El mercurio, un elemento riesgoso que la UCR ayuda a conocer
La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica al mercurio como uno de los elementos químicos que plantea especiales problemas para la salud pública. Foto: Laura Rodríguez.
Por décadas, el mercurio ha sido un aliado para el desarrollo industrial y tecnológico de la humanidad, pues es utilizado en la elaboración de termómetros, lámparas fluorescentes, equipos médicos y en múltiples productos de uso cotidiano, además de aplicarse en procesos mineros.
Sin embargo, detrás de esa versatilidad, se esconde una amenaza silenciosa que puede afectar el sistema nervioso e inmunológico, la salud reproductiva y el desarrollo infantil. Asimismo, este elemento tiene el poder de contaminar ecosistemas enteros durante mucho tiempo.
En Costa Rica, la preocupación por esta problemática dio origen a una iniciativa que es pionera en el tema de la educación ambiental y la salud pública. Se trata del proyecto de acción social ED-3640, denominado Mercurio: Educación y Salud, el cual busca transformar el conocimiento científico en herramientas concretas que colaboren en la prevención, la sensibilización y la protección de las comunidades que están expuestas a la contaminación por mercurio.
El trabajo académico aplicado en la resolución de problemas
Esta propuesta surge tras varios años de estudio y como resultado de la consistente vinculación social que existe entre las comunidades y la UCR. Entre los antecedentes destacan la realización de un conversatorio nacional en el 2018 sobre los riesgos del mercurio, así como un campamento educativo desarrollado en el 2019.
Ambas experiencias evidenciaron la necesidad de generar espacios de formación especializados sobre la contaminación ambiental que genera este metal y los riesgos de su exposición para la salud.
“Vimos la posibilidad de abarcar un tema que pocas personas conocían y que tenía una importancia mundial. Nuestra labor es informar, crear conciencia y que las personas tengan el conocimiento necesario para tomar decisiones a la hora de comprar artículos y evitar aquellos que contengan mercurio”, recordó la Dra. María Marta Camacho Álvarez, coordinadora del proyecto e investigadora de la Escuela de Formación Docente, de la Facultad de Educación UCR.
El mercurio se encuentra naturalmente en el ambiente y puede ser liberado por fenómenos como la actividad volcánica y la erosión de rocas. Sin embargo, las actividades humanas, como la minería artesanal del oro y ciertos procesos industriales, han incrementado significativamente su presencia en los ecosistemas acuáticos y terrestres.
Una vez liberado en el ambiente, el mercurio puede transformarse en metilmercurio, una de sus formas más tóxicas. Este compuesto se incorpora a la cadena alimentaria y se acumula progresivamente en peces y otras especies acuáticas. A este fenómeno se le conoce como biomagnificación y constituye una de las principales vías de exposición para las personas.
Los efectos sobre la salud pueden ser severos, ya que diversos estudios señalan que la exposición a dicho elemento podría provocar alteraciones neurológicas, daños renales y problemas en el desarrollo infantil. Asimismo, se ha documentado que puede atravesar la barrera placentaria y afectar al feto durante la gestación.
“Aprendimos que el mercurio está más cerca de nosotros de lo que imaginamos”, explicó Camacho. “Las amalgamas dentales, las luces fluorescentes y hasta los proyectores que usamos en las clases contienen mercurio. Muchas personas no lo saben”, advirtió la experta.
La educación como herramienta preventiva
Frente a este panorama, el proyecto ED-3640 apuesta por una estrategia efectiva dentro de las políticas ambientales: usar la educación como mecanismo de prevención y transformación social.
Lejos de limitarse a divulgar conceptos científicos, esta iniciativa promueve procesos participativos en los que estudiantes, docentes, funcionarios públicos, líderes comunales y ciudadanos analizan en conjunto las implicaciones ambientales, sociales y sanitarias asociadas al mercurio.
“Todas las comunidades a las que hemos acudido nos piden más alfabetización ambiental. La mayor cantidad de las respuestas que nos dan durante los cursos o congresos que realizamos están entre brindar información sobre el mercurio y sobre educación ambiental para el control de su uso”, afirmó Camacho.
Esta iniciativa representa uno de los ejemplos más claros acerca del papel que desempeña la UCR en el trabajo continuo dirigido a construir el bienestar colectivo. En la imagen se aprecia una molienda de oro en la que utilizan mercurio. Foto: cortesía del proyecto ED-3640.
Esa es precisamente una de las características que hacen de este proyecto un aporte valioso desde la UCR, pues no se ha limitado a desarrollarse solo en los espacios universitarios. Durante los últimos años, han organizado actividades como cursos, talleres y conversatorios en diversas comunidades del país, en especial en el Caribe, incluyendo Cariari de Pococí, Guácimo, Batán, Siquirres, Talamanca, Duacarí, Cartagena, Las Palmitas y Llano Bonito.
Esta presencia responde a un principio de la acción social universitaria, el cual busca acercar el conocimiento científico a las poblaciones que enfrentan desafíos ambientales, para fortalecer las capacidades locales y colaborar en la protección de la salud y del medio ambiente.
“Inclusive, gracias a los aportes de este trabajo, se logró que a lo interno de la UCR las autoridades administrativas tomaran la decisión de no utilizar o no hacer compras de equipos que contengan mercurio”, resaltó Camacho.
Aprender jugando para prevenir riesgos
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es que, con el apoyo de los trabajos finales de graduación y el Trabajo Comunal Universitario, se crearon recursos pedagógicos dirigidos a niñas, niños y jóvenes.
Se trató de materiales didácticos adaptados para diferentes edades, como cuentos infantiles sobre la protección de ecosistemas acuáticos; actividades educativas; una aplicación para dispositivos móviles denominada Mercurio Cero, que contiene mensajes audiovisuales dirigidos a la niñez; y un juego de mesa que permite identificar objetos que contienen mercurio y reconocer alternativas más seguras.
Este esfuerzo resume una certeza compartida por el equipo académico responsable del proyecto: la prevención debe comenzar desde edades tempranas. Por ello, esta iniciativa ha incorporado actividades lúdicas y educativas en escuelas y colegios, para promover una cultura ambiental basada en el conocimiento y la participación.
Cabe resaltar que solamente durante el 2024, las diversas actividades impulsadas por esta propuesta lograron llegar de forma directa a aproximadamente 905 personas, mediante talleres, ferias científicas, cursos de educación ambiental, actividades recreativas para la niñez y espacios de intercambio académico.
Un compromiso con la salud y la naturaleza
Al respecto, Costa Rica ratificó en el 2016 el Convenio de Minamata, que es el principal instrumento internacional dirigido a reducir el uso del mercurio y minimizar sus impactos en la salud y el ambiente.
En este contexto, la labor de la UCR cumple una función estratégica: convertir la información contenida en los compromisos internacionales y en la evidencia científica en procesos educativos que sean accesibles para la población.
El Dr. Diego Armando Retana Alvarado, profesor e investigador de la Escuela de Formación Docente y miembro del equipo que desarrolló este proyecto, bajo la coordinación de la Dra. Retana Camacho y junto con los docentes Antony Juárez Villalobos, Horacio Chamizo García y Ana Noelia Gómez Sánchez, destacó la línea de trabajo sostenida que mantuvieron durante años.
“Lo que tenemos es una continuidad de una temática de relevancia nacional, en términos de salud, ambiente y educación. Ha sido un esfuerzo sistemático en el que también participaron otras organizaciones que tienen esta misma visión. Esto representa una red de trabajo interinstitucional, en donde la UCR ha sido líder durante el proceso”, detalló Retana.
Por ejemplo, entre las colaboraciones locales citaron al Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), el Ministerio de Educación Pública (MEP), el Tecnológico de Costa Rica (TEC), la Universidad Nacional (UNA), la Universidad del Trópico Húmedo (Earth), el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), entre otros.
Mientras que en el ámbito internacional mencionaron a la Universidad de San Carlos de Guatemala, la Universidad Industrial de Santander, la Universidad de Huelva, la Universidad de Lisboa, la Universidad Surcolombiana y la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, entre otras.
A partir de este proyecto se han escrito dos libros y un artículo para revista; se dictó una conferencia recientemente en Río de Janeiro, Brasil; se ha expuesto en 30 programas de televisión; y se han elaborado dos tesis universitarias, cuatro congresos y una variedad de cursos relacionados con esta temática.
Cuando se trata de proteger la salud de las personas y los ecosistemas, la educación sigue siendo una de las herramientas más poderosas para generar cambios reales y duraderos.
