Microbiólogo destacado de la UCR: “Soy el hijo de la señora que limpia y del negro que pinta”
"Para mí, la UCR fue un movilizador social. Para estudiar microbiología, aquí existe solo otra posibilidad que es una universidad privada y es sumamente cara. Para mí eso no era una realidad. La UCR era mi única posibilidad y me abrió las puertas con una beca", afirmó el Dr. Robleto.
Su nombre traducido al español significa “alegría”, una palabra que le hace justicia a su esencia. Joby “Joy” Robleto Quesada, microbiólogo destacado de la Universidad de Costa Rica (UCR), transmite esa vitalidad que proviene solo de quien conoce de cerca los desafíos, pero también de quien aprendió a convertirlos en impulso.
“Soy el hijo de la señora que limpia y del negro que pinta. Me gradué con honores de la maestría académica en Microbiología y, aunque estoy lleno de satisfacción personal, es inevitable para mí reconocer esto también como un logro colectivo, familiar y de las comunidades a las que pertenezco: afrodescendiente y de la clase baja. Porque para graduarnos no solo enfentamos lo retos académicos, sino también el racismo y la discriminación”, afirmó el Dr. Robleto, quien hoy sostiene su tercer título de la mejor universidad del país.
Ese orgullo es evidente, así como la alegría por la ciencia que plasma en cada una de sus labores. Desde cada análisis de sangre que realiza para ayudar a las personas con drepanocitosis —una condición que causa anemia severa y perjudica fuertemente la vida de muchas personas en Costa Rica—, hasta giras a lugares remotos del país a fin de llegar a poblaciones que, de otra forma, no podrían acceder a estos estudios clínicos avanzados.
Él no duda en tomar sus equipos e ir a zonas de limitado acceso para efectuar diagnósticos que pueden cambiar vidas y, al mismo tiempo, impulsar estudios que generen nuevos avances en la prevención y el tratamiento de esta compleja enfermedad.
“Pienso que cuando somos llamados a subir al estrado y recoger nuestro título, no lo hacemos solos. Nos acompañan de forma simbólica nuestros ancestros. Soy el primero de mi línea paterna en alcanzar un bachillerato, una licenciatura y una maestría, y no puedo evitar pensar en todos los esfuerzos, las vidas y las generaciones necesarias para que uno solo de nosotros lograra pasar los filtros del sistema”, expresó el Dr. Robleto.
“Por eso, ahora celebro mi perseverancia, esfuerzo y valentía, pero entiendo que cada paso que he dado se levanta sobre caminos negados a muchos otros. Todo mi proceso académico lo estudié con beca”, agregó.
Un camino negado que hoy él reivindica. Para el Dr. Robleto, “hay un acto profundamente revolucionario en hacer ciencia al ser persona racializada y proveniente de contextos vulnerables”. Una revolución que él mismo evidenció de manera ejemplar al efectuar uno de los principales descubrimientos científicos de Costa Rica este 2025.
Mediante técnicas que estudian el ADN, el Dr. Robleto constató, por primera vez en el país, la presencia de los parásitos Angiostrongylus vasorum y Paragonimus mexicanus en zorras grises, y el parásito Ancylostoma caninum en coyotes en Costa Rica; algo que antes las y los científicos solo especulaban. El Dr. Robleto, en cambio, lo comprobó.
Su inédito hallazgo, que es un gesto que enaltece el talento científico costarricense, hoy permite afinar con mayor precisión los diagnósticos parasitológicos en cánidos silvestres y domésticos en el país.
A. caninum, por ejemplo, causa una anemia severa, diarreas persistentes y daño intestinal significativo en los animales. También puede llegar a los humanos y originar un cuadro clínico menos severo al de los animales, pero igual de molesto. Mientras que A. vasorum y P. mexicanus causan síntomas respiratorios en los animales, principalmente.
La pasión científica del Dr. Robleto es clara y su excelencia también. Su promedio destacado de 9.6 y su graduación de honor así lo demuestra.
A este microbiólogo sobresaliente de 31 años no se le podía dejar ir fácilmente. De una manera amable, él compartió cómo las científicas y los científicos afrodescendientes reivindican su presencia en la academia, como un acto de resistencia y transformación, al demostrar que el conocimiento también es un terreno donde se cultiva la justicia social.
El inicio
—Dr. Robleto, muchas gracias por el tiempo. Antes de conocer tu carrera científica, me gustaría saber tu procedencia y tus estudios iniciales. ¿Tu preparación de escuela y colegio fue en el sistema de educación pública?
—Joy Robleto Quesada (JRQ): “Sí. Mi familia es de Guanacaste. Sin embargo, yo nací y crecí en Cartago. Fui a la Escuela Fray José Antonio de Liendo y Goicoechea. En cuanto al colegio, fui al Liceo Experimental Bilingüe José Figueres Ferrer.
Este último es un colegio público subvencionado en el cual hay que hacer un examen de admisión para entrar. En el tiempo en que estuve ahí tuve beca, porque había una cuota mensual que pagar. Sin esa posibilidad de la beca, yo no hubiera podido estudiar en ese colegio”.
—¿En qué momento durante tus estudios iniciales se despertó tu interés por la Microbiología? ¿Cuándo supiste que esa era tu pasión?
JRQ: “Me cuesta encontrar un momento exacto. Sin embargo, siempre me llamó la atención la Biología y todo lo afín con lo natural. Ya, cuando estaba en el colegio, mi abuela —que trabajaba en un sitio agrícola que vendía y exportaba flores— me motivó.
Ella llegó a ser la persona con más años de trabajar en ese sitio y, como el trabajo agrícola es muy pesado, la pasaron a un trabajo de laboratorio para aportar en el control biológico. Ahí ella cultivaba los hongos para tratar las plagas.
Entonces, mi abuela empieza a aprender sobre ese cultivo y me traslada ese conocimiento. Ahí me surgió la curiosidad. Al inicio pensé en la carrera de Biotecnología, pero después encontré algo similar que era Microbiología y que abarcaba más lo humano. Eso me llamó mucho la atención. Así, el cultivo de hongos y mi abuela trabajando en un laboratorio, fue lo que despertó mi interés por esta rama que al final fue la Microbiología”.
—¿Cuándo ingresaste a la carrera? ¿La UCR fue tu primera opción?
JRQ: “Yo ingresé en el 2013 y no, la UCR fue una decisión que surgió después. Como yo crecí en Cartago, lo que estaba más cerca era el Tecnológico de Costa Rica. Lo que visualizaba era la carrera de Biotecnología. Fue hasta que vine a la feria vocacional cuando conocí la Microbiología. Antes solo sabía que existía la Microbiología porque había escuchado de Clodomiro Picado y su historia, pero no identificaba la carrera como tal”.
—Ahora que estás graduado y que tenés una maestría, incluso, con graduación de honor, ¿consideras que tomaste la mejor decisión?
JRQ: “Totalmente. Aquí hay un encuentro íntimo con lo humano desde lo micro; es decir, desde la parte invisible del ser humano.
Está la Medicina que te atiende, pero nosotros hacemos algo que hasta es difícil de describir. Nosotros tomamos algo de una persona, de su cuerpo, y le damos respuestas a nivel micro para ayudar a mejorar su calidad de vida, algo que la gente no ve. Entonces, estoy muy satisfecho”.
Como docente, el Dr. Robleto ha empezado a reflexionar con sus estudiantes cuando hacen comentarios racistas para que sean conscientes.
Para él, esto es parte de ir luchando contra los prejuicios, los estigmas, los microracismos y el racismo normalizado que, a su criterio, es el más peligroso.
Foto: Anel Kenjekeeva.Un camino de transformación
—Dr. Robleto, generalmente, el camino hacia la pasión científica no es sencillo. ¿Cuáles desafíos tuviste que afrontar y cómo los lograste superar?
JRQ: “Fueron muchos desafíos. Yo vengo de una situación económica y social que no era fácil. Las personas piensan que Microbiología es una carrera muy demandante académicamente y sí, pero es muy diferente llevar la demanda académica cuando tus necesidades básicas están cubiertas, que cuando estás pensando cómo comer con 10 000 colones a la semana o cuando estás pensando que en tu casa no hay luz o agua.
Yo ya no vivía con mi familia, sino que vivía acá, en Montes de Oca, y era muy difícil saber que mi familia experimentaba alguna situación, de salud por ejemplo, sin tener acceso al sistema. También, que estuviéramos en camino a perder nuestra casa y no poder hacer nada.
Mi reto fue llevar la demanda académica y no dejar que la situación económica y social fuera tan abrumadora como para no seguir estudiando. Muchas veces tenía el deseo de huir y de ponerme a trabajar para generar ingresos”.
—Y, a pesar de todo eso, hoy estás aquí, con tres títulos (vos sos el primero de tu línea paterna en lograrlo), científico y aportándole a Costa Rica. ¿Cómo lograste tener el ímpetu para continuar a pesar de las dificultades?
JRQ: “Yo no veía otra opción. Yo me decía asimismo: ‘si quiero salir de esta situación, debo terminar esta carrera’. Había una promesa de que al terminar la carrera se generaría un cambio social y económico. Esto me ayudó a mantener el norte y la promesa se cumplió.
Realmente hubo un cambio. No soy la misma persona y también hubo una implicación familiar. Al haber una movilización social, no solo se mueve uno, sino que también se mueven las otras personas con uno”.
—En todo ese proceso, hubo algún momento como estudiante, y como persona afrodescendiente, que te marcara. Microbiología es una de las carreras científicas con el corte más alto de la UCR.
JRQ: “Sí. Como estudiante rescato mucho las experiencias de asistente de investigación. Yo hice asistencias en el Centro de Investigación y Trastornos Afines (Cihata-UCR), donde actualmente trabajo, y en el Instituto Clodomiro Picado. Estas dos experiencias me marcaron muchísimo. Primero, porque me hicieron ver que a mí me interesaba muchísimo la investigación y, segundo, porque logré ver cómo la ciencia impacta y beneficia la vida de las personas.
Como persona afrodescendiente también. En la universidad fue cuando empecé a reconocerme como una persona afrodescendiente. Tal vez podría ser gracioso al verme y usted piense cómo, ‘¿en su casa no había espejos?’. Sin embargo, la identidad afrodescendiente no es solo una, hay muchas formas de concebirse como una persona afrodescendiente, no solo apariencia física”.
—¿Y por qué ese reconocimiento sucede hasta la universidad?
JRQ: “Costa Rica es un país donde la historia parece ser una. Lo que se enseña en la escuela, en el colegio e, incluso, en la universidad, parece ser una única experiencia y, en esa historia que contaban, yo no me reconocía como una persona afrodescendiente.
Mi familia paterna es de Guanacaste y de ahí es mi herencia afro. Por lo tanto, aunque somos personas evidentemente afrodescendientes, yo no había escuchado la parte de la historia que me dijera que Guanacaste fue el primer lugar de Costa Rica donde habían llegado las personas afrodescendientes. Luego se dió la migración de personas jamaicanas hacia Limón, pero el primer lugar fue Guanacaste.
Así, no es que no pusiera atención en la escuela o en el colegio, porque me iba muy bien académicamente, sino que esa historia no se contaba. Sabía que hubo esclavización, pero es hasta que llego a la universidad cuando investigo más y conozco cómo llegaron las personas afrodescendientes a Guanacaste.
Cuando conozco esa parte de la historia, se genera un momento que me marcó muchísimo y empiezo a reconocerme. Claro que sé cómo es mi apariencia, mi rasgo, mi piel y mi cabello. Simplemente, no podía asumirme como una persona afrodescendiente porque no había nada en la historia que así lo expresara. Reconocer mis raíces en la universidad fue algo transformador”.
"Nadie va a decir en voz alta que no se quiere a una persona por el cabello o su color de piel, pero sí existen esos estereotipos, así como la creencia de que las personas afrodescendientes son vagas e incultas. Estos estereotipos hay que derribarlos. Ante tanto estigma, es casi una lucha por existir", reflexionó el Dr. Robleto.
Foto: Anel Kenjekeeva.El orgullo afrodescendiente
—Cuando te asumes de manera consciente como persona afrodescendiente, ¿cómo cambia el Joy de antes y al que vemos hoy?
JRQ: “Cambió mucho porque, por primera vez, pude nombrar experiencias, muchas de ellas eran racistas. Experimenté situaciones incómodas y no podía ponerle nombre hasta en ese momento. En la feria vocacional de este año un grupo de jóvenes del colegio, al verme, hicieron sonidos de mono.
Desde un lado más positivo, el reconocerme me permitió llevar con más orgullo ciertas cosas y dejar de pedir disculpas por ser. Me hacían preguntas como si yo era de Limón, y yo respondía con pena que no. Al saber mis orígenes, y al entender por qué, dejo de lado esa pena y entiendo todo el bagaje cultural que trae eso. Soy parte de una diáspora que le ha dado muchísimo al mundo.
En la UCR se despierta mi curiosidad de saber más sobre población afro, no solo en Costa Rica, sino en el mundo, y de entender de todo el bagaje musical, cultural y científico. El reconocimiento ayuda mucho a la autoestima, a posicionarse y afianzarse más en el mundo para decir con orgullo, ‘este soy yo, afrodescendiente’’.
—Y ese reconocimiento impulsa el orgullo de una comunidad.
JRQ: “Definitivamente. Hay impacto en nuestro círculo inmediato y esto lo veo en mi propia familia. Antes este tema no se hablaba. Por ejemplo, mi papá es una persona negra y, si usted pregunta por él al utilizar su nombre, nadie sabe quién es.
Sin embargo, si usted pregunta por el ‘negro que pinta carros’ cualquiera lo va a llevar a la puerta de la casa. Entonces, se sabe quiénes somos, pero no se habla mucho de este tema. En su juventud él usaba su cabello afro largo pero no quería fotos por pena y hoy no, hoy el cabello en mi caso es un signo de orgullo.
También reconocemos nuestros ancestros, cómo se veían, que tenían el cabello y voz como nosotros y que tocaban quijongos, por ejemplo. Por lo tanto, cuando uno se reconoce, se genera una onda expansiva de orgullo y empieza a cruzar todas las áreas de la vida, incluyendo el ámbito científico”.
—¿Cómo ese reconocimiento se traduce en el ámbito científico?
JRQ: “Porque empiezo a mirar condiciones que afectan más a la población afrodescendiente y empiezo a preguntar qué estamos haciendo, cómo estamos trabajando y qué tanto interés tiene la comunidad científica en esto y empiezo a ver vacíos.
Actualmente, una parte de mi tiempo está como investigador en el Centro de Investigación en Hematología y Trastornos Afines (Cihata) de la UCR. Aquí he tomado la línea de las hemoglobinopatías, que son condiciones de la hemoglobina como las talasemias o la drepanocitosis.
Si bien he estado en otras investigaciones, me he quedado mucho en esta parte porque me atrae bastante, es sumamente necesario y hay bastante que trabajar”.
"La drepanocitosis está en el 0.2 % de la población costarricense, en contraste con el 10 % de la población afrocostarricense. Es decir, la drepanocitosis es 50 veces más frecuente en la población afrodescendiente”.
Dr. Joy Robleto Quesada.
—Justo eso te quería preguntar, la razón por la cual decides inclinarte por este campo. Veo que en este 2025 en tu tesis de maestría compruebas, por primera vez en el país, la presencia del parásito A. caninum en coyotes de Costa Rica, algo que antes las y los científicos solo especulaban. ¿Por qué te inclinas hacia el estudio de la sangre?
JRQ: “Porque hay un rezago para la población afrodescendiente. El Cihata-UCR se formó para estudiar la sangre. Antes, incluso, se llamó ‘Centro de Investigación en Hemoglobinopatías’. Sin embargo, a veces quedan un poco en el olvido porque tienen una particularidad: son condiciones genéticas que afectan a poblaciones específicas y, con más frecuencia, a población afrodescendiente. No es exclusiva de esta población, pero sí hay mayor presencia. Por lo tanto, este tema toca fibras personales.
No solo tengo un interés científico y académico, sino también un interés personal al ser yo una persona afrodescendiente y trabajar en una condición que afecta, con mayor frecuencia, a la población afrodescendiente.
Muchas veces esta condición pasa desapercibida, no suele ser de conocimiento en el sector médico o las mismas personas podrían portarlas sin saberlo. Esto es algo que nos encontramos con frecuencia. Al entrar en el Cihata-UCR me doy cuenta que no había un proyecto enfocado en población afrodescendiente y decido generar uno”.
—¡Qué interesante, doctor! En una entrevista previa con el Dr. German Saénz Renauld, uno de los fundadores del Cihata-UCR, él me comentó que estas condiciones generan un gran dolor en las personas.
JRQ: “Sí. Si bien se han hecho avances —la prueba de drepanocitosis está en el tamizaje neonatal desde el 2005—, al ingresar a trabajar me di cuenta que todavía hace falta contribuir. Todavía nos seguimos encontrando gente que desconoce por completo que existen esas condiciones, tanto en el sector médico como en la población en general.
Las personas pueden encontrar un Servicio de Emergencia que desconoce la drepanocitosis o, si la conocen, creen que la persona es adicta a los opioides porque los dolores se tratan con morfina.
Por lo tanto, hay personas que lo portan sin saberlo y muchas veces tampoco reciben la atención médica que deberían porque hay desconocimiento de sus síntomas o no se conoce bien cómo diagnosticarla y con cuáles pruebas.
Hemos recibido gente que pensaban que debían ir a los Estados Unidos para el diagnóstico, cuando nosotros, en el Cihata-UCR, les brindamos la prueba. Incluso, tenemos proyectos de acción social para que las personas pueden acceder de manera gratuita a estos análisis”.
—¿De qué manera este diagnóstico puede cambiar sus vidas?
JRQ: “Si vamos a hablar de drepanocitosis, por ejemplo, hay personas portadoras y personas enfermas. Las personas portadoras muchas veces no saben que son portadoras porque no manifiestan síntomas. Esto hace que al momento de concebir hijos o hijas su descendencia sea de personas gravemente enfermas. Si la persona desconoce esto, no puede hacer una correcta planificación familiar.
La segunda es que sí pueden haber algunas consecuencias para las personas portadoras bajo circunstancias específicas. Por ejemplo, podrían tener síntomas al visitar sitios de mucha altura, al hacer buceo o al hacer situaciones que bajen el oxígeno.
A veces, estas personas vivieron toda su vida como personas sanas y, cuando se fueron a hacer un paseo a algún cerro, terminaron hospitalizadas por una trombosis o perdieron el bazo. Muchas personas con estas condiciones no conocen estos posibles riesgos, por eso es importante el análisis.
Si bien las personas tienen la libertad de trabajar el tema que les plazca, a nivel personal siento la responsabilidad y el deseo de trabajar en cosas que beneficien a mi comunidad”.
"La salud está hecha principalmente para el cuerpo hegemónico. Y eso es algo que en la carrera nunca me dijeron. Entonces, cuando salgo a trabajar y atiendo la salud de una persona afrodescendiente, los rangos de referencia establecidos no son tan útiles ni precisos, porque no fueron diseñados para esa población. Este es un vacío por subsanar", motivó el Dr. Robleto Quesada.
Una reivindicación
—Doctor, con todos los retos personales y académicos superados, ahora, ¿qué significa para usted ocupar un espacio científico en una universidad pública como persona afrodescendiente?
JRQ: “No puedo hablar por todas las personas afrodescendientes. No obstante, al tomar las palabras prestadas de la actriz de Viola Davis: ‘Necesitamos ver la representación física de nuestros sueños’.
Usted podría decirme: ‘Joy, nadie te impedía ser científico’. Sin embargo, es muy diferente cuando creces viendo referentes. Yo crecí viendo muy pocos referentes de científicos afrodescendientes. Por lo tanto, es muy difícil apropiarse de la idea de que uno también puede ocupar ese lugar.
En la escuela y el colegio los científicos que uno ve son blancos y, en muchos casos, de clase alta. Por supuesto, no encajaba nada con eso. Yo era un niño empobrecido afrodescendiente de un lugar rural de Costa Rica. Era muy difícil visualizarse en el campo científico.
Así, creo que al ocupar un lugar en la ciencia, de cierta forma, también estoy representando a mi comunidad. Quiero que se vuelva habitual que las personas afrodescendientes podamos hacer ciencia, podemos ir a la Universidad de Costa Rica y estudiar las carreras con el corte más alto. Soy una prueba física de que se puede, porque no es decir solo que se puede, es ver que se pueda”.
—Entonces, ¿consideras que tu presencia en la academia es un acto de resistencia frente a las desigualdades históricas que han enfrentado las poblaciones afrodescendientes?
JRQ: “Completamente. Sí existimos, claro, pero somos limitados. Si quisiéramos buscar datos, no hay datos para saber cuántos estudiantes o profesores afrodescendientes tiene la universidad. Los datos son importantes para garantizar la equidad.
En Costa Rica, cerca del 8 % de la población es afrodescendiente, con base al censo del 2011, porque en el siguiente censo no se hizo la pregunta de identificación étnica.
Si tuviéramos un país equitativo, tendríamos un 8 % dentro de la universidad; es decir, de 100 profesores, ocho deberían ser afrodescendientes. En la Facultad de Microbiología no conozco ocho, solo dos: uno más y yo. Esto dice mucho y que falta mayor equidad.
La mayor cantidad de población afrodescendiente, según el censo del 2011, está en San José, no en Limón. Entonces, ¿por qué eso no se ve reflejado en la educación universitaria? Hay muchas preguntas”.
—Cuando usted mira su recorrido, ¿diría que su presencia en la ciencia es también una forma de honrar a quienes no tuvieron esta oportunidad?
JRQ: “Sí. El estar aquí, en un espacio académico y científico como una persona afrodescendiente, es algo reivindicador. Yo no llego aquí solo, llego también por el logro colectivo.
Tenemos que entender que la esclavización y el racismo no son parte del pasado. Fueron 300 años de esclavización y 200 de racismo estructural. Estas secuelas no se van a ir así como así, habría que tomar acciones concretas para que eso empiece a cambiar.
Tengo muchos familiares que no han logrado acceder a la educación y pensar que es porque no se han esforzado lo suficiente, es tener una visión muy reducida del mundo".
—¿Por qué considera esto?
JRQ: “Porque si bien la educación en Costa Rica es pública, y el examen de admisión es igual para todas y todos, no es lo mismo venir de una escuela privada que de una escuela pública. Para nosotros, como comunidad afrodescendiente, es hacer un esfuerzo colectivo para que una persona venza las dificultades y logre ingresar.
Si uno pregunta, ¿qué personas afrodescendientes son destacadas? Muchos suelen contestar figuras de fútbol, de música, pero no en ciencias, medicina o ingeniería. Y aunque el arte y el deporte son importantes, ¿por qué no tenemos espacio en lo académico también? Nos suelen relegar al ámbito del ocio, pero no de la academia. Somos el atractivo, pero no los científicos, los ingenieros o escritores. Es necesario nivelar las balanzas. Abrirnos espacio no es un regalo, es justicia reparativa.
La carrera no es justa y no ha sido justa como por 500 años y, que en la UCR se vean pocos docentes afrodescendientes, es una prueba histórica. No es culpa de la universidad, sino del sistema, pero hay acciones que tomar.
Le agradezco a la UCR por permitirme llegar hasta acá, pero quisiera que esa oportunidad que tuve no sea un privilegio, sino una puerta para que otras personas de la comunidad puedan acceder y que se construya una nueva imagen”.
—¿Qué acciones concretas cree que la academia puede implementar para garantizar que más jóvenes afrodescendientes encuentren un lugar seguro y digno en las carreras científicas?
JRQ: “Reconocer que la meritocracia no existe. Aunque el examen de admisión es una forma justa, no es la única forma de evaluar el conocimiento y no contempla todas las aristas. Tenemos que reinventarnos y buscar nuevos métodos.
Hay personas con muchas habilidades que se pueden desempeñar bien en una carrera, pero que un examen que mide lógica matemática y español no se van a poder descubrir.
El otro es dar visibilidad a los aportes de personas afro en la academia, porque han habido pocas, pero han habido. Tercero, que no se use a la población afrodescendiente solo como objetos de estudio, sino que reciban los beneficios de esa ciencia y, por último, reconocer que el racismo es un problema actual y se requieren políticas y espacios específicos para la comunidad”.
—Finalmente, ¿qué mensaje le daría a una persona joven afrodescendiente que sueña con estudiar una carrera científica, pero teme no pertenecer a ese espacio?
JRQ: “Que este también es su lugar, aunque no haya visto otras referencias y se le vaya a cuestionar.
Vivirá dificultades y podría pensar que este no es su lugar, pero sí es su lugar. Que se atreva a soñar en grande y no deje que nada ni nadie se lo impida.
También que se libere de esa desconfianza que muchas veces tenemos, porque se nos ha hecho creer que no pertenecemos y si pertenecemos a cualquier espacio profesional: ingeniero, astronauta, médico, científico, deportista, bailarín, todo lo que sueñe y no lo que la sociedad le diga”.
