Arquitecto de la UCR recibe una de las máximas distinciones internacionales por su destacada trayectoria en el diseño sostenible
La designación de Michael Smith como Honorary Fellow fortalece la presencia de Costa Rica dentro de la red internacional de PLEA, lo cual contribuye a visibilizar el talento nacional y proyectar al país como referente en sostenibilidad, innovación y arquitectura de impacto.
Su nombre es Michael Smith Masís, tiene 47 años, es docente de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica (UCR) y acaba de ingresar al exclusivo grupo de las cinco figuras de mayor prestigio mundial de la arquitectura que destacan por transformar, desde la sostenibilidad, la manera en que concebimos y diseñamos los espacios que habitamos.
El reconocimiento se anunció durante el Passive and Low Energy Architecture Conference (PLEA), celebrado por primera vez en Costa Rica y Centroamérica del 27 de julio al 1 de agosto de 2026. Este es uno de los encuentros científicos más relevantes del mundo en arquitectura pasiva, diseño bioclimático y ciudades sostenibles.
Durante el evento, y ante más de 250 personas provenientes de casi 50 países, Michael fue oficialmente distinguido como Honorary Fellow de PLEA, la mención de más alto renombre que otorga la Junta Directiva de esta organización internacional dedicada a impulsar la arquitectura sostenible, el diseño ambiental y el urbanismo de bajas emisiones.
“Se trata de un reconocimiento reservado a un grupo muy reducido de referentes internacionales cuya trayectoria ha contribuido significativamente al desarrollo del diseño ambientalmente responsable, la investigación y la transformación de la práctica arquitectónica a nivel mundial”, informó el PLEA. Este enfoque es más necesario que nunca.
Actualmente, el mundo experimenta serios desafíos ambientales y un creciente consumo energético, lo cual hace que los diseños sostenibles sean de vital importancia. Su concepción permite, por ejemplo, aprovechar al máximo las características naturales del entorno, como la luz y la ventilación, para depender menos del aire acondicionado y la calefacción.
Con ello, se brindan grandes beneficios para las personas que habitan estos espacios, al hacerlos más frescos, confortables y saludables mientras, al mismo tiempo, se reduce la contaminación y la huella de carbono que tanto daño hace al planeta.
En este campo, Michael está dejando un legado invaluable, mismo que esta nueva distinción confirma y que, además, lo convierte en el primer costarricense del PLEA en enaltecer el talento tico en escenarios de renombre internacional.
"Recibo este reconocimiento con enorme gratitud. Lo interpreto como un reconocimiento al trabajo colectivo realizado junto a estudiantes, comunidades, colegas, instituciones y aliados que creen que la arquitectura puede convertirse en una herramienta para mejorar la calidad de vida, fortalecer la identidad de los territorios y contribuir a un futuro más justo y sostenible. Es también un reconocimiento para Costa Rica y para toda una generación latinoamericana que demuestra que desde nuestras realidades locales es posible generar conocimiento con impacto global”, destacó Michael.
Entre las figuras destacadas en las que en este momento figura Michael se encuentra Klaus Bode, del Reino Unido y fundador de Klaus Bode Consultancy. Klaus es un referente histórico en arquitectura de bajo consumo energético.
Luego está Ashok B. Lall, de la India, uno de los arquitectos más influyentes del sur de Asia y reconocido por integrar sostenibilidad, justicia social y diseño climático en proyectos de gran impacto.
También está Giancarlo Mazzanti, de Colombia, ampliamente considerado uno de los arquitectos latinoamericanos más importantes de las últimas décadas por su trabajo en arquitectura pública y transformación social a través del diseño.
Asimismo, está Belinda Tato, de España y cofundadora de Ecosistema Urbano. Ella es reconocida internacionalmente por su liderazgo en urbanismo ecológico, innovación urbana y participación ciudadana. Finalmente, está el costarricense Michael Smith Masís, director de Entre Nos Atelier Central y fundador de Spatial Justice Platform.
Un camino que inició temprano
Para Michael, la arquitectura no fue una elección al azar. La decisión surgió en su último año de colegio, durante un viaje internacional que transformó su forma de ver el mundo y marcó su futuro.
“La mejor universidad del mundo es moverse, es viajar, es conocer otras realidades y otros contextos. Esto me enriqueció mucho”, mencionó Michael. Y, sin duda, ese viaje lo hizo.
En Estados Unidos, Michael observó por primera vez otros entornos, edificios y espacios, y comprendió cómo la arquitectura tenía el poder de transformar la manera en que las personas viven, se relacionan y experimentan un lugar.
A esa fascinación se sumó una habilidad que lo acompañaba desde niño, cuando disfrutaba construir con Lego, crear objetos con sus propias manos y convertir ideas en formas. En poco tiempo confirmó que la arquitectura reunía esas dos pasiones. Primero, la posibilidad de crear espacios y, segundo, generar un impacto real en la vida de las personas.
“Muy avanzado en la carrera quise tirar la toalla, pero hubo dos momentos que me transformaron la vida drásticamente y me mantuvieron aquí. El primero fue ingresar por primera vez a un asentamiento informal. El segundo, como profesional, fue hacer un proyecto de impacto social llamado “Cueva de Luz” en la Carpio”, recordó Michael.
Esos momentos fueron trascendentales. El hecho de ingresar a un asentamiento informal llevó a Michael a considerar cómo la arquitectura podía ayudar a cambiar las realidades de las personas que habitan zonas con bajos índices de desarrollo humano.
Ese pensamiento comenzó a tomar forma y, como parte de su tesis, desarrolló una propuesta para el antiguo asentamiento informal “Triángulo Solidario”, cuyo trabajo incluía un centro comunitario y viviendas de emergencia construidas con materiales reciclados.
La excelencia de dicha labor fue reconocida a nivel mundial en Shanghái, China, durante el Archiprix International del 2007, como el mejor proyecto de graduación del mundo.
Ese fue su primer reconocimiento mundial y el primero en abrirle puertas para obtener la Beca Alban, que le dio la oportunidad de efectuar su posgrado en Londres como parte del programa de becas de alto nivel de la Unión Europea para América Latina. Y no solo esto.
El Archiprix también fue el primer premio en afianzar su enfoque: promover una arquitectura que pone a las personas y al entorno en el centro, una visión que, con los años, ha definido su trabajo marcado por el uso de materiales locales, el diseño colaborativo, la madera y la planificación estratégica, así como por su fuerte compromiso con las comunidades.
Todo esa pasión converge en una forma innovadora de hacer arquitectura que combina el conocimiento técnico, la sensibilidad social y la sostenibilidad ambiental.
“Hace algunos años, Mike tomó la muy sabia decisión de dedicarse a trabajar como arquitecto para los estratos sociales donde menos hay arquitectos que los atienden. Esto implica no solo un tema de generosidad, sino también de poder aplicar todo lo que él ha aprendido en las universidades donde él ha estado, que son varias, para mejorar la calidad de vida de esos grupos sociales”, compartió Bruno Stagno, destacado arquitecto y quien ha visto de cerca el trabajo de Michael.
Después de ese proyecto, llegaría otro de sus grandes desarrollos, la “Cueva de Luz”, en La Carpio. Iniciado en el 2010 y concluido en el 2015, el edificio destaca por su estructura de madera, accesibilidad universal, economía constructiva y sostenibilidad.
“Cueva de Luz”, además, se diseñó con un enfoque muy humano, que partía desde las necesidades de la comunidad y no de ideas preconcebidas. Michael hizo de la participación de sus habitantes el punto de inicio de un diseño con el poder de transformar vidas.
“Cuando ese proyecto se empezó a levantar, me cambió la vida. Me hizo ver en tiempo real, en una comunidad con la que estuvimos trabajando y con una fundación, que la arquitectura puede tener un impacto muy positivo en el entorno”, manifestó Michael. En efecto.
La arquitectura genera espacios tan esenciales como poderosos. En ellos se puede propiciar el encuentro, generar bienestar, ampliar oportunidades y fortalecer el sentido de comunidad. Por eso, diseñar arquitectura implica también pensar en las personas y en la marca que cada obra deja en la vida cotidiana de quienes la habitan. Justamente, esto pasó en la Carpio.
“El proyecto en la Carpio no solo es un buen proyecto arquitectónico, sino que la existencia de ese edificio significó un gran cambio social para la comunidad por todo lo que ahí sucede. La organización que existe alrededor del edificio ha sido algo muy importante para los habitantes de la Carpio”, expresó Bruno.
“También los trabajos que Mike ha hecho en las comunidades indígenas, que son de una enorme calidad arquitectónica, así como sus trabajos en algunos de los barrios más desfavorecidos de San José, como las gradas de Cristo Rey, y los parques infantiles que está trabajando actualmente con elementos muy básicos e inversiones mínimas, pero con una enorme creatividad. Mike, en ese sentido, está haciendo un trabajo de arquitectura social que es, realmente, destacable”, resaltó Bruno.
Hoy, 17 años después, Michael Smith confirma que no se equivocó. Ese amor por la profesión lo ha llevado a especializarse aún más. Incluso, ser Loeb Fellow de Harvard University.
Proyectos emblemáticos
Además de “Cueva de Luz”, otros de los grandes proyectos de Michael Smith son “Casa del Árbol” y las “Gradas de Copey”.
Estos proyectos involucran a las comunidades en su concepción y construcción, incorporan materiales locales y buscan generar bienestar, identidad y un mayor sentido de pertenencia con el lugar que se habita.
Las nuevas metas
Para Michael, uno de los grandes desafíos por atender es romper con los hábitos de consumo que están deteriorando el planeta y aprender a habitarlo de una manera distinta. Costa Rica y Centroamérica no son la excepción ante ese reto global.
Por eso, el próximo gran reto de este arquitecto costarricense es seguir explorando nuevas formas de integrar la arquitectura al ecosistema, dar prioridad al manejo responsable de los recursos naturales, a la vegetación y al agua, así como a la convivencia con las distintas formas de vida.
Su apuesta es encontrar y comunicar herramientas que permitan hacer visible esta relación y ayudar a la sociedad a comprender que el ser humano no está por encima de la naturaleza, sino que forma parte de ella. Especialmente en Costa Rica, por ser un país con una gran riqueza natural, pero con entornos de muy mala calidad espacial.
“La pregunta ahora debe ser cómo regeneramos los entornos, cómo aportamos recursos en vez de consumirlos, cómo dejamos los lugares en mejores condiciones de las que los recibimos y cómo dignificar la condición humana en un espacio sensible que respeta y dialoga con el agua, el entorno, el medio ambiente y la naturaleza”, puntualizó Michael.
Con la incorporación de Michael a este selecto grupo internacional del PLEA, estas ideas adquieren mayor alcance y también coloca a Costa Rica como un país capaz de aportar nuevas perspectivas a las agendas de sostenibilidad, resiliencia climática y justicia espacial.
De este modo, no solo se reafirma la importancia de promover una arquitectura capaz de responder simultáneamente a los desafíos del cambio climático, sino también promover la equidad social y la regeneración de los territorios.








