Los investigadores encontraron que las personas entrevistadas se caracterizan por depender en gran medida de los ecosistemas marino-costeros, particularmente de la pesca artesanal y del manglar, tanto para la generación de ingresos como para el consumo alimentario del hogar. Foto: cortesía de Álvaro Morales.
El cambio climático ya está dejando huella en la región: las lluvias son cada vez más impredecibles y las temperaturas siguen en aumento. En el estudio “Metodología para el fortalecimiento de la resiliencia multisectorial a la variabilidad climática en el cantón fronterizo La Cruz, Guanacaste, Costa Rica”, publicado en la revista Universidad en Diálogo, Pavel Bautista y otros (2023) mencionan que detrás de estos cambios hay varios factores naturales que influyen en el clima, por ejemplo, El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) que puede desatar eventos extremos y las variaciones en la temperatura del océano.
En un ecosistema tan sensible como el golfo de Nicoya, estos cambios ya empiezan a sentirse. Un análisis publicado por Alms y Wolff en el 2020 advierte que las especies podrían desplazarse en busca de aguas más adecuadas, mientras que la base de la cadena alimentaria (el fitoplancton) podría disminuir o cambiar su distribución. Esto, a su vez, impactaría directamente en la pesca con variaciones en las capturas y en la cantidad de recursos, muchas veces ligadas al ENOS.
Por esta razón, científicos de la Universidad de Costa Rica desarrollan un proyecto, principalmente con mujeres de la zona costera, en el cual trabajan en la pesca artesanal o de subsistencia en Nicoya. La iniciativa se llama “Resiliencia social al cambio climático en el golfo de Nicoya, Costa Rica: desarrollo colaborativo de futuros sostenibles para la pesca a pequeña escala” (Resocclim-Nicoya).
El proyecto incluyó la realización de talleres, charlas y encuestas con el fin de brindarles a las participantes herramientas para comprender los efectos del cambio climático en los productos que extraen del mar.
La iniciativa tuvo un enfoque de género y la meta fue aportar al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 5, 10 y 13, asociados a la igualdad de género, la reducción de las desigualdades y la acción por el clima, respectivamente.
Las comunidades participantes fueron Costa Pájaros, Manzanillo de Puntarenas, isla Chira, Puerto Níspero y Colorado de Abangares. El fin fue construir en conjunto escenarios a futuro, según las proyecciones de cambio climático y, de esta manera, contribuir a cultivar la resiliencia climática de las pesquerías.
El equipo de trabajo está conformado por los biólogos Astrid Sánchez y Álvaro Morales, el hidrólogo Hugo Hidalgo y el meteorólogo Eric Alfaro.
Resocclim-Nicoya inició en el 2023 y está ligada a otro proyecto internacional llamado “Solving sustainability challenges at the food climate biodiversity nexus” (Resolviendo los desafíos de la sostenibilidad en la interrelación entre alimentación, clima y biodiversidad), en el cual participa un equipo inter y multidisciplinario de personas investigadoras de diferentes unidades académicas (Geografía, Biología y Nutrición) de la UCR.
Ese último proyecto incluye un componente de seguridad alimentaria y nutricional en las comunidades, el cual es coordinado por Marcela Dumani y Shirley Rodríguez, de la Escuela de Nutrición.
El equipo investigador tiene aprobada la ampliación de la iniciativa para volver a las comunidades a compartir los resultados de los talleres, el análisis y la retroalimentación, como parte de una labor de acción social.
La resiliencia climática ante el panorama actual
Tras los distintos escenarios construidos por los participantes de los talleres, la exposición teórica y el trabajo en grupo, los científicos encontraron que hay una alta consistencia entre percepciones ambientales, valores declarados y disposición a actuar, así como un reconocimiento explícito de responsabilidades humanas en la degradación ambiental y un sentido de corresponsabilidad y agencia individual y colectiva frente a la conservación.
Los datos recolectados en el proyecto sugieren que el proceso educativo ha contribuido a traducir la preocupación ambiental en intención de acción concreta y ha permitido que las personas conecten explícitamente el clima, los ecosistemas y la alimentación como parte de un mismo sistema.
En las giras de campo realizaron talleres de futuros deseables y cambio climático, así como encuestas. Los investigadores encontraron que las personas entrevistadas se caracterizan por depender en gran medida de los ecosistemas marino-costeros, particularmente de la pesca artesanal y del manglar, tanto para la generación de ingresos como para el consumo alimentario del hogar.
El equipo investigador busca promover el seguimiento a las comunidades mediante alianzas estratégicas para apoyar el cumplimiento de sus objetivos. En la fotografía se observa a los investigadores Álvaro Morales y Shirley Rodríguez. Foto: cortesía de Álvaro Morales.
La mayoría de la gente entrevistada utiliza pangas con motor fuera de borda, adquiridas por los propietarios, principalmente mediante ahorros propios o mecanismos informales. Esto refleja un limitado acceso al financiamiento formal.
En relación con la resiliencia y el cambio climático, encontraron que hay una diversificación de estrategias alimentarias (compra, autoconsumo e intercambio) y un conocimiento ecológico local, el cual se evidencia en la identificación precisa de los cambios en las especies, en la frecuencia de las mareas rojas y en las condiciones ambientales.
Las personas oriundas de la zona, que poseen una rica cultura del mar, manifiestan aceptar vedas y prácticas de pesca sostenible, así como estar dispuestas a contribuir a la conservación y valoración ecosistémica profunda, especialmente del manglar como infraestructura natural de protección frente a eventos extremos.
También descubrieron límites estructurales a la resiliencia, porque existe una alta dependencia a un ecosistema ya estresado; un acceso limitado a financiamiento, equipo y capacitaciones; así como una exposición directa a la variabilidad climática sin redes formales de protección.
De acuerdo con los investigadores, las comunidades ya están adaptándose, pero lo hacen principalmente por medio de estrategias autónomas, con poco respaldo estructural. Los científicos indican que la resiliencia observada no es producto de la abundancia, sino de la capacidad adaptativa forzada por la necesidad.
Hidalgo, por su parte, expuso que la temperatura va a aumentar hacia el resto del siglo. Para mediados del siglo XXI, la temperatura va a aumentar de 2 a 3 grados centígrados, aproximadamente, y para finales de siglo subirá alrededor de 4 grados. El hidrólogo indicó que, aunque parezca un futuro lejano, el aumento será constante a través del tiempo.
El investigador también señaló que, tras el análisis de los resultados de los modelos, sus proyecciones indican que la lluvia va a disminuir, pero será más notorio del 2050 en adelante. Sin embargo, explicó que los eventos extremos pueden hacer que llueva con mayor intensidad, lo cual causaría erosión y la no absorción del agua de la superficie.
Además, el científico explicó que, aunque la lluvia no cambie, si la temperatura sube, la aridez aumenta, porque la demanda de agua de la atmósfera crece. Esto puede afectar la vegetación y los cultivos que utilizan estas comunidades, así como la disponibilidad del recurso para el consumo humano.
Seguridad alimentaria bajo presión climática y ambiental
La nutricionista Dumani señaló que las dinámicas económicas de estas comunidades dependen de la pesca. Si hay una afectación en esta actividad por el aumento de la temperatura del mar, otras áreas tienen consecuencias.
Por ello, la investigadora pone el foco en el hecho de que el cambio climático afecta la capacidad y la calidad de pesca. Por ejemplo, las almejas antes eran un recurso alimentario muy disponible para la comunidad, pero ahora son escasas.
Morales explicó que el aumento de los gases de efecto invernadero, especialmente del CO2, tiene una consecuencia sobre el pH del agua. Esa incidencia produce un impacto sobre las larvas de los moluscos. Las almejas son moluscos y, por ello, podría darse una disminución de las poblaciones.
Dumani añadió que más de la mitad de las personas entrevistadas produce alguna fruta u hortaliza en la casa para complementar su alimentación. Sin embargo, la mayoría de esos alimentos son estacionales.
Con respecto al agua, la nutricionista mencionó que encontraron que en las comunidades abordadas hay un faltante de este recurso, lo cual limita la posibilidad de tener negocios que requieran la preparación de alimentos.
Dumani también indicó que el golfo de Nicoya recibe agua de una serie de ríos provenientes de zonas productivas de monocultivos. Por tanto, las comunidades no están afectadas solo por una cuestión climática, sino también ambiental.
La nutricionista, además, destacó que “son las mujeres organizadas las que están realizando acciones de mitigación y de adaptación al cambio climático”. Dumani mencionó que las mujeres de zonas costeras dedican tiempo de forma voluntaria y recursos propios para desarrollar trabajos que mejoren sus medios de vida y el ambiente. Según los investigadores, este resultado evidencia que el abordaje del tema en estas comunidades debe, necesariamente, incluir la perspectiva de género.
Una metodología para proyectar y construir futuros deseables
El equipo generó escenarios de cambio climático. Hidalgo explica que los modelos climáticos son usados para generar proyecciones del clima a futuro. Esas proyecciones están basadas en supuestos sociales y de emisiones de gases de efecto invernadero que, a su vez, generan impactos que dependen de cómo se imagine ese futuro a nivel global y socioeconómico.
El hidrólogo señaló que, si se imaginan un escenario más verde u optimista, estarían proyectando cambios climáticos menores. Por el contrario, si se imaginan un futuro en el que las acciones son como las actuales o peores, estarían pensando en cambios climáticos mayores.
Los escenarios los construyeron bajo modelos. En esos espacios se observa cómo podría ser el comportamiento de estos recursos a lo largo del tiempo con las variaciones climáticas que los escenarios muestran.
Los investigadores también hicieron una valoración plural de los servicios del ecosistema por medio de encuestas y talleres. Estudiaron las motivaciones de las personas hacia la sostenibilidad, la información técnico-científica y el contexto socioeconómico y demográfico de la gente, lo cual influye en el apoyo a prácticas de pesca sostenible.
Asimismo, utilizaron la técnica de narración de historias para conocer los valores por los cuales las personas aceptan o rechazan medidas de manejo sostenible.
Hidalgo explica que en el proceso les hicieron planteamientos para que se imaginaran su futuro bajo distintas condiciones. El fin era identificar las acciones a seguir para llegar a esos futuros deseados.
El componente de seguridad alimentaria y nutricional fue más social; estuvo enfocado en conocer las actividades para obtener los alimentos, las actividades de pesca y las prácticas de conservación del ambiente de las personas de la comunidad.
Además, Dumani explicó que estudiaron la diversidad de la dieta y analizaron la inseguridad alimentaria de las familias de las personas entrevistadas. Ambos aspectos se relacionan con cualquier alteración que pueda haber en los recursos marinos y en las condiciones ambientales de estas comunidades.
El aporte de la UCR a las comunidades participantes
Ana Cecilia Solís Ugalde
Gerente de Mudecoop R. L., comunidad de Manzanillo
“Nosotras sabíamos sobre el cambio climático, pero no tanto. Esto nos abrió la perspectiva para darnos cuenta de que, sin saber, nuestros proyectos estaban contribuyendo a la mitigación de esta problemática”.
Guiselle Campos Villarreal
Participante de la comunidad de Costa Pájaros
“Es muy importante asegurar un impacto real, pertinente, sostenible e integrado con mucho conocimiento científico. Nosotras aportamos lo nuestro. Se hace un buen equipo y nos da mucha confianza. El trabajo es más fácil y enriquecedor”.
Hugo Hidalgo
Hidrólogo e investigador del proyecto
“Las técnicas de narración de historias y escenarios futuros utilizadas contribuyen a cambiar la mentalidad de las personas, porque les permiten visualizar con optimismo su futuro, así como las acciones para llegar a obtener ese futuro deseable”.
Marcela Dumani
Nutricionista e investigadora del proyecto
“La información brindada es un mecanismo que les permite estar más conscientes del papel que tienen que tomar en su propio destino para ser resilientes al cambio climático”.
Álvaro Morales
Biólogo e investigador del proyecto
“La iniciativa permite cumplir con la tarea de la UCR de aportar posibles soluciones a los problemas que aquejan a las comunidades del país. También posibilita hacer llegar los resultados y recomendaciones del proyecto a las instancias pertinentes del Estado".
