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Premio Nacional de Danza Mireya Barboza en la categoría de Interpretación

El premio reconoce la solidez interpretativa de Verónica Monestel en la coreografía 'Los ingenuos' de Danza Universitaria

5 may 2026Premios de Cultura
Verónica Monestel

El jurado de los Premios Nacionales exhaltó el trabajo excepcional como bailarina intérprete de Verónica Monestel, en la coreografía Los ingenuos, por destacar no solamente en todos los aspectos técnicos e interpretativos, sino, además, por mostrar dominio en la utilización del vestuario y valorización de este. Foto: Archivo OCI.

Años de disciplina, exploración y búsqueda artística son para la bailarina Verónica Monestel Chaves esa huella que se traduce en un reconocimiento que celebra no solo una interpretación, sino toda una trayectoria dedicada a la danza. 

La artista fue galardonada con el Premio Nacional de Danza Mireya Barboza 2025 en la categoría de Interpretación, por su trabajo en la coreografía Los ingenuos, donde destacó por su solvencia técnica, su profundidad interpretativa y su capacidad para integrar elementos escénicos como el vestuario en la construcción del personaje. 

Este reconocimiento llega en un momento de madurez artística, en el que Monestel asume la escena desde una conciencia plena de su recorrido. Más de tres décadas de trabajo, marcadas por la formación, la investigación y la docencia, confluyen en una interpretación que dialoga con temas universales como la finitud, la incertidumbre y la condición humana. 

En esta entrevista, Monestel, quien es bailarina de Danza Universitaria, habla sobre su trayectoria, sobre su interpretación en Los ingenuos y hace un llamado vehemente a la UCR para mejorar las condiciones laborales de los artistas.  

¿Cuál ha sido su trayectoria? 

VMC: Podría decir que mi trayectoria inicia en el seno de mi hogar, con una fuerte influencia de mis padres y familiares ligados al arte desde la música, el teatro, el cine y la televisión. Esto fue determinante en mis primeros valores artísticos e interés en tener una educación ligada las artes en el Conservatorio de Castella y donde me especialicé como técnico medio en danza. 

Con 15 años tuve mi primer acercamiento con la Universidad de Costa Rica. A escondidas de mis maestras del Castella me iba a clases de danza con Luis Piedra y Rogelio López, miembros fundadores de Danza Universitaria, en el programa de aspirantes, conocido como Danza Abierta. Una vez que salí del Castella inicié, ya no a escondidas, dicho programa de manera regular.  

En 1991 tuve mi primera participación profesional con Danza U, en la obra Juan, Juan, María, María de Rogelio López, después vino otra obra: Palabras castellanas en 1993. 

Siempre había tenido la ilusión de salir del país y aventurarme en un modelo diferente de educación en danza. Logré ingresar con gran dificultad financiera, al European Dance Development en Arnhem-Holanda/Alemania, donde me gradué con un título internacional en danza-performance. Esta etapa fue crucial en mi desarrollo como intérprete y sobre mi despertar en las posibilidades que ofrece la danza para investigar en diferentes áreas. 

Al finalizar mis estudios formales me mudé a Barcelona y empecé otra etapa de búsquedas unipersonales, donde apareció la videodanza como posibilidad creativa. Allí trabajé con artistas visuales de la escuela de cine de Barcelona que se aventuraron conmigo a producir mi primera videodanza Visa 100 Once en 1999. Al mismo tiempo, me vi en la necesidad de empezar a investigar en mi propio sistema de entrenamiento, donde comencé haciendo mis propias prácticas de clase y laboratorios de investigación, que posteriormente se convertirían una propuesta de trabajo corporal que denominé: Entrenamiento Danzario. Estos son mis inicios más formales en el campo de la docencia. 

Al volver a Costa Rica, empecé a dar clases y a bailar de manera independiente, tanto en unipersonales como en un grupo que se llamaba Danzasi. Simultáneamente mi coqueteo con Danza Universitaria persistía, y bailaba como invitada en algunas obras. Ya en el año 2002, mi romance con la compañía se concreta. Tengo ya 24 años de idilio con esta agrupación, y más de 35 de bailar profesionalmente. He bailado muchas obras, recibido muchas clases, compartido con muchos colegas y artistas de otros campos del arte y otras áreas del conocimiento. Me he desarrollado como artista-intérprete, coreógrafa, investigadora y psicopedagoga, compartiendo con compañías de danza, programas de educación no formal en danza, carreras en danza, comunidades e intercambios con prácticamente todos los grupos etarios. Esto, tanto a nivel nacional como internacional.  

Aún con todo esto uno siente que siempre hay algo más. No acaba nunca. Supongo que es el espíritu inquieto. 

¿De qué se trata Danzario? 

VMC: Es curioso porque todo eso viene del mismo sistema educativo en Holanda, que me inspiró muchísimo a la investigación personal. 

De alguna manera era buscar, indagar en el cuerpo cuáles eran las necesidades para estar preparada para un ensayo, posteriormente y qué tenía que hacer para eso y quedara realmente todo mi cuerpo listo. Así fue como lo empecé conmigo, fue absolutamente sola, explorando y después empecé a invitar a gente para ver cómo lo percibían y a recibir retroalimentación. 

Foto de la presentación de la obra Los Ingenuos en el Teatro de la Danza

La obra Los ingenuos se presentó en el 2025 en el Teatro de la Danza y fue dirigida por Bryan Chavarría. Foto: Archivo OCI.

Eso fue en España, ya cuando vine acá, ya tenía más formulado ejercicios y otras cosas, me senté a escribir cuáles eran las motivaciones, yo no estaba inventando el agua tibia. Todos los entrenamientos tienen una influencia de todo lo que hacés, creo que agarré un poco de todo y le metí mi movimiento personal, que era un poco en lo que me había formado en la escuela de improvisación en Holanda.  

Y evolucionó de una manera que yo no me imaginé, porque en realidad tampoco me imaginé dar tantas clases. Empezaron invitaciones, empecé a explorar, lo puse en práctica con Danza U y con otras agrupaciones. 

¿Qué importancia tiene para su carrera Danza Universitaria?  

VMC: Como dije antes, empecé con un coqueteo con Danza Universitaria a los 15 años y el idilio se consumó en el 2002, donde ya se me contrata formalmente. 

Mi papá es pensionado de la Universidad de Costa Rica y él fue el que me presentó a Danza Universitaria, me dijo: "tenés que ver este grupo", los fui a ver y a mí me impactó ver a los bailarines y sobre todo el contenido de las obras. Siempre ha sido una compañía que me ha retado también en un contexto universitario donde uno puede ver casi que reflejado un poco, qué es lo que pasa en un país, a través de toda su diversidad y es el contexto en el que está la compañía. No sé si hubiera sentido lo mismo en otra compañía, porque creo que el contexto político, por mi formación, me atraía. 

¿Cuáles fueron los principales retos que tuvo la coreografía Los ingenuos en su interpretación? 

VMC: El reto más importante para mí fue el hecho de que yo entraba al escenario después de 15 o 20 minutos de haber empezado la obra. 

Entraba en un momento donde la obra estaba en un pico y acababa de pasar un grupal muy fuerte con mis colegas, de movimiento. Desde el principio, como sabía que iba a entrar sola, en un momento que, además tenía una intencionalidad de darle un punto de giro a la obra, implicó una gran responsabilidad. 

Toda la exploración corporal, intencional, interpretativa, estuvo muy acompañada de saber que tenía que mantener el ritmo de la obra. Creo que ese fue uno de los retos más grandes, porque no podía dejar que el espectáculo, de alguna manera cayera o que por lo menos se mantuviera y que realmente se lograra lo que el director de la obra quería. 

El jurado destaca la técnica y el uso del vestuario en su interpretación ¿Cómo se integra todo esto dentro del proceso creativo? 

VMC: En cuanto al vestuario, me llamó la atención la mención del jurado al respecto. Siendo honesta, su uso no fue un componente que tuve la oportunidad de ensayar. De hecho, ese batón que me cubría por completo, lo logré estudiar hasta la semana de estreno. Atribuyo lo que se logró ver a la experiencia y años en las tablas. A la seguridad y confianza de saberme empapada de mi propia creación corporal e interpretativa, y saber cómo utilizarla a favor del personaje a través de un recurso como el vestuario. Por eso, es que la combinación de todos los recursos disponibles cuenta a la hora de ser un personaje en escena 

¿Cómo fue la conceptualización del personaje? 

VMC: Mi personaje nace del concepto de la muerte y la finitud. Personaje que se posiciona en la obra como una especie de presagio, augurio, premonición en torno a la idea de lo que acaba, desaparece o continua en un estado desconocido. Se presenta como un punto de giro en la obra, que apela a la incertidumbre de nuestro futuro como seres este mundo y categóricamente implacable hace referencia a esa verdad para todos: la muerte. 

Construí un personaje dicotómico, que complementó el tema con la idea del sueño y la vigilia. Un mundo interno y otro externo, con golpes de realidad y ficción. Por eso, le adjudiqué un lenguaje de movimiento donde jugué con la expansión, trazos abiertos con brazos y piernas, torsos, esto como metáfora de lo externo, lo que es y es inevitable. 

Por otro lado, ese lenguaje se mezclaba con su contraparte. Movimientos retorcidos, deformados, espasmódicos donde entra el mundo de lo íntimo, lo absurdo, el miedo, la inocencia y la locura. 

Verónica Monestel

Verónica Monestel obtuvo el Premio Nacional de Danza Mireya Barboza 2025 en la categoría de interpretación, por un personaje que nace del concepto de la muerte y la finitud. Foto: Anel Kenjekeeva.

Aunque claramente desarrollé un lenguaje de movimiento, es importante mencionar que hay un componente trasversal de la danza-teatro dentro del personaje, en eso fue inspiradora la banda sonora. El cantante es sublime y con su propuesta me ofreció todo un mundo de posibilidades. En algún momento me pregunté ¿Cómo voy a hacer para llenar este musicón? Pero bueno, me sumergí en ella. 

¿Qué significa para usted este premio? Y ¿cuál es la importancia que tiene para su trayectoria, para Danza Universitaria y para la Universidad? 

VMC: Previo a este premio, he venido reflexionando en torno a todos esos aspectos que conforman una trayectoria, el bagaje y la experiencia de un artista escénico de la danza. Ese recorrido de años es una huella que se instala en tu cuerpo y alma, y te cambia. 

Como bailarina madura consciente de esos procesos humanamente naturales se vuelve un tema apasionante e interesante de tratar en este momento de mi vida, donde con esa madurez me llega un premio que me reafirma en convicciones sobre las virtudes, beneficios y ventajas de bailar por muchos años. Es valioso porque me llega en un momento donde me siento plena física y emocionalmente: y donde puedo ver reflejado el trabajo de años, de un todo el día, la disciplina que conlleva este arte y sobre todo lo que me motiva a seguir con pasión el camino. 

Por otro lado, significa una forma de retribuir de alguna forma a todas las personas que han tenido que ver con mi desarrollo como artista. Familia, maestros, coreógrafos, directores, amigos y colegas. De todos ellos estoy permeada. 

No podría hablar de lo que significa para toda Danza U, eso es algo que tal vez se les puede preguntar a ellos. Sin embargo, pensando en la agrupación como organización cultural, me parece que cada premio nacional viene a confirmar el trabajo serio, comprometido y de recurso humano de calidad con el que cuenta. 

Este año fui yo la galardonada, pero hay una fila de colegas que han estado en ese lugar. 

Estos reconocimientos evidencian la capacidad artística y profesional de sus miembros, los cuales hemos ayudado a construir una compañía sólida en el país y el continente, la cual queremos que exista muchos años más. 

En relación con lo que significa para la U, esa es una pregunta que a mí me gustaría escuchar de las autoridades. Para mi tiene un sabor dulce y amargo. A pesar de que he trabajado en ella casi 24 años, ésta no termina de consolidar y reconocer mi trabajo laboralmente hablando como tal. 

Puedo decir con propiedad que ese disponer y poder alcanzar mejores condiciones presupuestarias, de infraestructura y de consolidación profesional, pasan por la voluntad política de turno. He viajado en el barco de la incertidumbre muchos años, donde de una u otra forma para la institución siempre hay algún aspecto del quehacer del bailarín que no merece lo que sí se da a otras profesiones. 

En un contexto político como el actual, donde las universidades e instituciones públicas han sido tan atacadas y cuestionadas, cada premio de este año viene a dar un poco de aire fresco al ambiente hostil al que nos enfrentamos. Eso hay que visibilizarlo, agradecerlo y reconocerlo a lo interno de la institución, porque implica un esfuerzo y compromiso que no es correspondido. 

Me gustaría pensar que la Universidad va a dejar de usar nuestro trabajo artístico como un adorno escrito en el estatuto orgánico, una mención en el informe de labores y actividades protocolarias, las cuales no resuelven la realidad de los vacíos laborales y de infraestructura que enfrentamos. Me gustaría pensar que finalmente esta universidad a través de sus autoridades va a cambiar el discurso por prácticas tangibles y realidades presupuestarias, que reconozcan al artista escénico de la danza de manera integral en la Institución. 

Detrás de cada premio otorgado a un artista y funcionario de esta institución hay una representación de calidad y de excelencia que acompaña principios fundamentales acordes con la misión universitaria. La marginalidad y precarización de las condiciones laborales no son de recibo para una agrupación como Danza Universitaria, que ha mostrado ser patrimonio cultural de la institución y del país. 

Me siento con la responsabilidad artística, profesional y moral desde el contexto de este premio nacional, de exigirle a esta institución que nos debe eso. Calidad en nuestros puestos de trabajo, calidad en nuestra infraestructura, calidad y equidad en la distribución de presupuestos para el arte. 

Andrea Marín Castro
Andrea Marín Castro
Periodista, Oficina de Comunicación Institucional
Áreas de cobertura: artes y ciencias agroalimentarias
andrea.maalcwrincastro  @ucrwkup.ac.cr

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