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¡Logro país!

Nuevos hallazgos refuerzan la defensa de Costa Rica ante uno de los parásitos de mayor preocupación mundial

La detección del parásito "Leishmania infantum" en ocho perros del país ayuda a prevenir uno de los microorganismos de más interés para la salud humana y animal
22 may 2026Salud

Si usted tiene un perro, lea con cuidado. Por primera vez, este 2026 un grupo de científicas y científicos confirmó la presencia del inusual parásito Leishmania infantum en ocho perros de Costa Rica, la transmisión local del microorganismo y la amenaza de que se generen contagios en seres humanos. Aunque a primera entrada esto podría parecer preocupante, lo cierto es que el hallazgo es esperanzador.

El nuevo conocimiento adquirido ya le está permitiendo al país fortalecer diagnósticos más tempranos, robustecer las acciones de vigilancia y reforzar las estrategias de prevención, tanto para los animales como para las personas. Ambos grupos pueden desarrollar una enfermedad que, sin la atención oportuna, es capaz de comprometer seriamente la salud.

Así lo explicó la Dra. Alicia Rojas Araya, microbióloga de la UCR, y una de las científicas clave que ayudó a la detección formal de Leishmania infantum en perros de Costa Rica, algo que antes solo se sospechaba, pero que carecía de evidencia científica sólida. Ahora, finalmente, Costa Rica confirma de manera científica la presencia de este microorganismo en perros que nunca han salido del país, lo cual redefine el panorama de circulación del parásito.

“Anteriormente, ya existían reportes aislados de Leishmania infantum en humanos, perros importados de otros países y fauna silvestre en Costa Rica, pero nunca se habían documentado casos autóctonos confirmados de leishmaniasis visceral canina en el país; es decir, casos que se originaron en Costa Rica y no son importados. Con el estudio comprobamos que hay casos circulando y que los perros pueden ser un reservorio del parásito. Eso sí, los perros no van a contagiar a las personas directamente con el parásito. Para esto se requiere del flebótomo —mosquito— que lo transmita de un hospedero a otro”, mencionó la Dra. Rojas.

La confirmación oficial se realizó entre la Universidad de Costa Rica (UCR), la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), así como la Escuela de Medicina y Cirugía Veterinaria San Francisco de Asís.

Estas instituciones trabajaron unidas con un colaborador del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa), en conjunto con laboratorios y clínicas veterinarias privadas del país, además de otros centros científicos internacionales de Brasil y Alemania.

La nueva evidencia ya se encuentra publicada en la revista científica Frontiers in Veterinary Science.

La Dra. Alicia Rojas Araya, microbióloga de la UCR, explica los detalles del estudio

Desde el 2022, Costa Rica cuenta con un primer protocolo que establece qué se considera como caso sospechoso, caso confirmado y caso descartado de leishmaniasis.

Los resultados del estudio ahora potencian la capacidad del país para mejorar la detección, el monitoreo y la prevención de posibles posibles riesgos asociados al parásito.

La importancia

La relevancia de la Leishmania infantum radica en tres elementos primordiales. El primero es que este parásito puede enfermar al animal y generarle un padecimiento conocido como leishmaniasis visceral canina, muy diferente al papalomoyo —también una infección cutánea provocada por otra especie de Leishmania—.

La leishmaniasis visceral canina ocasiona anemia, lesiones en la piel, pérdida de pelo, crecimiento anormal de las uñas y un deterioro progresivo de la salud del perro que, en casos graves, puede comprometer su vida. Pero esto no es todo.

La segunda razón es que Leishmania infantum también puede transmitirse del animal a las personas mediante un mosquito especial —conocido como flebótomo— y causar una severa enfermedad llamada leishmaniasis visceral humana. Esta afecta, principalmente, a órganos como el hígado, el bazo y la médula ósea. Si una persona contrae este parásito, y no recibe tratamiento oportuno, la infección puede avanzar hasta provocar la muerte.

“En una persona, la leishmaniasis visceral humana representa la forma clínica más grave de la enfermedad ocasionada por el parásito. Si el paciente no se trata, puede fallecer. El periodo de incubación en seres humanos va de dos semanas a un par de meses”, indicó el Dr. Carlos Mata Somarribas, microbiólogo del Centro Nacional de Referencia de Parasitología, del Inciensa, y otro de los investigadores.

“Existen muchos casos asintomáticos o subclínicos, por lo que es difícil llegar a estos diagnósticos que pueden poner en riesgo la vida de la persona. Por eso, este estudio es tan relevante”, agregó el Dr. Mata.

Equipo científico

En la fotografía se puede ver a parte del equipo científico encargado de la detección.  La primera notificación de los casos de estudio se dio en el 2023, con la identificación de un perro con lesiones ulceradas en el hocico, alopecia en las patas e inflamación en los ganglios linfáticos, en una veterinaria de Guanacaste.

Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

La tercera razón es, justamente, la que menciona el Dr. Mata. Leishmania infantum, a diferencia de otros parásitos de preocupación, es más difícil de detectar.

Este parásito, por ejemplo, es extremadamente pequeño, mide entre dos y cinco micrómetros (casi 200 veces más pequeño que la punta de un alfiler), posee un único núcleo —su centro de control— y un flagelo —cola— que le permite movilizarse en ciertas etapas de su ciclo de vida. En ocasiones, cuando está dentro de su hospedero no genera síntomas y, cuando lo hace, suelen confundirse con otros padecimientos.

El saber esto coloca a Leishmania infantum como una nueva posibilidad dentro del diagnóstico veterinario, lo que le da a Costa Rica nuevas oportunidades para detectar de manera más temprana la enfermedad en perros. Antes, al ser tan poco usual, no era de sospecha clínica inmediata, lo cual cambia con este estudio.

“Lo encontrado permite mejorar las acciones de prevención y control, así como prevenir posibles contagios en humanos y reforzar las estrategias de protección de la salud pública”, enfatizó la Dra. Rojas.

El Dr. Víctor Montenegro, médico veterinario de la UNA, indica por qué el perro no es una fuente de enfermedad directa

“Lo primero que debemos de transmitirle a las personas es calma y responsabilidad con la tenencia de mascotas.

El detectar el parásito no significa que tengamos una emergencia fuera de control, ni que los perros deban ser violentados o abandonados, porque ya está comprobado que esto no logra disminuir la circulación del parásito.

Debemos evitar reacciones basadas en el miedo y en la desinformación. Lo ideal es siempre consultar al médico veterinario, porque hay tratamientos disponibles, y siempre cuidar a nuestras mascotas”.

Dra. Alicia Rojas Araya, microbióloga de la UCR.

Un viejo conocido

El parásito Leishmania no es nuevo. Este microorganismo fue descubierto a inicios de 1900 en Túnez. Hoy, la ciencia reconoce más de 20 especies de Leishmania que causan enfermedad en el ser humano como: Leishmania infantum, Leishmania donovani, Leishmania braziliensis y Leishmania mexicana, por mencionar algunas.

En Costa Rica, las primeras sospechas de la leishmaniasis visceral surgieron en 1982, tras el aislamiento del parásito en un perro importado desde España.

Luego, en 1989, se reportaron lesiones compatibles con la enfermedad en Liberia, Guanacaste. Para 1996 se realizó una primera identificación relacionada con leishmaniasis visceral en el país y, en 1999, se registró el primer caso formal en un ser humano en Liberia.

Durante los años siguientes, los reportes continuaron apareciendo en distintas zonas del territorio nacional, como Carrillo en el 2019, Abangares, Hatillo, San Sebastián y Tamarindo entre el 2020 y el 2023. Incluso, en el 2025 se identificó un caso de leishmaniasis cutánea en un niño de Santa Cruz, Guanacaste.

Sin embargo, pese a décadas de sospechas y reportes aislados, fue hasta este 2026 cuando la ciencia costarricense finalmente logró detectar la presencia del organismo Leishmania infantum en siete perros de Guanacaste y uno de San José, lo que llevó a confirmarlos como reservorios; es decir, animales capaces de albergar y contribuir a la transmisión del parásito hacia otros seres vivos.

Así luce la lesión del parásito en perros

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Lesiones en perros
Lesiones en perros
Lesiones en perros

Según la Dra. Carolina Elizondo Ovares, del departamento de Epidemiología del Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa), el origen de enfermedades infecciosas en humanos es casi, en un 60 %, derivada de animales domésticos o silvestres. Por eso es vital conocer el parásito y sus manifestaciones.

¿Enfermedad silenciosa?

Lastimosamente, sí. En ocasiones, la enfermedad pasa desapercibida. El estudio identificó que algunos perros contagiados eran asintomáticos. Esto último es importante.

Para la Dra. Rojas, que algunos perros no hubiesen generado síntomas podría facilitar la propagación silenciosa del parásito en comunidades humanas y animales. El Dr. Víctor Montenegro, médico veterinario del Laboratorio de Parasitología de la UNA, y también investigador del estudio, concuerda.

De acuerdo con el Dr. Montenegro, a nivel mundial se calcula que cerca de 15 000 000 de perros están infectados con Leishmania infantum pero, de estos, se estima que solo 2.5 millones están enfermos.

“Por el momento, sabemos que la enfermedad se expande por el desplazamiento de perros infectados y, también, por cambios en condiciones favorables para el vector. Algo particular, es que hay perros infectados sin signos clínicos, cerca del 60 %, que podrían ser transmisores silenciosos. No obstante, son los perros enfermos (30 %) los que generan una mayor fuente de parásitos”, aseveró el Dr. Montenegro.

Este escenario es importante. Adicional a lo mencionado por el Dr. Montenegro, y tras confirmar ocho casos autóctonos de Leishmania infantum en perros que nunca han salido del país, las personas investigadoras consideran que Costa Rica ya posee las condiciones necesarias para que una enfermedad zoonótica ocurra de manera local.

“La leishmaniasis constituye una zoonosis de importancia sanitaria particular en su forma visceral, dado que los perros domésticos son reservorios primarios y participan en la transmisión hacia el ser humano. Por eso, para nosotros es importante que las personas nos notifiquen, un requerimiento que está sustentado en la declaración obligatoria de enfermedades animales en el decreto Ejecutivo No. 34669-MAG”, sostuvo la Dra. Carolina Elizondo Ovares, del departamento de Epidemiología del Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa).

En perros, la incubación del parásito dura de uno a tres meses, incluso años. Los perros contagiados muestran apatía, inapetencia, alopecia, dermatitis, letargia, fiebre, pérdida de condición, atrofia muscular, diarrea, ganglios inflamados, pústulas, descamación, anemia grave y fallo renal, entre otros.

El diagnóstico canino se hace mediante un análisis clínico exhaustivo y pruebas de sangre específicas.

El Dr. Josué Camacho Campos, investigador de la Escuela de Medicina y CirugÍa Veterinaria San Francisco de AsÍs, explica el tratamiento en perros

Así ocurre el contagio

Leishmania infantum se transmite por flebótomos, pequeños insectos conocidos popularmente como “mosquitos de ariblanco”.

En otras palabras, el contagio no se da por el contacto directo entre perros o entre seres humanos, sino con la ayuda de un intermediario que, en este caso, es el flebótomo o mosquito de ariblanco.

Las picaduras de este mosquito suelen darse en las primeras horas de la noche, siempre que no haya viento ni lluvia para que el insecto pueda instalarse.

Posteriormente, al darse el contagio, la incubación en perros dura de uno a tres meses, incluso años. Los animales contagiados tienden a mostrar apatía, inapetencia, alopecia, letargia, fiebre, pérdida de condición, atrofia muscular, diarrea, nódulos inflamados, pústulas, descamación, anemia grave y fallo renal, entre otros.

En las personas, el cuadro clínico tiende a cambiar. El Dr. Carlos Mata, del Inciensa, explicó que, cuando una persona es contagiada por este parásito, destacan tres signos principales: una fiebre de origen oscuro —desconocida— de varios meses de evolución, pérdida de peso marcada a largo plazo y esplenomegalia —aumento anormal del bazo—, que lleva a fallas orgánicas y pone en riesgo la vida del paciente.

La pregunta que ahora inquieta a la ciencia es, ¿por qué hay una circulación autóctona del parásito si este microorganismo es más usual en países europeos?

Mosquito transmisor

En la imagen se observa el mosquito transmisor.

“Una de las mejores herramientas de prevención es no exponer al perro durante las horas de actividad del mosquito (tarde-noche), y utilizar productos con acción repelente como collares, pipetas, vacunas con antígeno recombinante y controles adecuados para el traslado de animales”, dijo el Dr. Montenegro.

El enigma

Históricamente, se ha creído que este parásito es poco frecuente en el país debido al contexto geográfico de Costa Rica.

Leishmania infantum requiere de temperaturas cálidas, ambientes secos y la presencia de insectos vectores específicos para desarrollarse, condiciones que el país no suele proveer de forma generalizada. No obstante, en Guanacaste encontró un sitio ideal para su desarrollo. Este aspecto se ha respaldado, aún más, a raíz de los análisis genéticos realizados.

Las secuencias genéticas detectadas en Costa Rica mostraron mayor relación con cepas de Europa y África, que con las presentes en Brasil y otros países de América Latina, a pesar de la cercanía. Esto sugiere que Guanacaste sería un territorio receptor idóneo de los genes del Viejo Mundo.

“Para nuestra sorpresa, las secuencias de Leishmania infantum que se obtuvieron de Costa Rica fueron más parecidas a las de Europa, similares a las de Portugal, España y Bosnia-Herzegovina o Marruecos. Esto quiere decir que, muy probablemente, los parásitos se importaron en algún momento de la historia de algún país del Viejo Mundo a Costa Rica”, aseveró la Dra. Rojas.

Lo anterior apunta a que el parásito probablemente ingresó a suelo nacional desde regiones fuera del continente americano, se instauró y, luego, inició su transmisión local en Costa Rica. A esto hay que añadirle, según explicó la Dra. Alicia Rojas, las grandes capacidades que tiene el microorganismo para adaptarse al entorno.

Leishmania infantum está siendo un patógeno emergente y, para que esto pase, quiere decir que el país está viviendo cambios en su ecosistema, fragmentación de bosques y urbanización, que permiten un mayor intercambio de patógenos entre población silvestre y doméstica. También influye el cambio climático, los viajes y la translocación de hospederos infectados”, expuso la experta.

científicos

En la actualidad, la leishmaniasis es considerada una enfermedad desatendida a nivel mundial y Costa Rica no es la excepción. Durante mucho tiempo existieron limitaciones para abordar la enfermedad de manera integral y solo, hasta hace tres años, se elaboró un documento técnico. Hoy, la leishmaniasis es una enfermedad de notificación obligatoria. 

Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

Lo que sigue

Ahora, con los datos, el siguiente paso es fortalecer la vigilancia epidemiológica en Costa Rica.

En estos momentos, según manifestó la Dra. Carolina Elizondo Ovares, del Senasa, Costa Rica ya tiene un primer protocolo que establece qué se considera como caso sospechoso, caso confirmado y caso descartado de leishmaniasis, así como la prueba de diagnóstica sugerida.

En este caso, el análisis que se recomienda es un test rápido o un ELISA —ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas—, que permite detectar anticuerpos o sustancias específicas producidas por el organismo cuando existe una infección.

A esa acción, las y los científicos recomiendan añadir un llamado a la ciudadanía para que se protejan y se cuiden a los perros, que no hayan abandonos y se realicen pruebas rutinarias. Asimismo, se insta a incrementar la vigilancia de los insectos vectores, un mayor fortalecimiento al acceso a tratamientos adecuados y el fomento de nuevas políticas públicas desde un enfoque “Una Salud”, que integre la salud humana, animal y ambiental.

Asimismo, desde la UCR se sugiere que cada perro que ingrese al país tenga un certificado oficial veterinario, en cual se diga que el animal está libre de Leishmania infantum. Esto ayudaría a prevenir brotes, asegura el equipo investigador.

“Actualmente, tenemos la vigilancia pasiva, basada en la notificación de casos sospechosos, probables o confirmados. Esta notificación suele venir de clínicas, consultorios veterinarios, laboratorios e instituciones académicas, como principales fuentes. Esto permite identificar tendencias, distribución geográfica y cambios epidemiológicos que lleven a la sensibilización veterinaria y al registro de datos”, amplió la Dra. Elizondo, del Senasa.

Mientras más datos se recopilan, el equipo científico se propone investigar si las cepas de seres humanos y animales son las mismas, identificar si hay más animales que funcionan como reservorios y ahondar el rol del flebótomo —mosquito transmisor—. Todo lo anterior le permitiría al país comprender más al parásito y tomar decisiones más oportunas a favor de la salud pública.

La metodología

Los animales fueron evaluados mediante pruebas serológicas rápidas para detectar anticuerpos contra Leishmania infantum, así como exámenes clínicos, hematológicos e histopatológicos. Además, se recolectaron muestras de sangre, ganglios linfáticos, piel, bazo y conjuntiva para identificar la presencia del parásito.

Luego, el equipo científico aplicó técnicas moleculares de PCR y secuenciación genética para confirmar la identidad del parásito y comparar su relación con cepas detectadas en otras regiones del mundo. 

De igual forma, se realizaron análisis filogenéticos y de haplotipos para rastrear el posible origen de las muestras encontradas en Costa Rica. 

Jenniffer Jiménez Córdoba
Jenniffer Jiménez Córdoba
Periodista Oficina de Comunicación Institucional
Áreas de Cobertura: Ciencias de la Salud, Administración Superior
jenniffer.jircdtmenezcordoba  @ucrnvwr.ac.cr

Comentarios:

1
  • roberto umaña alvarez 2026-05-24 09:38:01
    Muy bien, pero en Liberia y otros lugares deambulan perros enfermos sin dueño, se ven todos los días. Igual ocurre con la chinche bebesangre, la gente cocina con leña y la almacena por el invierno a la par de la casa.

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