Estudiantes de la UCR llevan el talento tico a una de las competencias más prestigiosas de la ingeniería aeroespacial en Estados Unidos
Ocho estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Costa Rica (UCR) pondrán a prueba cientos de horas de trabajo y esfuerzo en uno de los desafíos internacionales más exigentes de la ingeniería aeroespacial estudiantil: hacer que un rover —vehículo diseñado y construido por el equipo— sea lanzado en un cohete, descienda en pleno desierto de Nevada y, de manera completamente autónoma, cumpla una misión en tierra.
El reto será parte de ARLISS —A Rocket Launch for International Student Satellites—, una competencia mundial que se realiza en septiembre de cada año en el desierto de Black Rock, Estados Unidos.
En esta ocasión, de los ocho integrantes, seis y un mentor viajarán para representar a la UCR y a Costa Rica como la única delegación centroamericana de esta edición, en la que competirán con más de 15 grupos provenientes de distintos países.
“Para nuestro equipo es un gran honor poder representar a la UCR y a Costa Rica en la competencia. ARLISS nos permite presentar el tipo de trabajo innovador que se desarrolla en la Universidad de Costa Rica y en el Grupo de Ingeniería Aeroespacial (GIA). Además, creemos que participar en estos espacios contribuye a visibilizar el potencial que existe en el país para desarrollar proyectos de alcance internacional”, aseguró Frida Jiménez, una de las líderes de la comitiva y estudiante de Ingeniería Mecánica de la UCR.
El equipo costarricense lleva por nombre “Jade” y también es liderado por Sofía Múnera quien, al igual que Jiménez, es estudiante de Ingeniería Mecánica.
Ambas guían la delegación tica conformada por Juan Esteban Giraldo Echeverry, Yosdeny Faubricio López Trejos, Andy Emmanuel Cruz Hernández, Isaac Bustamante Mora, Kiara Lynsue Rosales Monge, Jake Guevara Chavarría, de las carreras Ingeniería Mecánica, Eléctrica y Química, todas de la UCR.
Por supuesto, en este desafío no están solos. El equipo Jade cuenta con el respaldo de dos mentores. El primero es el Ing. Francisco Segura, egresado de Ingeniería Eléctrica de la UCR; y Daniel Picado, estudiante avanzado de Ingeniería Mecánica de la UCR.
“Para representar a Costa Rica en esta competencia, uno de los mayores retos que enfrentamos fue adaptarnos a las situaciones que surgían durante el desarrollo del proyecto. Aprendimos a no frustrarnos y aprovechar situaciones imprevistas para mejorar como equipo. Muchas veces las cosas no salían como esperábamos, pero siempre seguimos intentando y aprendiendo de nuestros errores”, recordó Jiménez.
“También tuvimos que mantener un balance entre la elaboración del rover, las responsabilidades universitarias y el tiempo de descanso. Todo este proceso nos ayudó a mejorar nuestra organización, apoyarnos como equipo, y entender que los obstáculos son parte importante del aprendizaje”, agregó Jiménez. ¡En buena hora!
El ARLISS es una iniciativa que nació en 1999 de la colaboración entre Stanford University, académicos de otras universidades y miembros de la Association of Experimental Rocketry of the Pacific (AeroPAC).
Aquí vemos al proyecto Lázaro, el rover de la UCR que competirá en el ARLISS.
La actividad abre nuevas oportunidades para llevar los conocimientos adquiridos en las aulas a escenarios reales de experimentación, donde deben diseñar, construir, programar y poner a prueba soluciones tecnológicas bajo condiciones de alta exigencia. Foto cortesía de Frida Jiménez.
Con más de dos décadas de trayectoria, este reto se ha convertido en un escenario internacional de alto nivel para que estudiantes de distintas universidades del mundo pongan a prueba su talento y sus capacidades en ingeniería aeroespacial.
Por lo tanto, la presencia de la UCR es invaluable y demuestra que está a la altura de competir con el mejor talento aeroespacial en formación proveniente de distintos países.
Asimismo, da la posibilidad de que Costa Rica muestre más allá de sus fronteras las capacidades desarrolladas desde las universidades públicas del país, así como la habilidad de las y los jóvenes ticos para crear proyectos de gran complejidad en el área de la ingeniería.
¿Cómo llegaron ahí?
Llegar a la competencia no fue sencillo. El equipo ha trabajado durante aproximadamente ocho meses en el diseño y construcción del proyecto Lázaro, una iniciativa que forma parte del Grupo de Ingeniería Aeroespacial (GIA) de la UCR.
El proyecto Lázaro es, justamente, la creación del rover de la misión, un vehículo autónomo de dos ruedas, ensamblado con piezas de aluminio e impresión 3D y programado mediante una placa de circuito impreso (PCB).
Durante la competencia, el rover deberá ser transportado dentro de un cohete y lanzado a una determinada altura, que puede ser alrededor de 3,4 a 3,7 kilómetros, aproximadamente. Alcanzada la altura prevista, la carga es desplegada y comienza el descenso.
Una vez que descienda, y esté sobre tierra firme, el rover deberá completar de manera autónoma una misión que consiste en desplazarse por el terreno, transportar una bandera hasta una meta previamente establecida y colocarla de manera que permanezca en pie durante al menos un minuto.
El objetivo es que el rover complete las cinco fases sin fallas: lanzamiento, despliegue, aterrizaje, navegación autónoma y misión artificial, integrando sensores, telemetría, programación y diseño mecánico.
“Lo más novedoso de nuestra propuesta no está en una sola pieza o mecanismo, sino en la forma integral en que desarrollamos Lázaro. En la parte mecánica, la estructura cuenta con elementos de alta resistencia para amortiguar el impacto del aterrizaje tras ser expulsado desde un cohete a alta velocidad. Además, integra un sistema electrónico robusto que garantiza la comunicación constante con la base en tierra”, explicó Sofía Múnera. Lázaro también es resultado de la experiencia acumulada.
La participación de la UCR en ARLISS 2026 no es nueva y forma parte de una trayectoria que el grupo GIA-UCR ha construido durante los últimos años en escenarios internacionales vinculados con la cohetería y la exploración aeroespacial.
Una gran parte del equipo ya había colaborado en otros proyectos dentro del Grupo de Ingeniería Aeroespacial (GIA), lo que ha facilitado integrar conocimientos previos.
Entre los aprendizajes retomados se encuentran el dominio avanzado de herramientas de diseño, la optimización del trabajo multidisciplinario y el uso correcto de las máquinas del taller de mecánica para la manufactura precisa de los elementos estructurales.
Asimismo, se heredó la experiencia de varios compañeros y compañeras que les permitió anticiparse a los fallos por vibración y optimizar la integración de los sistemas electrónicos y mecánicos desde las fases tempranas del diseño. Fotografía cortesía de Frida Jiménez.
Entre sus participaciones más recientes destacan las realizadas en el 2018, el 2024 y el 2025. En la edición del 2025, la UCR elevó su apuesta al participar con dos equipos.
Uno fue en la categoría avanzada, encargado del desarrollo de un dron autónomo, y otro en la categoría básica, que diseñó un rover capaz de desplazarse de manera autónoma hasta una meta establecida.
Estas experiencias se sumaron a mejorar el proyecto Lázaro para perfeccionar el diseño, la programación y los sistemas de navegación del rover, en una propuesta más robusta, inteligente y preparada para cumplir con los objetivos de la misión en el desierto de Black Rock, Nevada.
“Para esta edición de la competencia implementamos mejoras mecánicas y electrónicas respecto a los diseños anteriores. En primer lugar, optimizamos el sistema de tracción rediseñando los acoples entre la llanta y el motor para hacerlos mucho más resistentes, al evitar que los ejes de los motores patinen o fallen ante los terrenos irregulares a los que el rover se va a exponer”, señaló Múnera.
Asimismo, se diseñó un soporte específico para proteger los motores ante impactos fuertes durante el aterrizaje. En cuanto al sistema de recuperación, en esta ocasión también se integró un paracaídas conectado al chasis mediante una cinta métrica. Lo anterior permite mantener una distancia segura y controlada entre el paracaídas y el rover tras el despliegue.
Así, una vez completado el descenso de forma controlada, el siguiente paso será que el rover avance de manera autónoma hasta la meta designada, transporte la bandera y logre plantarla para que permanezca en pie durante al menos un minuto.
“Para hacer posible que la bandera se libere, se diseñó un base que sostiene la bandera, que estará atado al rover por medio de hilo de nylon y este se derretirá por medio de ignitores. Adicionalmente, para guiar el vehículo hasta la meta de forma totalmente autónoma, en la parte electrónica se hizo una placa de circuito impreso (PCB), diseñada a la medida para gestionar la distribución de energía y la conexión de sensores”, precisó Múnera.
La expectativa
Independiente del resultado, para el equipo de la UCR el hecho de participar en esta competencia ya significa una oportunidad la cual demuestra que Costa Rica posee las capacidades para desarrollar proyectos innovadores, que llevó meses de trabajo, pruebas, aprendizaje y colaboración entre estudiantes de distintas áreas de la ingeniería.
“Al volver de la competencia, nuestro objetivo es aprovechar lo aprendido para fortalecer nuestras capacidades y contribuir al crecimiento del Grupo de Ingeniería Aeroespacial. Esperamos que este proyecto pueda servir como base para futuras iniciativas. Además, nos gustaría que compartir nuestra experiencia permita a otras personas conocer este tipo de oportunidades y animarse a llevar sus propias ideas cada vez más lejos”, manifestó Jiménez.
La delegación costarricense salió a Nevada el 11 de septiembre del 2026 para enfrentar el reto en condiciones reales de operación. El evento se llevará a cabo durante la semana del 14 al 18 de septiembre del 2026.




