Comprender el fenómeno de El Niño es clave para anticipar sus impactos en la agricultura costarricense
Al conocer las posibles consecuencias del fenómeno de El Niño, las personas productoras pueden incorporar la información meteorológica dentro de la planificación agrícola. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
El aumento de las temperaturas, la disminución de las lluvias en el Pacífico, las precipitaciones más intensas en el Caribe y las posibles afectaciones sobre la producción agrícola son algunas de las consecuencias que puede generar el fenómeno de El Niño en Costa Rica. Sin embargo, más allá de la incertidumbre propia del clima, la ciencia ofrece herramientas que permiten anticipar escenarios y tomar decisiones informadas.
Ese fue el principal mensaje de la charla que impartió la meteoróloga y docente de la Escuela de Agronomía Raquel Ramírez Carranza, quien habló sobre el funcionamiento del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), su relación con las condiciones climáticas del país y las estrategias que pueden adoptar las personas productoras para disminuir su vulnerabilidad frente a eventos extremos.
"La información climática no debe verse únicamente como un dato científico, sino como una herramienta para la toma de decisiones", enfatizó la especialista durante la conferencia “El Niño: perspectivas del súper Niño en la agricultura”, señaló Ramírez.
Además, expresó que el ENOS es el resultado de la interacción entre un proceso oceánico, el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico tropical, y un proceso atmosférico conocido como Oscilación del Sur. Ambos fenómenos modifican la circulación de la atmósfera a escala planetaria y alteran la distribución de las lluvias y las temperaturas en distintas regiones del mundo.
Su intensidad se determina mediante el monitoreo permanente de la temperatura superficial del océano en una zona específica del Pacífico ecuatorial conocida como región Niño 3.4. Dependiendo de cuánto se caliente o enfríe esa área, se clasifica el evento como una fase neutral, un episodio de El Niño o uno de La Niña, además de establecer su intensidad.
Costa Rica no experimenta los mismos efectos en todo su territorio
Uno de los principales mitos que abordó la investigadora fue la idea de que El Niño produce las mismas condiciones en todo el país, ya que Costa Rica responde de manera distinta según la región y la época del año.
Mientras la vertiente del Pacífico suele experimentar una disminución de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas, la vertiente del Caribe generalmente presenta condiciones más lluviosas. Esa diferencia responde a la forma en que el fenómeno modifica la circulación atmosférica y redistribuye la humedad en el territorio nacional.
La especialista también recordó que El Niño influye en otros procesos atmosféricos, como la formación de ciclones tropicales. Durante estos episodios suele disminuir la actividad ciclónica en el Atlántico, mientras que aumenta en el océano Pacífico debido al calentamiento de sus aguas superficiales.
Durante la conferencia también se aclaró una confusión frecuente que es asociar automáticamente El Niño con el cambio climático.
La investigadora explicó que El Niño forma parte de la variabilidad climática natural del planeta y ha ocurrido durante siglos como consecuencia de procesos naturales del sistema océano-atmósfera.
El cambio climático, por el contrario, corresponde a una tendencia sostenida de incremento de la temperatura global causada principalmente por las actividades humanas.
Aunque actualmente existen investigaciones que buscan determinar si el calentamiento global modifica la intensidad o los impactos del fenómeno, todavía no existe evidencia concluyente que permita establecer una relación causal directa.
Otro de los aspectos destacados fue la necesidad de comprender cómo funcionan los pronósticos meteorológicos. Según recalcó Ramírez, en meteorología no es posible hacer predicciones absolutas. Los modelos climáticos generan proyecciones basadas en probabilidades que se actualizan de manera constante conforme se incorpora nueva información.
Por esa razón, aunque en la actualidad existe una alta probabilidad de que continúe desarrollándose una fase de El Niño durante los próximos meses, no puede afirmarse con certeza cuál será su intensidad definitiva ni cómo evolucionará en los próximos trimestres.
En el caso de la actividad agrícola, en las regiones del Pacífico, una reducción prolongada de las lluvias puede evolucionar desde una sequía meteorológica hasta afectar la disponibilidad de agua para los cultivos, los acuíferos e incluso generar impactos económicos y sociales.
En contraste, las lluvias excesivas pueden provocar inundaciones, erosión de los suelos, saturación hídrica, pérdida de cultivos y deslizamientos, especialmente en las zonas más vulnerables.
Ante estos escenarios, la especialista destacó la importancia de incorporar la información meteorológica dentro de la planificación agrícola.
El Instituto Meteorológico Nacional pone a disposición del público pronósticos estacionales y subestacionales, sistemas de monitoreo de sequía, pronósticos basados en impactos y plataformas digitales que permiten conocer cómo suelen comportarse la temperatura y las precipitaciones en distintas regiones del país bajo condiciones de El Niño o La Niña.
Estas herramientas pueden orientar decisiones como modificar las fechas de siembra, optimizar el uso del agua para riego, monitorear la humedad del suelo, implementar coberturas vegetales, diversificar cultivos o desarrollar sistemas de almacenamiento de agua que permitan enfrentar mejor los periodos secos.
Durante el espacio de preguntas, personas productoras expresaron su preocupación por las limitadas alternativas disponibles para adaptarse a condiciones cada vez más secas, especialmente en regiones donde el acceso al agua ya representa un desafío.
Ante esas inquietudes, la investigadora señaló que la planificación anticipada y la capacitación técnica serán fundamentales para fortalecer la resiliencia del sector agropecuario.
"Sería muy importante que, sabiendo con anticipación lo que viene, se desarrollen procesos de capacitación que permitan planificar estrategias de adaptación antes de que lleguen las condiciones más críticas", respondió Ramírez.
La actividad concluyó con una invitación a aprovechar las herramientas de información climática que están disponibles de manera gratuita y que pueden convertirse en un insumo estratégico para reducir riesgos, proteger la producción agrícola y fortalecer la capacidad de adaptación de las comunidades frente a un clima cada vez más variable.
