Voz experta. Sociedad de consumo y sostenibilidad: repensemos nuestra relación con los recursos naturales
Muchas veces pensamos que los problemas ambientales son algo externo, pero en realidad están profundamente conectados con nuestra vida cotidiana. El agua que consumimos, los alimentos que llegan a nuestra mesa, la calidad del aire que respiramos, la movilidad e incluso nuestra salud dependen directamente de nuestra relación con los recursos naturales. El problema es que durante décadas hemos vivido bajo la idea de que la naturaleza está a nuestro servicio y además es infinita, y hoy estamos viendo las consecuencias de ese modelo.
En Costa Rica, el Ministerio de Salud ha advertido sobre el crecimiento sostenido en la generación de residuos sólidos. Se calcula que durante el año 2025 se generaban más 4,45 millones de kilogramos diarios, lo que representa una gran dificultad para muchos municipios, especialmente si consideramos que alrededor de un 55 % de esos residuos son orgánicos. Esta situación evidencia que el problema ambiental, es producto del impacto de los hábitos más locales y cotidianos.
La problemática ambiental también se refleja en las ciudades en las que vivimos; ejemplos de ello se encuentran en algunas ciudades latinoamericanas. Según el Informe mundial sobre la calidad del aire 2024 elaborado por IQAir, Ciudad de México registró concentraciones de partículas contaminantes 3,5 veces superiores a los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud, mientras que la ciudad de Lima aumentó sus niveles de contaminación 4,7 % entre los años 2019 al 2022. En conjunto, más del 50 % de las ciudades de la región registraron niveles de contaminación que superan los estándares de calidad del aire.
Esta situación está directamente vinculada con el crecimiento urbano desordenado y a modelos de movilidad centrados en el vehículo privado, lo que hace que la inversión y planificación urbana se encuentre centrada en el automóvil, esto ha generado un enorme deterioro en los sistemas de transporte público y en la calidad de vida de sus habitantes.
Uno de los grandes desafíos actuales es que el sistema de consumo nos hace confundir calidad de vida con poder adquisitivo. Nos han hecho creer que vivir mejor significa comprar más, cambiar constantemente de celular, de ropa o de automóvil, en una competencia sin fin que nos está generando un vacío constante, que no se sacia, y que además está generando más residuos, más contaminación y a la vez mayor presión emocional y económica sobre las personas. La verdadera calidad de vida tiene más relación con bienestar, salud, tiempo de calidad y equilibrio con nuestro entorno.
También es importante entender que el daño ambiental no ocurre únicamente por grandes industrias o decisiones políticas. Muchas veces ocurre por pequeñas acciones que hemos normalizado: desperdiciar agua, utilizar productos desechables, comprar cosas innecesarias o botar alimentos en buen estado, aspectos que reflejan el consumismo y la pasividad para aceptar los productos que grandes industrias nos venden, sin cuestionarnos de qué material están hechos y qué vamos a hacer con ellos una vez no los necesitemos.
Vivimos en una cultura de usar y desechar. Todo parece diseñado para durar poco y ser reemplazado rápidamente. Eso genera una enorme cantidad de residuos y un desgaste innecesario de recursos naturales. Por eso, hoy más que nunca necesitamos aprender a consumir de manera más consciente, preguntándonos si realmente necesitamos lo que compramos y cuál será el impacto ambiental de nuestras decisiones.
La sostenibilidad no significa vivir limitado ni dejar de disfrutar la vida. Significa aprender a vivir de una forma más responsable e inteligente, con un objetivo claro, dar sentido a cada cosa que hacemos, respetando cualquier forma de vida. Pequeños cambios como evitar y reducir plásticos de un solo uso, ahorrar electricidad, evitar el desperdicio de alimentos o reutilizar materiales pueden parecer simples, pero cuando se convierten en hábitos colectivos generan transformaciones muy importantes.
El Mes del Ambiente en la UCR debe servirnos no solamente para hablar de contaminación o cambio climático, sino también para reflexionar sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo. Tenemos que preguntarnos si queremos seguir viviendo bajo un modelo basado en el exceso, la acumulación y el desperdicio, o si queremos avanzar hacia una cultura más equilibrada, más solidaria y respetuosa con la naturaleza.
Todavía estamos a tiempo de cambiar muchas cosas. Pero ese cambio no depende únicamente de gobiernos o instituciones; también depende de nuestras decisiones cotidianas. Cada persona puede aportar desde su hogar, su comunidad, su trabajo o su centro educativo. La transformación ambiental empieza cuando dejamos de vernos únicamente como consumidores y empezamos a actuar como ciudadanos responsables, habitantes de nuestra casa común.
