Alejandro Gutiérrez: cuando dirigir contribuye a transformar la comunidad
Alejandro Gutiérrez obtuvo el Premio Nacional de Música Carlos Enrique Vargas 2025, en la categoría de Dirección. Foto: Archivo OCI.
Para el director costarricense Alejandro Gutiérrez Mena, la música trasciende el escenario, es una herramienta de transformación social, un puente entre las personas y una forma de servicio. Su trayectoria, que inició como instrumentista, encontró en la dirección orquestal una vía para amplificar ese propósito y conectar con públicos más amplios, desde una convicción profunda sobre el poder de la música en la vida individual y colectiva.
Desde su labor al frente de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Costa Rica (OSUCR), Gutiérrez ha consolidado un enfoque que pone a las personas en el centro del quehacer artístico. Su estilo de dirección apuesta por el trabajo colaborativo, el sentido de pertenencia y la construcción conjunta de la interpretación musical, entendida no solo como un ejercicio técnico, sino como una experiencia compartida que interpela tanto a quienes ejecutan como a quienes escuchan.
En virtud de su excelente y profusa labor en la dirección orquestal durante el año 2025 en la cual evidenció un sólido equilibrio entre calidad técnica, versatilidad, logro, ambición artística, adaptación y diálogo con las condiciones del entorno costarricense, se le otorgó el Premio Nacional de Música Carlos Enrique Vargas.
En esta entrevista, Gutiérrez ahonda sobre su trabajo y su visión acerca de la dirección orquestal en el país.
–¿Qué lo llevó a usted a dedicarse a la dirección?
– Alejandro Gutiérrez Mena: De alguna manera, obviamente, yo inicié como músico, yo fui un estudiante de música normal, pero desde muy jovencito siempre tuve ese deseo de dirigir, pero en ningún momento tuve alguna filosofía acerca de lo que significaba dirigir, era solamente porque me gustaba. Más adelante cuando fui madurando, ya un estudiante universitario, vi en la dirección una manera de poder llegarle a más gente, porque yo siento que la música es un medio para poder colaborar en la transformación de las personas, en la transformación de la sociedad.
Durante muchos años me desempeñé como músico, solamente como instrumentista. Luego llevé las dos especialidades, como instrumentista y como director. Y fue en el 2009 que decidí dedicarme a la dirección, especializarme en eso.
Fue una decisión difícil, pero no me arrepiento porque, al contrario, más bien creo que fue la decisión correcta, porque tuve esa misma idea, ese mismo sentimiento de que con la música podía colaborar en esa transformación, pero a través de la dirección podía llegar a más gente.
Con las orquestas y con el público que viene a los conciertos, que me permite no solamente alimentar su alma, su mente y su intelecto con la música de por sí, pero también me interesa mucho siempre hablar un poquito sobre lo que significa la música o las músicas que estamos tocando en ese momento. Veo la dirección como una manera de servicio.
–¿Cómo describiría usted su estilo de dirección? ¿Cuáles serían los principios que guían su trabajo frente a una orquesta?
–AG: Primero que, desde mi visión, de lo que yo siento, más importante que la música, son las personas y sobre todo las personas que colaboran conmigo, haciendo música juntos.
Desde ese punto de vista evito ejercer un liderazgo muy vertical, al contrario, siempre busco un liderazgo muy horizontal donde todos realmente nos sintamos participes, que tengamos ese sentimiento de pertenencia con lo que hacemos, con las orquestas, con la música misma, y que mi labor más bien sea de guía, de inspiración, para que podamos todos compartir en conjunto. No es un liderazgo vertical, es un liderazgo bastante horizontal, pero siempre con mucha claridad de lo que quiero como interpretación.
–El premio reconoce su labor por mantener un sólido equilibrio entre calidad técnica y versatilidad. ¿Cómo logra integrar estos elementos en los proyectos que asume?
–AG: Primero, que uno no trabaja para ganar premios, es la verdad, uno trabaja porque es el estilo de vida que escogí, porque me apasiona y porque realmente es lo que me hace feliz, hacer esto y compartirlo con la gente.
En cuanto al premio por mi estilo técnico y versatilidad, es porque para poder llegarle a más gente, he decidido diversificar mucho los géneros con los que trabajo.
A pesar de que soy un director de formación académica clásica, siempre me gusta estar inmerso con otras músicas, la música popular latinoamericana, el jazz, la música de muy diferentes géneros. Eso me ha permitido, sin que ese fuera mi objetivo principal, diversificar mucho. Pero sí es muy importante para mí darle ese espacio a los compositores y compositoras latinoamericanos y muy especialmente costarricenses. Eso también ha hecho que automáticamente mi estilo se haya diversificado mucho, porque son músicas nuevas, con generaciones nuevas, con visiones de expresividad y expresión muy diferentes a los grandes maestros del pasado. Eso no fue algo que yo busqué, sino que es algo que la vida misma me ha llevado.
–¿Qué retos implica dirigir ese tipo de repertorios tan diversos?
–AG: Lo lindo de esto es que al enfrentarme a esa diversidad de repertorios, se sale uno de la zona de confort. Porque uno como ser humano corre el peligro de sentirse cómodo y de alguna manera, hacer solamente lo que se le hace fácil, eso impide que uno descubra otro montón de cosas, otro montón de mundos, otro montón de ideas, de comunicación, de lenguajes, de expresiones culturales. Pero al mismo tiempo, el hecho de permitirme estar aprendiendo, investigando constantemente me mantiene muy fresco y eso hace que mi carrera sea muy agradable para mí, porque siempre me estoy actualizando, siempre estoy tratando de hacer cosas que me inspiren de nuevo, y así mantengo la ilusión que he tenido toda la vida con respecto a la música.
Es un reto, pero al mismo tiempo es una oportunidad para seguir creciendo.
–¿Cómo se construye con las y los músicos una interpretación sólida y coherente?
Uno de los proyectos más importantes en su carrera es la dirección de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Costa Rica. Foto: Anel Kenjekeeva.
–AG: La música ya está escrita y nosotros recibimos eso, que es como una receta, por decirlo de alguna manera. Los músicos solamente obtienen la parte que a ellos les corresponde ejecutar. El director tiene toda la partitura, tiene la receta completa, con todos los ingredientes, entonces la comunicación es la clave. No solamente la comunicación verbal, sino más importante aún, la comunicación no verbal, el gesto, la actitud corporal. Eso hace que todo el análisis y toda esa interpretación que ya tengo en mi cabeza a través de la partitura, yo la pueda comunicar de una manera eficiente y clara a través de mi gestualidad.
Y cuando es necesario, pues la comunicación verbal. Pero más que eso, es de qué manera yo puedo inspirar a los músicos, que todos realmente podamos encajarnos en una sola idea. Porque cada músico que tengo al frente, es un y una profesional, especialistas en su instrumento. Yo no soy un especialista en cada uno de los instrumentos. Ellos sí, entonces, a través de esa motivación e inspiración, yo puedo sacar lo mejor de ellos y al mismo tiempo poderlos meter dentro de una sola idea. Y es un compromiso y es un manejo psicológico importante que tiene que hacer el director para poder lograr que 70, 80, 150 músicos, podamos crear una sinergia linda, una sinergia que produzca transformaciones en la gente que nos escucha.
–¿Cómo ha sido su experiencia al frente de la Orquesta Sinfónica de la UCR y esto cómo ha impulsado su trabajo y su trayectoria?
–AG: Yo creo que ha sido de las cosas más importantes que han pasado en mi vida porque como instrumentista, yo tenía mi instrumento en la casa y practicaba con ese instrumento. Un director no tiene una orquesta para practicar en la casa, entonces son pocos los puestos de dirección que hay. Así que tuve el privilegio y la bendición de ser nombrado como el director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Costa Rica y a partir de ahí ha sido un aporte de doble vía.
Yo propongo mi visión artística y el elenco me da toda su energía y toda su ilusión y todos sus deseos de ser parte de una gran orquesta. Mi visión artística cada vez se va refrescando y va aumentando a niveles de excelencia más altos, y los músicos me siguen en esa visión.
Ha sido también un camino de crecimiento mutuo. Yo propongo, ellos me dan, yo propongo, ellos me dan, yo propongo, ellos me dan y así vamos sucesivamente. Es un intercambio de energía muy lindo, que de igual manera hace que la carrera de uno sea muy agradable. No significa que no haya retos. Siempre hay retos, siempre hay obstáculos desde el punto de vista artístico, administrativo, todo eso, pero lo más importante es cómo uno asume esos retos. Es buscar la manera de que esos retos más bien sean experiencias de aprendizaje, más que obstáculos.
–¿Y cuál es la importancia de que la Universidad haya podido consolidar un proyecto como la Orquesta Sinfónica?
–AG: Es una maravilla y es una gran bendición que la universidad líder en Costa Rica se haya comprometido con este proyecto.
La acción social que hace la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Costa Rica es sumamente importante y sí transforma vidas, porque son múltiples las experiencias que tenemos de retroalimentación del público, no solamente por los aplausos o por la emoción que ellos nos dan de regreso, sino porque hay experiencias muy bonitas que llegan a hablar con uno para realmente expresarle qué es lo que ellos sienten cuando escuchan la música.
Además, es muy importante ese balance de una universidad que va de punta en la tecnología, con sus materias STEM, pero que también tiene un área de artes muy sólida, y no cualquier universidad en América Latina se da ese gusto. Creo que hay una visión muy importante que hay que seguir alimentando, tener una orquesta no es un gasto, es una inversión, que solamente se hace con gente sabia que ha consolidado esa visión.
–Dentro del proyecto de la Orquesta Sinfónica de la UCR están los conciertos del tío Ale ¿Cómo surge esa iniciativa?
–AG: Eso va muy unido con esa misión de colaborar en la transformación de la sociedad costarricense. Y qué mejor que iniciar a temprana edad.
A la música clásica le han puesto una etiqueta que es aburrida y no sé por qué, porque al contrario, la música lo que hace es que transforma, alimenta el alma, alimenta la imaginación, lo hace soñar a uno, y si lo hace dormir, en buena hora, significa que lo está relajando, y eso no significa que toda la música sea suavecita, hay música también que es agresiva porque la música es una expresión como cualquier otro arte, en el que por ejemplo, los compositores leen mucho de su entorno social, cultural, espiritual y todo eso transporta.
Entonces, qué mejor manera que iniciar con la niñez costarricense y especialmente desde la primera y segunda infancia. Porque es una manera no solamente de educar, de una alfabetización musical, sino porque también desde muy pequeños ellos empiezan a alimentar su espíritu y su mente con música de mucha calidad y a amar nuestra música costarricense, porque también hacemos música costarricense.
Lo del tío Ale nació porque yo vengo de una familia muy grande, somos 16 hermanos. Y pues como entenderá, 16 hermanos producen un montón de sobrinos y sobrinas, y siempre me han llamado tío Ale. Y cuando ellos estaban pequeñitos y yo estaba practicando en la parte de detrás de mi casa, les encantaba ver a tío Ale estar ensayando. Pero también porque siempre he tenido una gran conexión con los niños y las niñas. Siempre he tenido muy buena conexión por estos sobrinos y sobrinas.
Y después empecé a hacer estos conciertos con otras orquestas. Fui invitado muchas veces con la Orquesta Sinfónica Nacional. En Pacific Symphony en Estados Unidos, en California, era el director asociado y precisamente me correspondía a mí hacer los conciertos familiares. Entonces, por supuesto, adquirí muchísima experiencia con estos conciertos, en otras sociedades.
Y todas esas ideas que yo desarrollé ahí, porque era yo el que tenía que desarrollarlas, visualizarlas y ponerlas en práctica, vi los resultados que tenían. Entonces todo eso lo vengo a replicar con la OSUCR, y eso ha sido una manera de acercarse a la niñez, no el director Alejandro Gutiérrez, sino que tío Ale, es mucho más cálido, menos serio. Porque parte de nuestra filosofía es acercarnos a la comunidad. Por eso es que el tío Ale deja de ser un director y se convierte en un actor, brinca, baila, canta, hace todo con los niños y las niñas. ¿Y cuál ha sido la respuesta? Fabulosa, es la serie más popular que tenemos. Y lo más lindo es ver no solamente colegas, que ahora son músicos, porque en algún momento fueron inspirados por los conciertos familiares, pero también personas de otras profesiones que dicen: "Qué lindo, yo siempre amé la música, ahora soy médico, pero a mí me marcó ese concierto de música para familias.
Es uno de los conciertos que más nos gusta hacer porque empezamos a trabajar desde las edades que son realmente más importantes para crear una cultura musical costarricense.
–¿Qué significado tiene el premio en este momento y el impacto que tiene en su trayectoria, en su carrera?
–AG: Como le dije al principio, yo no trabajo por los premios, yo trabajo porque es mi estilo de vida que yo escogí y que me hace el hombre más feliz del mundo. Y yo creo que ese sentimiento, esa actitud hacia la vida y hacia la música es lo que trae consigo estas cosas. Por supuesto que es una motivación para seguir, para decir algún impacto positivo estoy haciendo y la gente lo está apreciando. Me alegra mucho, yo estoy muy agradecido primero porque existen estos premios, que el Ministerio de Cultura se ha propuesto fortalecer todas las diferentes expresiones artísticas y culturales del país, y por supuesto con las personas que creyeron en mí.
