Imagine una garrapata. A simple vista, puede parecer un pequeño animal, uno de los muchos que habitan los bosques y los potreros del país. Lo que poco se sabe es que, en su interior, suele esconderse un universo de microorganismos que la ciencia apenas comienza a descifrar. En Costa Rica, uno de ellos había permanecido inadvertido, hasta ahora.
Se trata del Jingmen tick virus (JMTV), un virus descubierto en China en 2014, pero cuya detección en Costa Rica fue oficialmente publicada en junio de 2026 en la prestigiosa revista científica Microbiology Spectrum. Su detección constituye el primer reporte de América Central que documenta un virus en garrapatas. Esto es trascendental.
Actualmente, el Jingmen tick virus es uno de los agentes que más intriga a la comunidad científica debido a las numerosas incógnitas que rodean su biología y su verdadero impacto para la salud humana, el cual se sospecha podría representar una amenaza aún no dimensionada.
Así lo detalló la Dra. Tatiana Murillo Corrales, viróloga de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien lideró el inédito hallazgo en una de las especies de garrapatas que más pica al ser humano en América Central: la Amblyomma mixtum, cuyos especímenes fueron recolectados en La Siberia, en Valle la Estrella, Limón.
“Este hallazgo representa el primer registro del virus en esta especie de garrapata Amblyomma mixtum de Costa Rica y el primer reporte en Centroamérica. Iniciamos el estudio junto con la Dra. Adriana Troyo, entomóloga médica de la UCR y coordinadora del proyecto, porque nadie en Centroamérica estaba estudiando virus en garrapatas. El conocimiento que se tiene es solo de algunas bacterias que las garrapatas pueden tener y transmitir, pero no de cuáles virus”, mencionó la Dra. Murillo.
La detección fue posible gracias al trabajo conjunto de científicos y científicas del Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales (CIET) de la UCR, así como el Laboratorio de Parasitología de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional (UNA).
También se contó con el invaluable trabajo del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (ICGES) de Panamá y del Instituto Pasteur en Francia.
Con esta detección estamos frente a un virus que nunca antes había sido reportado ni en Costa Rica ni en Centroamérica. En América Latina se ha detectado en México, Colombia, Brasil, Antillas Francesas, así como en Trinidad y Tobago.
“Lo que no se conoce no se vigila, no se diagnostica y, por ende, no se trata. Por eso este hallazgo es tan relevante, pues nos permite adelantarnos a lo que pueda surgir”.
Dr. Luis Enrique Chaves González, entomólogo médico de la UCR y parte del equipo investigador.
La Dra. Tatiana Murillo Corrales, viróloga de la UCR explica el 𝐽𝑖𝑛𝑔𝑚𝑒𝑛 𝑡𝑖𝑐𝑘 𝑣𝑖𝑟𝑢𝑠
Un virus de años
Desde que se descubrió el Jingmen tick virus en el 2014, en los últimos 12 años este patógeno también se ha encontrado en Asia, Europa, África y América.
Algunos estudios recientes, como el reportado en el 2019 por la revista The New England Journal of Medicine, exponen que varios virus de este grupo pueden infectar a los seres humanos y provocar serios cuadros que van desde la escara (inflamación en la piel donde pica la garrapata), seguido por fiebre, inflamación de ganglios, dolor de cabeza y malestar general.
Lastimosamente, para el caso específico del Jingmen tick virus recién detectado en Costa Rica, la ciencia aún no sabe si podría provocar los mismos síntomas descritos en otros países o presentar un comportamiento distinto. Tampoco, si existen personas infectadas en el país o si ya este virus está causando enfermedad en suelo nacional.
No obstante, su detección permite que hoy Costa Rica sepa con seguridad su existencia en el país, que el virus no pase desapercibido y, por ende, que tanto autoridades como la comunidad científica puedan iniciar su vigilancia, comenzar nuevos estudios, mejorar la capacidad de detección y responder con mayor rapidez si se llegaran presentar casos de enfermedad en personas o animales.
“Este virus, al ser muy nuevo, todavía está en investigación. Hasta el momento, lo poco que se ha logrado determinar es que, en los casos en los cuales se vio una afectación directa a la salud del ser humano, sí hubo garrapatas infectadas que fungían como vectores del virus”, enfatizó la Dra. Murillo.
“Es decir, se vio que las garrapatas sí portaban el virus y, posiblemente, lo transmitieron a las personas mediante su picadura. De ahí se establece una posible asociación de que tal vez exista una transmisión a raíz de la picadura de la garrapata al ser humano. Pero, como indico, todavía se necesitan más investigaciones para comprobar si pasa lo mismo en Costa Rica. Este hallazgo nos permite generar nuevos estudios a fin de conocer lo que nos hace falta”, amplió la Dra. Murillo.
El Dr. Luis Enrique Chaves explica cómo es la especie de garrapata donde se encontró el virus
Así se hizo el hallazgo
La detección del Jingmen tick virus en Costa Rica fue bastante particular. De acuerdo con la Dra. Tatiana Murillo, durante octubre del 2023 y mayo del 2024 se recolectaron un total de 97 muestras de garrapatas de la zona de La Siberia, del Valle la Estrella, Limón.
Como parte de las actividades del proyecto, los investigadores el Dr. Luis Enrique Chaves, la Dra. Adriana Troyo (UCR), el Dr. Víctor Montenegro (UNA) y el Dr. Sergio Bermúdez (ICGES), efectuaron dos tipos de capturas en esa zona. Una fue en garrapatas provenientes de la vegetación de los potreros y las otras se obtuvieron directamente de caballos que pastaban en esos mismos potreros. El resultado fue, realmente, inesperado.
A pesar de estar en un mismo punto geográfico, la detección del virus en garrapatas Amblyomma mixtum se dio, únicamente, en aquellas que se alimentaban de los caballos. Las garrapatas de los pastos, en cambio, no presentaron rastros del virus. ¿Por qué? No se sabe.
El estudio no analizó muestras de sangre de los caballos, por lo que no puede afirmarse si los equinos estaban infectados con el virus o si este les causó enfermedad. Lo único que se puede plantear como suposición es que los caballos podrían desempeñar algún papel en el ciclo de transmisión del virus. Esta posibilidad deberá ser evaluada en futuras investigaciones.
“Que el virus haya estado solo en las garrapatas del caballo y no en la vegetación —a pesar de que ambos estaban en el mismo potrero—, nos hace pensar que existe una relación entre el virus y las garrapatas que parasitan al caballo, pero aún no sabemos si el caballo participa en el ciclo de transmisión o si es un hospedero accidental. Estas son parte de las preguntas que deseamos despejar en un futuro”, puntualizó la Dra. Murillo.
En otros países se ha detectado el Jingmen tick virus en garrapatas como Rhipicephalus microplus. En el caso de Costa Rica, el enfoque estuvo en el Amblyomma mixtum, a fin de dar información inédita que nadie más estaba brindando en Centroamérica.
La detección de este Jingmen tick virus se enmarca en un proyecto de investigación en el que se están estudiando las comunidades virales de garrapatas. Fotografía de la colección de Entomología Médica, Facultad de Microbiología, UCR.
El Dr. Víctor Montenegro Hidalgo, médico veterinario de la Universidad Nacional (UNA) y parte del equipo investigador, concuerda.
Al día de hoy, el Jingmen tick virus se ha detectado en diversas especies animales alrededor del mundo, como bovinos, primates no humanos, roedores y murciélagos.
Esa habilidad del virus de estar en tantos animales evidencia su enorme versatilidad de adaptarse a diferentes entornos y vertebrados de diversas especies. Por eso, para el Dr. Montenegro, si se comprobara en un futuro que el caballo está implicado en el ciclo de transmisión, esto no sería algo raro.
“La transmisión suele darse cuando la garrapata pica a un hospedador infectado, adquiere el patógeno en la sangre y lo mantiene en su organismo, incluso, cuando muda de exoesqueleto —similar a cambiar de piel—” señaló el Dr. Montenegro.
Así, “si llegáramos a tener caballos positivos con el virus implica que estos animales tuvieron acceso al patógeno. ¿Cómo? Una posible vía es mediante la picadura de una garrapata. Si se encontrara un caballo positivo, obligatoriamente debe haber un factor que le permitiera contagiarse. Las garrapatas son una posibilidad”, agregó el Dr. Montenegro.
Por el momento, no existe evidencia científica concluyente de que el virus cause enfermedad en dichos animales, pero sí los perfila como posibles hospedadores del virus; es decir, animales en los que el Jingmen tick virus podría vivir o mantenerse.
Asimismo, debido a las zonas de altos pastizales donde se encontraron las garrapatas, los científicos creen que el virus podría tener otros posibles hospedadores como perros, primates no humanos, roedores, pequeños mamíferos, aves y murciélagos. Por eso la necesidad de seguir investigando.
La Dra. Tatiana Murillo Corrales, viróloga de la UCR, habla sobre la relación del virus con los animales
Un virus algo tico
Otro de los hallazgos más destacados del estudio es que la variante (tipo) del virus identificado en Costa Rica es levemente distinta a otras encontradas alrededor del mundo.
La Dra. Murillo explicó que el Jingmen tick virus hallado en el país presenta algunas diferencias genéticas con respecto a variantes descritas en otros países. Esto indica que la versión costarricense posee características propias, aunque comparte un ancestro evolutivo con virus detectados en América Latina y el Caribe. Además, pertenece al mismo linaje de virus detectados en Europa y Asia occidental, incluidos algunos encontrados en seres humanos.
“El virus que detectamos a nivel nacional, básicamente, se asocia a otras detecciones de Europa, el Caribe, México y Colombia, así como de Asia occidental. Eso nos hace pensar que el virus encontrado en Costa Rica tiene un origen tanto Europeo como de Asia Occidental”, indicó la Dra. Murillo
Lo anterior dista mucho de otros Jingmen tick virus virus detectados en Brasil, que tienen un origen más cercano a África.
“Esa diferencia genética hace que también pensemos que podrían existir dos entradas posibles del virus al continente americano, que pudo haberse dado por garrapatas ya contagiadas o animales infectados que venían de esos países. Por supuesto, esto sigue siendo una incógnita”, aseveró la Dra. Murillo.
Aunque el reporte científico solo aborda los hallazgos en La Siberia, Valle de La Estrella (Limón), la Da. Murillo indicó que también se hicieron análisis en Ciudad Colón, Heredia, Monte de la Cruz y Vara Blanca. Aquí no se encontraron garrapatas con el virus.
Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.Llegar a ese resultado no fue fácil. El equipo analizó el material genético del virus mediante secuenciación de nueva generación con un método conocido como metagenómica viral.
La metagenómica viral es una de las tecnologías más avanzadas que permite identificar miles de microorganismos presentes en una muestra al mismo tiempo y se utiliza para la búsqueda de nuevos patógenos. El procesamiento se efectuó en el Instituto Pasteur, en Francia.
Primero, el equipo costarricense extrajo los ácidos nucleicos de los virus—su cédula de identidad—, los llevaron al Instituto Pasteur, hicieron la secuenciación de nueva generación y se analizó cuáles estaban presentes. Aquí sobresalió el Jingmen tick virus.
Ese proceso les permitió reconstruir casi la totalidad del genoma del virus —su verdadera identidad— y compararlo con la de virus detectados en otras regiones del mundo.
Así, se verificó que el virus tico pertenece al mismo grupo evolutivo en el que se ubican secuencias identificadas previamente en seres humanos, pero con diferencias genéticas que apuntan hacia una historia evolutiva propia.
“En Panamá y Costa Rica se hicieron recolección de Amblyomma mixtum y garrapatas Ixodes cf. boliviensis para poder comparar los virus entre ambos países. Los resultados preliminares mostraron que las comunidades virales sí varían, aunque estemos tan cerca geográficamente. Esto confirma, todavía más, la necesidad de investigar cada ecosistema en particular para anticipar amenazas emergentes”, detalló la Dra. Murillo.
Debido a la escasez de información científica, Costa Rica tampoco cuenta con una prueba diagnóstica para identificar el virus en personas y animales. Lo más cercano es una prueba de PCR —reacción en cadena de la polimerasa— desarrollada como parte del proyecto de investigación.
Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.Una garrapata muy hábil
En todo esto hay que tomar en cuenta un elemento: no todas las garrapatas son iguales. Amblyomma mixtum posee un gran potencial para actuar en la transmisión de patógenos —microorganismos capaces de generar enfermedad en humanos—.
El Dr. Luis Enrique Chaves González, entomólogo médico de la UCR e integrante del equipo que efectuó el hallazgo, explicó que las garrapatas, en general, son parásitos que se alimentan de la sangre de los animales. Estas poseen grandes capacidades para adquirir patógenos, albergarlos, permitir que se multipliquen y luego transmitirlos a otros seres vivos.
Hasta ahora, se sabe que las garrapatas pueden alojar patógenos peligrosos para el ser humano, entre ellos bacterias como Borrelia burgdorferi, causante de la enfermedad de Lyme en el Hemisferio Norte, y Rickettsia rickettsii, responsable de la fiebre manchada en diferentes países, incluyendo Costa Rica.
Asimismo, en otras regiones se han encontrado virus como el de la encefalitis transmitida por garrapatas y el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, además de parásitos como Babesia, causante de la babesiosis —que destruye los glóbulos rojos de la sangre—.
No obstante, para que una garrapata puede transmitir cualquier patógeno, deben cumplir una serie de condiciones.
“Lo que hace que una garrapata sea un excelente vector no se debe a un único factor, sino a un compendio de eventos que deben alinearse, para que este artrópodo adquiera un patógeno, se infecte, pueda llegar a ser infeccioso y, posteriormente, lo transmita. De manera general, esto se conoce como competencia vectorial y no es algo que ocurre de manera esporádica, de manera que no todas las garrapatas serán vectores competentes (“buenos vectores”) para un patógeno específico”, explicó el Dr. Chaves.
No se sabe mucho sobre la evolución del virus, solo hay hipótesis porque es un microorganismo muy nuevo. Esto implica que se necesitan efectuar más estudios, a fin de establecer el origen del virus, cómo se ha movido, cómo ha migrado y en qué periodo.
Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.En el caso de Amblyomma mixtum, su versatilidad para parasitar distintos hospederos —como lo describe el Dr. Montenegro— hace que las condiciones necesarias para ser un vector sí se alineen más fácilmente.
El hecho de alimentarse de una gran variedad de animales y seres humanos es una característica poco común, si se compara con otras especies de garrapatas que suelen ser más exclusivas para su alimentación.
“No es que Amblyomma mixtum prefiera alimentarse de humanos, es que es el recurso alimentario que puede tener disponible en un momento dado”, aseveró el Dr. Chaves.
“Entonces, todo depende del contexto particular: de la densidad de garrapatas que exista y de la disponibilidad y la densidad de hospederos. Si en una misma zona hay más personas que animales, y las personas son más accesibles para las garrapatas, probablemente estas estarán en mayor contacto con las personas. Si hay más animales disponibles y accesibles, estarán en mayor contacto con dichos animales”, agregó el Dr. Chaves.
¿Cómo prevenir picaduras por garrapatas?
En personas: En humanos se aconseja utilizar ropa protectora, como pantalones largos y llevar las botas o el pantalón por dentro de las medias, además de revisar el cuerpo y la ropa al finalizar actividades en zonas con vegetación.
En animales. En los animales se recomienda utilizar productos veterinarios para el control de garrapatas, formulados con principios activos como fluralaner, afoxolaner, fipronil o deltametrina, siempre bajo la orientación de un médico veterinario, ya que no todos son aptos para todas las especies.
El siguiente paso
Ahora, con la detección ya realizada, y debido a los antecedentes de la familia a la que pertenece este virus que sí causan enfermedades como el dengue, las personas investigadoras consideran necesario iniciar estudios adicionales que determinen su comportamiento. Esto es vital.
Se sabe que, cuando un microorganismo ingresa al cuerpo de una garrapata, en ocasiones puede permanecer en ella durante todo su ciclo de vida. Además, en el caso de algunos patógenos, las hembras pueden transmitir ese patógeno a su descendencia a través de los huevos, de modo que las nuevas larvas nacen ya portando el patógeno.
Por ello, el hecho de hacer más investigaciones permitiría comprobar si hay una circulación activa del virus en Costa Rica, si fue un hecho aislado, en cuáles animales podría circular el microorganismo y tener más datos para afirmar si representa, o no, un riesgo para la salud pública en la región.
“El siguiente paso es estudiar más garrapatas, animales silvestres y domésticos de Costa Rica, así como personas expuestas o que trabajan con estos animales, para entender cómo se mueve el virus entre ellos y si eventualmente puede llegar al ser humano”, concluyó la Dra. Murillo.
