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Premio Nacional de Teatro Ricardo Fernández Guardia en la categoría de Dirección

Gabriela Quirós: “El teatro es una forma de romper el silencio sobre las violencias que vivimos”

Fue galardonada por la obra 'I Love Frankie'
30 abr 2026Premios de Cultura
Gabriela Quirós

Gabriela Quirós, docente de la Escuela de Artes Dramáticas,  fue galardonada con el Premio Nacional de Teatro Ricardo Fernández Guardia en la categoría de dirección. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

En el cruce entre el teatro y la psicología, la directora y actriz costarricense Gabriela Quirós Castro ha construido una trayectoria artística vinculada con lo social, lo comunitario y los derechos humanos. Su trabajo escénico, atravesado por la exploración de las emociones y las relaciones humanas, encuentra en el arte una herramienta para visibilizar historias que, con frecuencia, permanecen en silencio.  

Esa mirada se materializa en I Love Frankie, la obra con la que obtuvo el Premio Nacional de Teatro en la categoría de Dirección, y que se adentra en un tema tan complejo como poco abordado, la violencia doméstica ejercida por hijos adultos hacia sus madres. A partir de una propuesta estética que dialoga con la figura de Frankenstein y con lenguajes como el humor, el terror y la sitcom, Quirós construye una narrativa que no busca señalar culpables, sino cuestionar las estructuras que reproducen la violencia.  

En esta entrevista, la creadora reflexiona sobre su proceso artístico, los retos de llevar estos temas a escena y el papel del teatro como espacio para propiciar conversaciones necesarias en la sociedad. 

¿Cuál ha sido su trayectoria? 

GQC: Yo soy egresada de la Escuela de Artes Dramáticas de la Universidad de Costa Rica y también soy egresada de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica. Además, soy docente de la Universidad de Costa Rica, trabajo en algunos proyectos de acción social y anteriormente también trabajé como docente de habilidades socioemocionales en otra universidad pública. 

Ambas carreras han marcado mucho lo que ha sido mi trayectoria. Me pasó algo muy interesante con las artes, que empecé a conocer o a explorar todavía más, en teatro de calle con un personaje de mimo. Este personaje me acercaba mucho a la gente y era muy interesante porque empecé a reconocer en el trabajo en calle, la importancia del trabajo en comunidad. Y todo el tema también relacionado a habilidades socioemocionales que, como psicóloga marcó mucho mi carrera. 

Como comenté, en algún momento fui docente de habilidades socioemocionales y cada vez que tenía acercamientos, ya sea solamente en el área de psicología o solamente en el área de artes, era inevitable no hacer la mezcla de conocimientos y de experiencias y de ampliar todavía más con un enfoque social. 

Empecé a trabajar en diferentes proyectos. Tengo mucha trayectoria con teatro de objetos, en los últimos años teatro sensorial, que se trabaja mucho desde la parte de inclusión y democratización del arte. Y también me ha interesado mucho, como psicóloga y como artista, el enfoque de género y derechos humanos. 

En los últimos años, he estado investigando y explorando un poco. Tuve una obra, la primera que nace, de alguna manera, de mi propia experiencia, que se llamó Último round, allí hablaba de la violencia psicológica en las relaciones de pareja. Y gracias a esta obra me pude acercar todavía más a la comunidad y me pareció muy interesante, porque partir de experiencias personales y de otras mujeres, me ayudó a comprender que las historias que una lleva al teatro se entrelazan con otras historias y hay muchas historias sin contar.  

Creo que ahora se habla un poco más de la violencia psicológica en las parejas, cada vez tenemos más de información, pero cuando llegás a comunidad te das cuenta de que hace falta mucho trabajo. 

A partir de esta experiencia, se logró fundar una red que se llama Enredarnos, que es una red de teatro centroamericano, que está integrada por diferentes artistas de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, donde somos mujeres hablando de situaciones de justicia y género, que obviamente parte también de experiencias biográficas y que se trabaja la transformación social a través de la herramienta del teatro.  

Y en la en la última temporada, ya caigo un poco con otra temática que es I Love Frankie, que es la obra con la que gano este premio nacional de teatro. 

¿Cómo llega a dirigir la obra?  

–GQC: Siempre me he creído más intérprete que directora, a pesar de que mi formación y la forma en que he hecho mi trabajo ha sido mucha autodirección. Yo me autodirijo mucho, a pesar de que trabajo mucho con Karina Mora en teatro sensorial o he trabajado con otros proyectos, siempre he trabajado mucho conmigo misma. 

Y con Enredarnos resulta que ganamos un fondo del FCAM. El fondo va direccionado para la red, para un encuentro que se hace anualmente, pero también iba proyectado a que cada agrupación, de cada país, tuviera la posibilidad de potenciar algunos de sus proyectos. Y en este caso yo tenía esta idea de trabajar la temática de I Love Frankie, pero yo quería ser intérprete. 

Sin embargo, como tengo la experiencia desde la psicología, soy yo la que empiezo a estudiar el tema a la hora de que convoco a los compañeros y a las compañeras para esta creación. La propuesta se me dio vuelta y me pidieron que fuera yo la directora, porque era la que tenía más clara la idea. Con mucho miedo le dije que sí a la propuesta y fue un proceso de un año de estar estudiando, de estar reformulando, fue un proceso colaborativo, intenté integrar otras áreas, por ejemplo, psicólogas externas y otras miradas para poder llevar esto a cabo. 

Fue muy interesante porque sí ha sido mi primera experiencia como directora, dirigiendo a otras personas, pero altamente satisfactoria, no solo por esta mención, sino porque creo que todo el proceso de creación fue muy honesto. Realmente se quiso profundizar en el tema, creo que desde una responsabilidad social muy fuerte con lo que quería abordar ahí, por todo ese trasfondo social con el que he manejado mi carrera, y también porque al final siento que estoy hablándole a la comunidad. 

Creo que mi trabajo, aunque si bien el gremio teatral lo puede disfrutar, mi objetivo principal está en la gente, en conectar con esas mujeres, con esos hombres, con esas infancias, desde diferentes puntos, entonces tengo un respeto total por esas historias que yo puedo llegar a transmitir.  

¿Cuál es el tema que aborda la obra I Love Frankie

GQC:  I Love Frankie es una versión de cómo se construye el monstruo de Frankenstein. Y el tema principal que aborda es la violencia doméstica, pero de hijos adultos a madres. 

Es un tema complejo porque primero es tabú. Si ya es complicado que, en temas de violencia doméstica, las mujeres hablen y denuncien situaciones de violencia de sus parejas, ahora hablar de la violencia que ejercen los hijos, es más complejo porque ya nos empezamos a meter también en lo que implica la maternidad, temas como el sacrificio, la culpa, todos los deberías, las soledades que se llevan al maternar.  

Al hacer la investigación, me doy cuenta de que hay cierta tendencia, no digo que sea la única, ni que sea absoluta, de ciertas personas, que principalmente hombres, aprovechan ciertas circunstancias, como hijos incluso, para ejercer violencia de género. Yo no podía o no quería transmitir solamente la monstruosidad de Frankie, en este caso, como única persona que se señala como un agresor, sino también se hace la pregunta de ¿Por qué se hace un monstruo?, ¿Qué pasó ahí para que esta persona llegue a ser lo que es? Y eso nos da un poco de avistamientos sobre el tipo de violencia que se puede ejercer, ahora así, no solamente con su madre, sino como parejas o en la sociedad o cómo se ve a la mujer y me hace tener una perspectiva más humanizante tal vez, de estos monstruos, donde ambos, Frankie y la mamá, son víctimas de un sistema. 

Y ese es el gran tema. Son víctimas de un sistema, donde se replica la violencia de género de muchísimas formas y lamentablemente estamos abandonando o aislando a estas personas.  

¿Cuáles son los retos más grandes que hay a la hora de abordar este tipo de temática en el teatro? 

–GQC: Yo creo que lo más difícil es no caer en estereotipos. Cuando uno aborda la violencia, uno tiene que ir a lugares con mucha más profundidad porque si no tendemos a eso, a señalar, y que hay ciertos patrones desde, entre comillas, la obviedad, del por qué las personas son como son y no necesariamente. Entonces, creo que lo más difícil es el cuestionamiento que hicimos para la construcción del texto. 

Gabriela Quirós

En el 2025, Gabriela Quirós dirigió su primera obra I Love Frankie que aborda el tema de la violencia doméstica ejercida por hijos adultos hacia sus madres. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

Fue un proceso muy largo porque es un texto original. Yo planteo la idea, planteo un poco la estructura a llevar y la plástica, esta relación de un Frankenstein no es gratuita. En la novela original, hay un abandono del creador, de una figura paterna. 

Hay un gran cuestionamiento de parte del monstruo y hay un gran enojo sobre la sociedad, sobre el rechazo, sobre no saber quién es. Y entonces me cuestiono mucho sobre los hombres que son abandonados que, por su socialización, de alguna manera, están buscándose, buscando su identidad a través de la mirada o de la forma de otros hombres, por tanto, otras masculinidades, hay poca asertividad con respecto a sus emociones.  

El fin de la obra no es hacer un señalamiento, es más bien ver cómo nos acompañamos en esto que está pasando. Estos niños, por ejemplo, que están creciendo solos o que están creciendo con estos discursos de masculinidades cada vez más tóxicas o que más bien se están revelando nuevamente estos patrones, y de madres que viven mucho esto en soledad.  

¿Cuál es la importancia de hablar de estos temas en el teatro?  

GQC: Yo creo que es muy importante. El arte en general es un reflejo de nuestra vida, creo que también algo que he descubierto dentro de mi carrera, es que no puedo desligarme de la propia historia o las propias vivencias y cuando uno lleva esto a tablas y la gente reconoce esta historia como algo que pasa, es muy importante. No es un hecho aislado, no es un hecho ficticio, aunque se mezcla con lenguajes creativos, pero es una realidad en muchas familias.  

Vemos tíos, abuelos, padres, los propios hermanos, que tienden a tener estas conductas, y también madres sosteniendo este tipo de comportamientos. Yo creo que ese reflejo es muy importante para entender de que no estamos solas o solos, que esta situación de violencia que hemos visto, que hemos denunciado o que nos mueve internamente, de alguna manera, quienes tenemos ese ojo para detectarlo, creo que es muy importante.  

Creo que romper el tabú de que esto pasa, y hacernos la pregunta, qué pasa si rompemos el silencio, si empezamos a hablar de esto y empezamos a ver con mucha más empatía y con mucha más consideración a estas personas, por lo que están pasando, por lo que podrían llegar a pasar. 

El año pasado hubo tres casos reportados de femicidios de parte de hijos a sus madres. Y hablando con una psicóloga que trabaja justamente en el servicio de atención del 911, me decía que hay muchas denuncias de violencia intrafamiliar de parte de hijos a madres. Está también la problemática de que muchas no denuncian porque dentro de todo el tema de la maternidad, les cuesta mucho hacer esa denuncia.  

Hay un tema que es muy interesante, que la obra lo trata con mucho cuidado, porque la obra no trata de dar una respuesta o una solución, porque esto es complejo, pero es mirar con más criticidad el sistema legal. 

En las denuncias de este tipo existe la posibilidad de una orden de alejamiento por un año, pero después la persona regresa y vuelve a la misma dinámica. Muchas veces, si no es que no hay denuncia de parte de estas mujeres, la orden de alejamiento realmente no es efectiva. 

Surge de nuevo lo que consideramos que es la maternidad y los deberías, entonces se vuelve todavía más conflictivo, porque está la creencia que nos volvemos malas mujeres, malas madres, somos más señaladas y el tema del sacrificio hasta el final. 

Y se dice que muchas de estas mujeres, nunca salen de esa relación de violencia o terminan muriendo a manos de sus hijos o se terminan enfermando, porque el tema del cuido se dirige hacia sus hijos, aunque no necesariamente tengan una condición de discapacidad o enfermedad, pero sí hay un tema de cuido que las sobrepasa y abandonan su propio cuidado.  

Hay muchos hechos ahí que son importantes de observar, de analizar y acompañarnos y hacer un llamado a que el cambio está entre todas las personas. No se hace desde el teatro nada más, es una forma para hablar de eso y para romper el silencio, pero es una invitación directa para acompañarnos. 

¿Cómo se da el proceso de construcción de la propuesta estética para que logre compaginar con la propuesta narrativa? 

GQC: Fue muy interesante porque cuando empecé a estudiar el tema de la violencia de hijos a madres, encontré un libro que se llama Hijos tiranos que habla que no necesariamente personas que han vivido situaciones de violencia o alguna situación de vulnerabilidad, son personas violentas, sino que hay ciertos criterios que potencian esas conductas. 

En el libro se menciona algo muy interesante que es la imagen del Frankenstein y lo que habla es que Frankenstein es un monstruo incomprendido, que fue creado, abandonado y expuesto a un montón de situaciones y él lo que buscaba era el reconocimiento, en este caso, de un padre. A partir de todo eso, a él le nace un gran enojo por la sociedad y lo destruye todo, haciendo esa demanda de atención y de identidad. 

Entonces me pregunté qué pasaría con esos niños que están siendo abandonados por sus figuras paternas, que están buscando qué significa ser hombre en este momento con referencias de masculinidades realmente violentas, donde hay una represión de emociones, donde muchos están creciendo en soledades porque sus madres tienen que trabajar y no hay tampoco un acompañamiento afectivo. Puede incluso que existan negligencias y otro tipo de violencias asociadas que también suceden de parte de esta figura materna, pero no necesariamente porque sean mujeres violentas, sino porque tampoco han sabido gestionar procesos de acompañamiento o de amor, pues son personas que están sobreviviendo. 

Después se plantea el trabajo desde el sitcom. ¿Por qué desde el sitcom? Porque hay muchas generaciones que hemos crecido a través de la televisión y creo que lo seguimos haciendo a través de plataformas, ahora de otro tipo, y vemos replicadas ahí familias perfectas, pero también vemos reflejadas historias de terror y empezamos a naturalizar todo esto.  

Tuvimos mucho la referencia de los programas tipo I Love Lucy, que son estas comedias que disfrazaban mucho la violencia con el humor, que es lo que muchas veces pasa, porque a la hora de que uno se acerca a estas mujeres, es un dolor tan grande lo que están viviendo, que la forma de sobrevivir es a través del humor. 

También hay una correlación interesante de cómo la televisión es una gran influencia de cómo nos vamos formando. Y como estructuras, como en el humor o el terror, nos acompañan a lo largo de nuestra vida y lo hemos normalizado, lo llevamos muy profundo. 

¿Qué significa para usted recibir reconocimiento? 

GQC: Fue muy sorpresivo. La verdad es que es muy importante. Creo que es un reflejo de que, si bien es la primera vez dirigiendo a otras personas, también habla mucho de mi carrera, de mi enfoque de derechos humanos, social, de género, de mi enfoque hacia la comunidad. También del respeto que yo le tengo a las personas, a sus historias y a esta vinculación que yo he venido trabajando desde el teatro.  

Y ha sido muy interesante porque si bien soy psicóloga, siempre me he dirigido más al área del teatro. Es como que entiendo más el tema de la vinculación y de profundizar ciertos temas.  

Para mí habla de un recorrido, que además tener un premio de esta índole es difícil, en un gremio que es difícil, los reconocimientos son complejos, depende mucho de quién te esté mirando como jurado, del interés que tenga el jurado en la propuesta, porque puede haber grandes producciones y hay espacios que en términos económicos tienen mucho presupuesto versus una persona independiente, que no tiene una agrupación, que soy yo convocando gente, con muy escasos recursos.  

Creo que el reconocimiento del arte independiente es otro factor que hay que validar. No se trabaja en las mismas condiciones. Tengo que hacer muchos trabajos al mismo tiempo para poder ser creadora, eso significa tiempos de no dormir o sacar plata en mi bolsillo, negociar con el equipo de trabajo, entonces creo que en ese término es muy importante y además ganar con este tema, creo que es muy valioso porque hay muchas historias, muchas situaciones que todavía no se han contado y es una inspiración para poder seguir profundizando en lo que nos pasa como sociedad, que no estamos aisladas o aislados y que de repente hablar de género no solamente es hablar de mujer, sino también hablar de múltiples violencias que nos atraviesan a todos y a todas. 

Andrea Marín Castro
Andrea Marín Castro
Periodista, Oficina de Comunicación Institucional
Áreas de cobertura: artes y ciencias agroalimentarias
andrea.mamsxfrincastro  @ucrzchr.ac.cr

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