Superar la enfermedad social de la desinformación empieza por la escucha
Congreso ALAP 2026, Universidad de Costa Rica. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
Las personas tienen cosas que decir respecto a su
bienestar y deben tener opinión sobre la información
con la que se decide el cambio en sus condiciones de
vida actuales y futuras. El acceso democrático a la
información debe reconocer esa
titularidad individual y colectiva de los datos con
los cuales los gobiernos toman
decisiones.
Ese fue el énfasis de la conferencia ofrecida por Juan Luis
Bermúdez, jefe de la Oficina del Fondo de Población de las Naciones
Unidas (UNFPA) en Costa Rica, que a la
vez advirtió que esa democratización de acceso a la
información estadística de la población supera la idea de
divulgación, que no se trata de una página web más, ni
un nuevo acceso libre a datos, ni un taller, ni un
video adicional. Se refiere, sí, al establecimiento de una
nueva conversación.
“En datos hay más que un sujeto pasivo, hay personas ciudadanas que
deben ser visibilizadas con derecho a su información y que deben
tener capacidades para incidir con su voz”,
dijo.
Bermúdez participó como conferencista durante el XII
Congreso de la Asociación Lationoamericana de Población
(ALAP) 2026 que abordó el tema de la democratización de la
información como uno de sus ejes.
La tarea no es simple, pues la realidad muestra hechos que
perjudican la capacidad de las personas de conocer la información
sobre la cual se toman decisiones. Al respecto, Bermúdez
indicó que entre un 80 % y 90 % de la
información que existe sobre las poblaciones hoy está en
manos privadas.
Un proyecto de vida y de nación
La escucha y la nueva conversación supondría un liderazgo estratégico de las instancias estadísticas nacionales, la apertura de espacios de discusión no tradicionales, segmentación de públicos y mensajes con la capacidad de provocar el diálogo y la deseada escucha para crear diseños participativos de proyectos de vida y de nación.
El cierre de un servicio de cuido por ejemplo debería importar a
la comunidad afectada que debe conocer la información que justifica
ese posible “deterioro” de sus condiciones de vida actuales y
futuras.
Su propuesta, presentada a los cientos de conferencistas de ALAP
2026, propone la reconstrucción de base de los destinos de las
comunidades, los territorios y las naciones. Es un devolver a la
gente la capacidad de incidir.
Con esta visión Bermúdez cree que se debe avanzar como sociedades para reposicionar el conocimiento como valor y superar el descrédito de la ciencia y de los propios hechos.
Juan Luis Bermúdez, especialista en sistemas de protección y seguridad social, salud y DDHH, jefe de la Oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Costa Rica. Foto: cortesía de Juan Luis Bermúdez.
De la era del conocimiento a la desinformación
La ruta que ha seguido el conocimiento se proyectaba hace más de
50 años por autores y pensadores como Michael Dell, Peter
Drucker y Alvin Toffler, quienes señalaban que la información
y el saber serían la principal fuente de riqueza, pero la
ilusión democratizadora que acompañaría este proceso no se
generó.
Por el contrario, la asimietría en el acceso a la información
y a las opciones tomó la otra deriva. La información entonces deja
de ser democrática pues se genera y utiliza de manera
jarárquica, elitista o es utilizada de forma discriminatoria.
Hoy, señaló Bermúdez, hay personas ciudadanas que deben ser visibilizadas y se les debe permitir tomar decisiones para cambiar sus condiciones de vida en lo más cotidiano.
La desinformación ataca los hechos, desacredita a las instancias que manejan la información demográfica en el peor momento pues las sociedades enfrentan los retos de un perfil demográfico complejo, baja y ultrabaja natalidad, desigualdad, una población en proceso de envejecimiento que además convive con tasas no deseadas de fecundidad adolescente, más un bajo impacto de las políticas públicas.
Compartir información falsa, inexacta y manipulada para causar perjuicio se potencia con las burbujas digitales y el sesgo de los algorítmos. Este ambiente confuso genera sobrecarga de información, ansiedad, confusión, parálisis e incapacidad para reaccionar a tiempo a los cambios tecnológicos.
Frente a la desinformación, comenta Bermúdez, ninguna institución ni sector puede solo, pero, específicamente las entidades que manejan los datos demográficos tienen el deber de no condenar a las sociedades a que se tomen las decisiones sin datos, por lo que la tarea de democratizar la información es el freno a la desinformación.




