El valor de rescatar y preservar la memoria afrodescendiente en Costa Rica
Este libro fue escrito por la historiadora Carmen Hutchinson Miller (izquierda), el ingeniero y gestor Roy McDonald Bourne, y la lingüista y académica Marva Spence Sharpe, y se publicó en agosto del 2026. Foto: Anel Kenjekeeva.
El libro Rescatando la memoria: dos encuentros históricos afrocostarricenses 1978-1996, de Carmen Hutchinson Miller, Marva Spence Sharpe y Roy McDonald Bourne, recupera documentos, fotografías, testimonios y archivos personales para reconstruir dos momentos fundamentales de la organización afrodescendiente en Costa Rica. Esta obra también abre nuevas preguntas sobre identidad, ciudadanía, racismo y participación política.
Y es que hay historias que permanecen en los archivos institucionales, otras sobreviven en periódicos, fotografías y documentos guardados durante décadas, pero algunas permanecen, sobre todo, en la memoria de quienes las vivieron.
Recuperar todas esas huellas fueron el punto de partida de este libro que reconstruye dos acontecimientos separados por 18 años, pero unidos por un mismo hilo: la capacidad de las comunidades afrodescendientes de organizarse, analizar su realidad, formular propuestas y participar activamente en la construcción de la sociedad costarricense.
El primero de los eventos es el Seminario Nacional sobre la Situación del Negro en Costa Rica, realizado en enero de 1978. El segundo es la II Reunión Internacional de la Familia Africana, celebrada entre agosto y septiembre de 1996.
Más que una recopilación documental, la publicación recupera una parte de la historia política e intelectual afrodescendiente que, como señala el historiador Dr. José Andrés Fernández Montes de Oca, coordinador de la Cátedra de Estudios de África y el Caribe de la UCR, había permanecido poco visible dentro de los relatos más conocidos sobre la historia reciente del país.
Una memoria que podía perderse
La historia del libro comenzó, en buena medida, con un archivo personal: Roy McDonald Bourne, quien fue uno de los principales gestores de la reunión internacional de 1996, había conservado durante años una importante colección de documentos.
Carmen Hutchinson explicó que fue ese archivo el que permitió abrir la investigación y descubrir que, detrás de los materiales de 1996, también existía una documentación fundamental sobre el encuentro de 1978.
La preocupación que surgió, apuntó Carmen, era evitar que ese patrimonio desapareciera: “Hay archivos de nuestra historia afro en casas, colecciones privadas, no se trata únicamente de documentos físicos, sino también de archivos mentales, memorias y voces que se van perdiendo con el paso del tiempo”, añadió.
A partir de allí, las autoras y Roy emprendieron una búsqueda que incluyó entrevistas a personas que participaron o conocieron aquellos procesos, consultas en periódicos de la época, y visitas al Archivo Nacional, entre otros repositorios históricos. La propia Universidad de Costa Rica (UCR) contribuyó a localizar documentación, entre ella el discurso de Colón Bermúdez, figura central del Seminario de 1978.
El resultado es una primera pieza de una investigación que, según Carmen, está lejos de considerarse terminada, ya que esta autora espera que las nuevas generaciones encuentren en el libro vacíos, documentos y preguntas que permitan continuar investigando y construyendo conocimiento sobre esta historia.
La publicación logró concretarse gracias al aporte y cooperación de la Cátedra de Estudios de África y el Caribe (CEAC-UCR), el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP-UCR), la Vicerrectoría de Acción Social (VAS), y la Facultad de Ciencias Sociales (FCS). Foto: Anel Kenjekeeva.
1978: una comunidad que tomó la palabra
El Seminario Nacional sobre la Situación del Negro en Costa Rica se realizó en enero de 1978 y tuvo un carácter principalmente nacional. Su propósito era analizar la situación de la población afrodescendiente, generar conciencia dentro de la propia comunidad, y llamar la atención de la sociedad y de los liderazgos políticos sobre los problemas que enfrentaba.
La documentación recuperada permite conocer mucho más que la existencia del encuentro, se trata de agendas, listas de participantes, comisiones de trabajo, correspondencia, discursos, conclusiones y recomendaciones que permiten reconstruir quiénes participaron, cómo se organizaron y cuáles eran sus preocupaciones.
Entre los problemas discutidos estaban las limitaciones de oportunidades económicas, las dificultades de acceso al empleo, el abandono de productores afrocostarricenses, la marginación de espacios de toma de decisiones y las desigualdades en educación, vivienda y representación política.
Pero este seminario no fue únicamente un espacio para denunciar problemas. Para la Dra. Diana Senior Angulo, historiadora y docente de la Escuela de Estudios Generales UCR, uno de los grandes aportes historiográficos del libro consiste precisamente en mostrar a las personas afrodescendientes como sujetos productores de historia.
“No se trataba de una comunidad que esperaba ser descubierta o que simplemente recibía decisiones externas. En 1978 había personas que estaban diagnosticando su propia situación, organizándose, debatiendo, proponiendo e interpelando a quienes tomaban decisiones. Esa perspectiva modifica la manera de leer la historia nacional”, señaló la doctora.
Y como también plantea el Dr. José Andrés Fernández, esta obra permite ampliar la mirada más allá de los aportes culturales de la población afrodescendiente. “Las personas que aparecen en sus páginas también se organizaron, produjeron diagnósticos sobre la sociedad costarricense, cuestionaron la exclusión y el racismo, propusieron soluciones y establecieron vínculos con movimientos y debates internacionales. Son, por tanto, actores políticos e intelectuales y productores de conocimiento sobre su propia experiencia histórica”, acotó.
Sin embargo, uno de los aportes de la publicación es demostrar que los dos encuentros no surgieron de manera aislada.
La introducción de Carmen Hutchinson sitúa estos acontecimientos dentro de una trayectoria más amplia de organización afrocaribeña en Costa Rica, que incluye las formas de resistencia de trabajadores caribeños durante las primeras décadas del siglo XX, y la creación de organizaciones laborales, comunales, religiosas, deportivas y recreativas.
Allí, esta autora también recuerda la presencia de la Universal Negro Improvement Association, vinculada con Marcus Garvey.
Es así como queda plasmado que la población afrocaribeña creó redes de apoyo, organizaciones y espacios autónomos para enfrentar las condiciones de exclusión que limitaban su acceso a derechos y oportunidades.
La presentación de esta obra investigativa se llevó a cabo el jueves 13 de agosto, en la Sala de Audiovisuales de la Facultad de Ciencias Sociales. Foto: Anel Kenjekeeva.
Y esta continuidad permite comprender mejor el significado de lo sucedido en 1978. Al respecto, la doctora establece un diálogo entre este libro y su propia investigación sobre ciudadanía afrocostarricense.
Mientras buena parte de las luchas de las primeras décadas del siglo XX estuvieron relacionadas con la pertenencia jurídica y el acceso a la ciudadanía, relató Senior, las generaciones que aparecen con fuerza en 1978 planteaban una pregunta diferente: qué significaba ejercer plenamente esa ciudadanía en una sociedad donde persistían el racismo, la invisibilización y la desigualdad.
“El cambio es fundamental: de la lucha por ser reconocidos jurídicamente como ciudadanos, a la reivindicación del ejercicio pleno de esos derechos”, detalló la historiadora.
1996: pensar Costa Rica desde la diáspora
Casi dos décadas después, la II Reunión Internacional de la Familia Africana amplió el horizonte.
Celebrada entre agosto y septiembre de 1996, tuvo una dimensión internacional mucho más marcada y abordó cuestiones relacionadas con raza, clase, género y poder político, además de buscar fortalecer los vínculos de solidaridad entre comunidades de la diáspora africana.
Al respecto, la doctora Diana Senior destacó que en aquella reunión participaron aproximadamente 120 personas, con representación de países como Belice, Guatemala, Estados Unidos, Camerún, Canadá, Brasil, Perú, Honduras, Venezuela, Nicaragua, Kenia y Ecuador.
Los temas discutidos incluyeron educación, economía, infancia, representación, política, identidad, desarrollo, cooperación, comunidad y futuro. “Eso no es una agenda folclórica, es una agenda de sociedad”, afirmó.
Este encuentro mostró una dimensión transnacional de la organización afrodescendiente costarricense, aseveró Senior, “pensar el lugar de las personas afrodescendientes dentro del país sin desligarlo de sus vínculos históricos con África, el Caribe y otros territorios de la diáspora”, completó esta historiadora.
África y Costa Rica: una identidad que no obliga a escoger
Esa doble pertenencia aparece incluso en las imágenes, pues uno de los capítulos escritos por Marva Spence Sharpe analiza los afiches de 1978 y 1996 como documentos históricos.
En ellos, explicó José Andrés Fernández, se expresa, simultáneamente, la pertenencia plena a Costa Rica y el vínculo histórico, cultural y político con África y otros pueblos de la diáspora.
Gracias a este trabajo acerca de la historia afrocostarricense, se logran identificar, entre otras aristas, las luchas, las ideas y la labor organizativa de las poblaciones afrodescendientes, que forman parte fundamental de la propia historia de Costa Rica. Foto: Anel Kenjekeeva.
“En el afiche de 1996, la presencia conjunta de la bandera costarricense y la bandera panafricana permite leer esa identidad de manera particularmente clara: lo nacional y lo diaspórico no aparecen como referentes contradictorios”, puntualizó José Andrés.
Senior considera que esta lectura abre incluso una nueva línea de investigación: construir una historia visual de la afrodescendencia costarricense; “La memoria, por tanto, no está únicamente en las palabras escritas, también está en los símbolos, los lenguajes, las imágenes y las maneras en que una comunidad se representa y se nombra a sí misma”, describió esta investigadora.
Los archivos también están en las casas
Uno de los mensajes más importantes que deja esta publicación es que conservar la historia no es una tarea exclusiva de los archivos oficiales, pues, como en este caso, el archivo afrodescendiente también puede encontrarse en álbumes familiares, cartas, recortes de periódicos, fotografías, programas de actividades y cajas que alguien decidió conservar durante décadas.
O sea, la tarea no consiste simplemente en conservar esos materiales, si no en hacerlos circular nuevamente para que puedan generar nuevas preguntas, investigaciones y formas de conocimiento.
Ese es uno de los principales desafíos que deja planteado el libro, ya que todavía pueden existir numerosos archivos afrodescendientes dispersos por el país que no han sido identificados, catalogados ni estudiados.
Precisamente, para la Dra. Ilka Treminio Sánchez, representante del área de ciencias sociales ante el Consejo Universitario de la UCR, recuperar esta memoria adquiere una importancia particular en el contexto actual.
Esta académica advierte sobre la persistencia de discursos que alimentan el odio, el racismo y la marginación, y sostiene que, frente a ese escenario, rescatar la memoria afrocostarricense es más importante que nunca.
“La Cátedra de Estudios de África y el Caribe representa precisamente una apuesta por una academia decolonial, que permita visibilizar los aportes de las personas afrodescendientes en diferentes áreas del conocimiento, y de la vida nacional y regional. Esto implica cuestionar estructuras de conocimiento que durante siglos privilegiaron determinadas voces y relegaron o invisibilizaron otras”, subrayó Ilka.
La educación, planteó Treminio, constituye una herramienta fundamental para desarrollar pensamiento crítico, reconocer la diversidad como un valor democrático y promover una cultura de derechos humanos.
Los dos encuentros documentados por el libro dejaron propuestas y demandas que tuvieron consecuencias posteriores.
Mediante la identificación y conservación de las huellas históricas es que se logra comprender que las conquistas y los reconocimientos que se dan en la actualidad tienen una genealogía. Foto: Anel Kenjekeeva.
Entre ellas, las autoras vinculan el Seminario de 1978 con la declaración oficial del Día del Negro durante la administración de Rodrigo Carazo, a partir de una iniciativa impulsada por el padre George Leroy Watts y el Sindicato de Educadores Costarricenses.
Diana Senior profundiza en esa genealogía al explicar cómo una propuesta surgida de aquel seminario derivó, mediante diferentes actores y procesos institucionales, en una conmemoración que posteriormente adquiriría nuevos significados hasta llegar al actual Mes Histórico de la Afrodescendencia.
“La relación entre aquellos acontecimientos y el presente permite comprender que los reconocimientos actuales no surgieron de manera espontánea”, indicó la experta.
Y como señala José Andrés Fernández, detrás de ellos existen décadas de organización, movilización y lucha de las propias poblaciones afrodescendientes por su ciudadanía, sus derechos y su reconocimiento.
“Por eso, incorporar esta historia en la educación tampoco debería consistir simplemente en añadir un tema sobre población afrodescendiente dentro de los programas de estudio. La historia afrodescendiente no es un apéndice de la historia nacional, es parte de ella”, advirtió este especialista.
Mientras tanto, Carmen Hutchinson entiende el libro como una primera pieza de un trabajo que debe continuar, pues los documentos encontrados, las entrevistas realizadas y los archivos consultados permiten reconstruir una parte de aquellos procesos, pero también dejan preguntas abiertas y vacíos que las nuevas generaciones pueden abordar e investigar; “ese carácter abierto es precisamente una de las fortalezas de la obra”, precisó la autora.
“Un libro verdaderamente fecundo no clausura su objeto de estudio, sino que lo expande. A partir de esta publicación quedan abiertas posibilidades para investigar las redes intelectuales afrodescendientes, las trayectorias de las mujeres que las hicieron posibles, y los liderazgos comunitarios. Después de rescatar la memoria, hay que organizarla, investigarla y finalmente hay que enseñarla”, recalcó Senior.
Finalmente, la Dra. Isabel Avendaño Flores, decana de la Facultad de Ciencias Sociales, expuso que esta propuesta ofrece a la sociedad un eslabón con el cual llegar a entender y llenar el vacío que existen ante el silenciamiento de la influencia y el aporte de las personas afrocostarricenses a la historia del país.
“Con la recuperación de la memoria histórica de los activismos afrocostarricenses, se reconstruye una trayectoria de trabajo sin la cual no es posible comprender el momento en que nos encontramos después de estas reformas institucionales. Esa memoria es también una brújula para enfrentar los desafíos presentes, sobre todo en un contexto global en el que esas conquistas se encuentran amenazadas”, concluyó Avendaño.
Rescatando la memoria: dos encuentros históricos afrocostarricenses 1978-1996 recupera dos acontecimientos, pero su alcance va mucho más allá. Este libro devuelve nombres, documentos, imágenes y voces a una historia que durante mucho tiempo permaneció parcialmente fuera de los relatos más conocidos sobre Costa Rica.
Muestra a personas afrodescendientes que se organizan y promueven el conocimiento; para cuestionar las desigualdades; construir redes; pensar en el país y, al mismo tiempo, dialogar con África, el Caribe y la diáspora.
Asimismo, recuerda que la memoria puede sobrevivir en los lugares más inesperados: un archivo personal, una fotografía, un periódico, una carta o la voz de alguien que todavía recuerda lo ocurrido.




