A la población le preocupa el cambio climático, pero está poco dispuesta a modificar sus hábitos
El compostaje doméstico permite reducir residuos y emisiones de gases de efecto invernadero. Así, los desechos orgánicos se convierten en una acción concreta frente al cambio climático. Foto de Archivo OCI.
Costa Rica es reconocida internacionalmente por su liderazgo en sostenibilidad. El Informe “Costa Rica: Una visión compartida de sostenibilidad” señala que su desarrollo se ha basado en la protección ambiental y el uso sostenible de los recursos naturales.
Sin embargo, un análisis reciente sobre comportamientos y percepciones frente al cambio climático, efectuado en el marco de la Encuesta de Actualidades 2025 por la Escuela de Estadística, de la Universidad de Costa Rica (UCR), evidencia una contradicción.
La población costarricense manifiesta altos niveles de preocupación por el problema del cambio climático, pero una baja disposición a modificar prácticas diarias o adoptar nuevas que podrían contribuir a mitigarlo.
El estudio fue elaborado por las y los estudiantes de Estadística de la UCR: Mariana Bresciani Quesada, Gabrielle Herrera Arias, Kevin Arce García, Karina Jiménez Camacho y Marianne Peña Wüst. El equipo analizó tanto la percepción de riesgo como la disposición a adoptar acciones individuales.
“Costa Rica ha destacado históricamente por su sostenibilidad y conciencia ambiental. Sin embargo, cada vez es menos sostenible para la población. La conciencia ambiental no se está traduciendo en acciones concretas. Por ende, se realizó este instrumento”, indicó Marianne Peña Wüst.
El instrumento midió las acciones específicas a favor del ambiente, la percepción sobre la afectación del cambio climático y el nivel de preocupación.
Una preocupación generalizada
De acuerdo con el estudio, los resultados muestran que el cambio climático sí ocupa un lugar relevante en la mente de la ciudadanía costarricense.
En una escala de 0 a 10 —donde 0 significaba ninguna preocupación y 10 mucha preocupación— las personas participantes reportaron una calificación promedio de 8,3.
El nivel de inquietud no varió significativamente por edad, educación ni ingreso percibido. No obstante, sí aparecieron diferencias por sexo. Las mujeres mostraron una preocupación mayor, en promedio de 8,5, mientras que los hombres mostraron una preocupación de 8,0.
Además, la población percibe efectos cercanos en el tiempo. Ante la pregunta sobre qué tan probable es que el cambio climático afecte al país en los próximos cinco años, el 91,3 % de las personas encuestadas cree que es probable que impacte la economía nacional.
Por su parte, el 82,5 % considera que afectará sus actividades diarias de trabajo y ocio y el 72,8 % anticipa daños en la infraestructura de su comunidad. En este último aspecto, las mujeres reportaron una mayor percepción de riesgo que los hombres (86,1 % frente a 78,3 %).
“Esta percepción de riesgo es diferenciada por el nivel educativo, cuando se trata de la economía, y también hay una diferencia estadísticamente significativa en las actividades diarias entre mujeres y hombres”, ahondó Marianne Peña Wüst.
Aunque usar transporte público reduce emisiones y contaminación, muchas personas aún muestran poca disposición a dejar el automóvil particular para sus desplazamientos diarios.
Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.Poca anuencia
Aunque la preocupación es alta, la disposición a adoptar medidas concretas no alcanza el mismo nivel.
Las personas fueron consultadas sobre cinco posibles acciones individuales a implementar en los próximos cinco años. Los resultados evidencian que el apoyo depende del grado de cambio que exija la conducta.
Por ejemplo, compostar residuos orgánicos, evitar recipientes plásticos de un solo uso, participar en acciones de activismo sobre cambio climático y usar con mayor frecuencia transporte público son medidas que tienen una mayor aceptación, entre el 78,9 % al 57,9 %.
En cambio, dejar de consumir carne o productos lácteos es la que está más lejos de implementarse. El porcentaje fue solo del 23,3 %.
En otras palabras, las acciones percibidas como menos disruptivas —como separar residuos— generan mayor adhesión, mientras que aquellas que implican modificar hábitos alimentarios presentan mayor resistencia.
“Era muy poco probable que las personas realizaran acciones que requerían más esfuerzo, como, por ejemplo, dejar de consumir productos lácteos o usar transporte público. Mientras que las acciones que requerían menos esfuerzo, cómo hacer abono, compostaje o dejar de usar plásticos de un solo uso, era más probable que las personas lo realizaran”, afirmó Marianne Peña Wüst.
¿Qué podemos hacer?
Para Marianne Peña Wüst el panorama es claro: además de concientizar, es necesario facilitar las conductas a favor del medio ambiente mediante políticas públicas y participación comunitaria.
La Dra. Zaray Miranda Chacón, médica de la UCR y especialista en cambio climático, opina algo similar. Para ella, lo que hace falta es reforzar el mensaje de que las acciones individuales sí tienen impacto.
“Hay un problema y es que la situación de cambio climático es tan grande y catastrófica que es muy abrumadora. Entonces, a veces cuesta entender que las acciones individuales sí cuentan y este es un mensaje clave que hay que difundir: que por más pequeña que sea una acción, todas las acciones individuales sumadas cuentan bastante”, mencionó la Dra. Miranda.
Asimismo, la médica recomienda que en el tema de cambio climático también se hable desde los efectos que causa en la salud humana. Es decir, no solo concebir que el adoptar nuevas prácticas benefician únicamente al ambiente, sino también al bienestar personal.
“Hay una gran diferencia cuando el ser humano prioriza la caminata sobre los medios de transporte para movilizarse, aunque sean distancias pequeñas. Esto genera un beneficio que se ve reflejado hasta en la salud mental. Entonces, son prácticas que también tienen que ver como con la salud de uno, no solo con la salud del planeta”, reflexionó la Dra. Miranda.
Por último, la Dra. Miranda enfatizó la dimensión comunitaria. Las acciones ambientales también impactan indirectamente a las poblaciones más vulnerables, como niñas, niños y personas adultas mayores, por lo que el compromiso no es únicamente individual, sino colectivo
Así, si bien los resultados de la Encuesta Actualidades evidencian una diferencia clara entre la conciencia ambiental y la adopción de nuevas prácticas cotidianas, también es necesario pensar en todas las contribuciones individuales y colectivas que se generan al adoptar nuevas prácticas sustentables.
