Más del 90 % de las especies de aves en la Isla del Coco llegan desde muy lejos
El pinzón de la Isla del Coco (Pinaroloxias inornata) es endémico de ese lugar y es una de las aves más carismáticas de la locación. La especie se reproduce todo el año en la totalidad de los ecosistemas. (Foto cortesía de Sergio Chacón Arias, investigador del Recinto de Paraíso).
Al pensar en la Isla del Coco se viene a la mente, de primera mano, su fauna marina (sobre todo sus famosos tiburones martillo) y el haber sido considerada por el famoso oceanógrafo y cineasta francés, Jacques Cousteau, como “la isla más hermosa del mundo” por su riqueza bajo el mar.
Sin embargo, poco se habla de las aves que la visitan o la habitan. Esto motivó a Sergio David Chacón Arias, docente e investigador del Recinto de Paraíso de la Sede del Atlántico de la Universidad de Costa Rica (UCR), y a Michel Montoya, experto en ciencias biológicas, a realizar un amplio estudio sobre la cantidad de aves que se han documentado en la Isla del Coco y en los montes marinos, así como su comportamiento, migración y conservación.
El análisis determinó que en la Isla existen 181 especies de aves, ya sean visitantes (más del 90 %) o residentes (el porcentaje restante). Esto significa que se hallaron 25 especies más de las contabilizadas hasta hace cuatro años, cuando se habían registrado 156. Esta fauna se divide en 37 familias, cuyas especies se clasifican según su hábitat: terrestres (42 %), costeras (29 %) y marinas-oceánicas (29 %).
Según explicó Chacón, esta fauna tiene orígenes diversos que confirman la relación biogeográfica de la Isla del Coco con las especies de otras latitudes y el rol de los montes marinos y aguas cercanos a la Isla como sitios de suma de especies de alto interés para la ciencia. Destacan 87 especies migratorias neárticas, 41 migratorias neárticas con alguna población reproductiva en el neotrópico, 20 del Pacífico este tropical y subtropical, 20 circuntropicales, 10 neotropicales, dos especies australes o antárticas y tres especies endémicas exclusivas de la Isla.
Llegar a este conteo y analizar el origen de las aves es parte de los resultados preliminares del proyecto de investigación PluMare UCR (Plumas Marinas), dirigido por Chacón. Este trabajo requirió cinco años de recopilación de publicaciones y registros previos, la actualización y el procesamiento de los datos, así como la producción del material.
Registrar y educar
Sergio Chacón Arias, investigador del Recinto de Paraíso: características del libro
Todo este esfuerzo culminó con la publicación del libro Guía de las aves de la Isla del Coco, en abril del 2025. Desgraciadamente, Montoya falleció en setiembre del 2024, aunque pudo ver la versión preliminar de su obra.
Este material incluye más de 500 fotografías (algunas de ellas antiguas) que fueron aportadas por más de 60 fotógrafos, así como nuevos mapas. En total, Chacón calcula que más de un centenar de personas brindaron algún tipo de contribución para culminar este texto académico y científico.
“Es una herramienta que viene a unificar todo el conocimiento de las aves, residentes y visitantes, que tenemos en la Isla del Coco y sus aguas. Esto se convierte en un material científico y también de uso aplicado en actividades de ecoturismo, disponible tanto en español como en inglés. La obra también incluye la descripción de sitios marinos y terrestres importantes, según el plan de manejo del área protegida”, reseñó Chacón.
Actualmente, el proyecto continúa con el monitoreo de las aves y con talleres que se ofrecen en comunidades del Pacífico y del Caribe, los cuales se extenderán hasta el próximo año. Además, PluMare UCR prepara una guía de aves marinas de Costa Rica que se espera que esté concluida, a más tardar, para inicios del 2027.
Con todo esto, Chacón espera promover la gestión y la recolecta de datos por parte de comunidades e instituciones, así como estimular la “ciencia ciudadana” que facilita la comprensión de la riqueza de aves marinas de nuestro país.
Sergio Chacón Arias, investigador del Recinto de Paraíso: la utilidad del libro
Riqueza con alas
En la Isla hay tres especies que únicamente se encuentran en ese trozo de tierra: el pinzón de la Isla del Coco (Pinaroloxias inornata) —el único pinzón de Darwin que no se encuentra en las Galápagos—, el mosquerito de la Isla del Coco (Nesotriccus ridgwayi) y el cuclillo de la Isla del Coco (Coccyzus ferrugineus).
Aunque aún queda por definir con exactitud los patrones y los comportamientos migratorios de las especies que usan a la Isla como estación de descanso o como destino final, Chacón aduce que esta ínsula podría ser una “estación” más de una ruta que se extiende hacia Sudamérica y que abarca, además de la Isla del Coco, el Peñón de Malpelo (en el Pacífico colombiano) y las islas Galápagos (Ecuador).
Para tener una idea de las distancias, entre la Isla del Coco, las islas Galápagos y el Peñón de Malpelo hay 500 y 600 kilómetros, respectivamente, así como 400 kilómetros entre Malpelo y la costa colombiana. Es decir, muchas de las aves terrestres que usan este corredor (además de las marinas) tienen la capacidad de volar esas distancias sin tocar tierra firme.
Incluso, ya se han detectado interacciones entre algunas de estas especies y otras que provienen de zonas remotas, como Hawái o Nueva Zelanda, y hacen uso de las aguas costarricenses y del Parque Nacional Isla del Coco.
“Muchos de los individuos de especies migratorias o accidentales que visitan la Isla posiblemente mueren allá. Puede ser también que la Isla sea un refugio para recargar energía, regresar a sus sitios de reproducción en el hemisferio norte o continuar su ciclo migratorio hacia Sudamérica. Pero esos son datos que esperamos tener a futuro”, explicó el experto.
Plumas bajo amenaza
Sergio Chacón Arias, investigador del Recinto de Paraíso: datos y amenazas a las poblaciones de aves
Chacón también aportó otros datos que son alarmantes: el grupo de las aves marinas es el más amenazado entre las aves del mundo. De hecho, más de la mitad de sus especies tienen una condición crítica para su conservación.
Esto se debe principalmente a dos factores humanos: el abuso de la pesca y la contaminación por plásticos en el océano, algo que ha quedado en evidencia en las aves de la Isla del Coco.
Debido a esta caída en las poblaciones de aves marinas, la conservación de la Isla y sus aguas son fundamentales para que estas especies puedan seguir subsistiendo.
Por esto, el investigador sugiere que se fortalezca la regulación y las actividades de manejo de la pesca en las zonas autorizadas en las afueras del Parque Nacional Isla del Coco y en los Montes Marinos de la Cordillera Coco en general.
Chacón también solicita que el tema de las aves incida en las decisiones ambientales del Pacífico del país y que se promueva el desarrollo de actividades de “economía azul”, como el turismo aviar marino, que permitan captar recursos para investigar y gestionar la conservación marina.










