marga Vicedo rechaza categóricamente la culpabilidad que se ha hecho de las madres de niños y niñas autistas, porque los múltiples estudios efectuados carecen de evidencia científica y no se han podido replicar ni probar (foto Anel Kenjekeeva).

Vicedo manifestó que cada vez es más aceptada la teoría de los cerebros diversos para explicar estos casos y concretamente el autismo desde una visión extrema de un cerebro masculino. Además resaltó la gran cantidad de investigaciones genéticas que se hacen relacionadas con el autismo, pues se pretende secuenciar el genoma completo del autismo, identificar mutaciones y proponer terapias, porque se considera que este es un trastorno con base genética.

Esas son teorías exitosas de la actualidad, comentó la expositora, quien acepta que “estamos frente a un pensamiento reduccionista, que se afianza cada vez, con los estudios genéticos”, pero que estos han ayudado a ir cambiando las anteriores concepciones.

El papel de los afectos

La Dra. Marga Vicedo citó el trabajo de Leo Kanner, psiquiatra de Universidad de John Hopkins, quien es el primero en hablar de autismo y de diagnosticarlo, en 1943. Kanner publica un articulo con una colección de ocho casos de niños y tres de niñas con muchas peculiaridades que terminan diagnosticados por él con el síndrome del autismo.

“La característica esencial de esta enfermedad es la falta de empatía emocional, es una alteración del contacto afectivo, una enfermedad de los afectos,”, expresó Vicedo.

Para esta investigadora española lo importante es plantearse si se trata de una enfermedad con un origen orgánico o si como lo plantearon por años muchos científicos surge a partir de la falta de afecto de la madre.

Vicedo rechaza categóricamente la culpabilidad de las madres de niños y niñas autistas, porque según dijo “los múltiples estudios efectuados carecen de evidencia científica y no se han podido replicar ni probar”. Añadió que la Teoría del Apego plantea como esencial en la parte emocional el contacto físico madre-hijo, como un elemento determinante para el desarrollo de la persona. ”Apoyado en estudios de este tipo no se puede decir que una persona que ha carecido del afecto de su madre vaya a ser un psicópata o un sociópata, afirmó.

Para su criterio no hay base científica para asegurar que los afectos sean tan determinantes de la condición humana. Además le parece importante estudiar el papel del padre en relación con la estabilidad emocional del hijo o la hija.

La profesora e investigadora se encuentra escribiendo un nuevo libro tomando el ejemplo de Clara …
La profesora e investigadora se encuentra escribiendo un nuevo libro tomando el ejemplo de Clara Park, madre de una niña autista y autora del libro titulado Ciudadela Sitiada:los primeros ocho años de una niña autista (foto Anel Kenjekeeva).

Actualmente la expositora escribe un nuevo libro tomando el ejemplo de Clara Clairborne Park,  madre de una niña autista y autora del libro titulado Ciudadela Sitiada:los primeros ocho años de una niña autista, en donde ella rechaza esa culpa. Vicedo afirmó que Park en resumen dice: “me da igual lo que digan todos los científicos, pero de ninguna manera mi hija es autista porque yo no la quiero”.

Culpar a las madres

Algunos estudios científicos que han influenciado en las concepciones que se manejaron alrededor del autismo en el siglo XX, Vicedo citó los de John Bowlby, quien analizó niños y niñas de hospicios de huérfanos en México y en cárceles de Estados Unidos. La expositora indicó que él determinó que el ambiente no influyó para la estabilidad emocional de los menores cuando tuvieron relación con sus madres, mientras que a los otros que tenían todo lo necesario, pero no el contacto con sus madre, no se desarrollaron bien.

También mencionó las investigaciones de Harry Harlow, quien trabajó  sobre motivación y conducta afectiva y emocional con monos y madres sustitutas y que le sirvieron para resaltar la importancia de los estímulos secundarios (calor corporal) en las relaciones de la madre con el recién nacido. Con esos trabajos concluyó que al carecer de madres afectivas no aprendían lo que se cree que se hace por instinto, como es copular.

Vicedo informó que hay otros estudios  que se han centrado en los efectos medioambientales como los de Bruno Bettelheim, psicoanalista de Viena muy respetado, quien “convierte el autismo en una metáfora”, según indicó la expositora, pues asegura que el mundo mecanizado y tecnológico es el que genera autismo. “Él plantea que los afectos es lo que constituye nuestra humanidad y que en su ausencia lo que queda es una existencia mecanizada”.

Este científico es reconocido por la gran cantidad de niños que curó de autismo con sus terapias. A partir de 1970 las terapias exitosas en este campo son las inducidas o conductuales que cambian el comportamiento. Lo que está claro es que esas terapias funcionan, dijo la expositora.

También citó el Premio Nobel en Fisiología de 1973, Wiko Timbergen, quien hizo estudios sobre el instinto animal y a partir del Imprinting que analizó trató de extrapolar algunos resultados a humanos. “No hay prueba científica para extrapolar el imprinting”, aseveró la conferencista, quien rechaza también la conclusión de ese científico de que el autismo se genera en niños afectados por un conflicto motivacional de sus madres.

La expositora detalló que a partir 1980 se comenzó a recontextualizar el autismo como condición, se comenzó a hablar como un trastorno y se inició la lucha por los derechos educativos de esas personas.

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